Perspectivas para las lentejas

Como se puede apreciar en el Gráfico 1, dentro de este último período el récord se alcanzó en el año 2001, con 3,95 millones de hectáreas sembradas con la especie, observándose posteriormente una caída a 3,65 millones de hectáreas en el año siguiente y recuperándose a 3,77 millones de hectáreas en el año 2003. Se pueden barajar dos hipótesis respecto al comportamiento de estos últimos dos años. La primera sería que estos cambios corresponden a variaciones normales y habituales de la superficie de cultivo, atendiendo a razones de mercado y meteorológicas. La segunda hipótesis se plantea en el sentido de que las bajas más recientes corresponden, a lo menos en parte, a un cambio definitivo de la tendencia mencionada, comenzando, a partir de ahora, una etapa de estabilización en el área de cultivo de lentejas. Esto, sobre todo considerando que la producción ha estado aumentando a un ritmo más rápido que el de la superficie, por efecto de un mejoramiento que se viene observando en los rendimientos promedios, de forma tal que, aun cuando permanezca constante el área de cultivo en el futuro, es bastante probable que la oferta continuará expandiéndose. Si se analiza la evolución de las áreas de cultivo por zonas productoras se puede concluir que cada una de estas hipótesis es aplicable a zonas diferentes. Por ejemplo, la segunda hipótesis, es decir, la de la estabilización de las siembras, parece aplicarse con mayor propiedad a las grandes áreas de producción del Asia, toda vez que, desde fines de la década de los ochenta, la superficie cultivada con lentejas en este continente ha permanecido prácticamente estancada entre los 2,7 y los 2,8 millones de hectáreas. Este hecho ha determinado que la participación de Asia sobre el total sembrado haya disminuido desde cerca de un 85% en la década de los ochenta a entre 74% y 77% durante los últimos cinco años. Cabe destacar que los principales países sembradores de lentejas en Asia son India, con una participación actual de 36 a 39% sobre el total mundial; Turquía, con 12% a 14%; Irán, con 5,5% a 7,5%; Nepal, con 4,5% a 5%; Bangladesh, con 4 a 4,6%; Siria, con 3,5% a 4%; China, con 2,4% a 3%, y Pakistán, con 1,2% a 1,6%. Por el contrario, la primera hipótesis claramente parecería ajustarse más a la evolución del área cultivada en Norte y Centroamérica. En esta zona, el cultivo de lentejas ha aumentado casi constantemente desde menos de 150 mil hectáreas que se sembraban en la primera mitad de la década de los ochenta, a un promedio de casi 650 mil hectáreas que se han sembrado en los últimos cinco años, principalmente por la impresionante expansión experimentada por el rubro en Canadá, que actualmente es el principal productor del área y el segundo a nivel mundial. Aquí efectivamente se produjo una brusca contracción del rubro durante los últimos dos años, debido a una notable caída de siembras en Canadá, lo que ha sido atribuido en parte a efectos de fenómenos meteorológicos (sequía), así como también a las consecuencias de ataques de plagas que se han hecho incontrolables (Ascochyta, hongo causante de la "mancha de la lenteja") y que han afectado muy significativamente a los cultivos de esta leguminosa. Esto al margen de que ciertas bajas en los precios a productor también habrían contribuido a reducir las siembras. Consecuentemente estas disminuciones perfectamente pueden corresponder a variaciones habituales del nivel de actividad del rubro antes que a un cambio definitivo de la tendencia. De todos modos, cabe tener presente que el potencial de expansión del cultivo en Canadá no puede ser ilimitado, presumiéndose que su máximo podría ser cercano a 700 mil hectáreas, considerando que el récord de siembra en este país ha sido de 687.900 hectáreas, registrado en el año 2000. Esto hace presumir que en el futuro tampoco en Norte y Centroamérica deberían verificarse incrementos muy significativos de las áreas totales cultivadas con lentejas en la zona. Oceanía es otra región donde recientemente se han registrado importantes incrementos de áreas sembradas con lentejas, principalmente a partir de 1997, llegando a ocupar un promedio de 122.500 hectáreas durante los últimos cinco años. Prácticamente el 100% de dicha superficie se ubica en Australia, país que representa cerca del 4% del total mundial. En este caso, a diferencia de Canadá, se presume que la frontera productiva estaría lejos de alcanzarse todavía, por lo que Oceanía sería tal vez la única zona donde el cultivo de lentejas podría continuar expandiéndose en forma significativa. Por tal motivo, y considerando lo reciente del proceso de expansión de este cultivo en Australia, parece conveniente observar con atención el desarrollo futuro de este rubro en la zona, y comenzar a considerar a este país como un potencial actor relevante del mercado mundial de esta especie. En cuanto al resto de las áreas de cultivo, tanto en Africa como en Europa y en América del Sur se ha producido una contracción apreciable de siembras de lentejas, verificada especialmente desde comienzos de la década de los noventa y principalmente en las dos últimas zonas. Actualmente representan menos del 4%, del 1,5% y del 0,6%, respectivamente, del área sembrada en todo el mundo. En el caso de América del Sur, la caída de mayor magnitud ha sido la de Chile. También se observan fuertes contracciones en Argentina y Colombia, pero registrándose un leve repunte durante los cuatro últimos años en el primero de estos países. Ecuador y Perú, por su parte, han tendido a aumentar sus siembras de lentejas, pero de ningún modo han llegado a compensar las variaciones negativas registradas por el resto de los países del área. En materia productiva, donde las variaciones de rendimientos suelen determinar fluctuaciones algo diferentes a las de superficie, a menudo acentuando los rangos de variación, se advierte que la trayectoria de la producción mundial de lentejas durante estos últimos veinticinco años ha tenido el mismo sentido que la de áreas cultivadas, aunque en este caso la tendencia al incremento se aprecia ligeramente más acelerada, considerando que los rendimientos promedios han tendido a aumentar durante los últimos veinticinco años. El nivel de producción alcanzado en los últimos cinco años ha ascendido a un promedio de casi 3,1 millones de toneladas, habiéndose registrado una cifra de 3,2 millones de toneladas en el año 2003. Como se aprecia en el Gráfico 1, después del conseguido en el año 2000 (3,4 millones de toneladas), éste es el segundo nivel más alto registrado, por lo menos desde 1980, lo que podría estar indicando que actualmente hay un alto nivel de suministros al mercado en su conjunto. Sin embargo, como se podrá advertir más adelante, la evolución de precios internacionales de los principales países exportadores tiende a revelar más bien una situación relativamente equilibrada del mercado internacional, considerando que ellos han aumentado durante los últimos dos años. Como en el caso de otras leguminosas, el consumo de lentejas está concentrado en alrededor de 70% en el continente asiático, cuya producción normalmente representa algo más que dicho porcentaje, aunque, si bien tiene un superávit en su balance de comercio del orden de 200 mil toneladas, éste normalmente equivale a no más de 5% a 10% del volumen total de la producción de la zona. Consecuentemente, cerca del 90% a 95% de la producción asiática se consume localmente, lo que actualmente significa un volumen de 2 millones de toneladas, aproximadamente. Entre los pr incipales países importadores, dentro de Asia destacan Sri Lanka, Turquía, Pakistán, India, Bangladesh y Arabia Saudita, todos ellos con volúmenes de operaciones altamente variables. La mayoría de ellos también figura entre los mayores importadores mundiales de lentejas. Por su parte las exportaciones de Asia, cuyo volumen de transacciones representa entre un 13% y un 20% de la producción del continente, equivalen actualmente a menos del 30% del volumen total transado mundialmente. Los principales países exportadores de esta zona son Turquía, India, China y Nepal. Sin duda el principal destino de sus exportaciones son otros países del mismo continente. El norte de Africa también es una zona de alto consumo de lentejas, en especial Egipto y Argelia, a los que en menor escala se agregan Sudán y Marruecos, que también figuran entre los mayores importadores, en particular los dos primeros, según se aprecia en el Cuadro 1. Adicionalmente cabe hacer presente que este continente, en su conjunto, alcanza una producción promedio de 80 mil toneladas e importa más de 200 mil toneladas, exportando no más de 2.500 toneladas en promedio. Consecuentemente se encuentra en una condición netamente importadora en que más del 70% de su consumo es provisto por suministros de otras zonas productoras. Otra zona consumidora importante es Europa, a pesar de que, como Africa, cuenta con un volumen de producción interna relativamente bajo. En los últimos cinco años, el total de su producción ha ascendido a un promedio cercano a 38 mil toneladas, habiendo importado un promedio aproximado a 200 mil toneladas y exportado entre 20 mil y 30 mil toneladas, probablemente destinadas en gran parte a mercados del propio continente. Por consiguiente, Europa está en una situación similar a la de Africa, pues cerca del 90% de su demanda interna es cubierta por suministros foráneos. Entre los principales países europeos importadores de lentejas destacan España, Francia, Alemania e Italia. Una última área consumidora significativa de esta legumbre es América Latina, donde, aparte de México, destacan como importadores relevantes varios países de América del Sur como Colombia, Perú, Ecuador, Chile y Venezuela. La producción actual de esta última zona fluctúa en torno a 20 mil toneladas e importa un promedio aproximado a 160 mil toneladas, teniendo también cerca de un 90% de abastecimiento externo. Por el lado de las exportaciones, como se puede apreciar en el Gráfico 2, los principales proveedores del mercado mundial corresponden básicamente a países de América del Norte y Oceanía, representados por Canadá, Australia y Estados Unidos. En cuanto a India, que también figura como exportador significativo en este último período, cabe hacer presente que frecuentemente es también importador neto de lentejas, en cantidades relativamente apreciables, en función de los resultados de su cosecha. En todo caso, sus exportaciones se realizan básicamente a países de Asia, al igual que Turquía, que probablemente sea el proveedor habitual más importante de los países importadores de dicho continente. Por otro lado, de los antecedentes proporcionados, resalta claramente que Canadá es el dominador del mercado internacional, en el sentido de que, por su elevada participación, de casi la mitad del volumen de las transacciones promedios, es quien generalmente determina las condiciones básicas de este comercio, en particular en cuanto a los precios promedios del mercado. En la práctica, sus valores promedio de venta son la referencia esencial que tienen que tener en cuenta tanto el resto de los exportadores, para determinar a su vez sus precios de venta, como los importadores, para cotizar el producto que desean adquirir. Por este motivo, la información y proyecciones que emanan de Canadá suelen ser de gran utilidad al momento de proyectar las perspectivas del mercado internacional de esta legumbre y sus consecuencias sobre los mercados locales, especialmente en el caso de los países importadores. Al respecto, las estadísticas canadienses que se presentan en el Cuadro 2 sirven para ilustrar el comportamiento reciente de este país en la materia y, a través de ello, evaluar las perspectivas de comportamiento del mercado internacional. Los antecedentes aportados permiten concluir que, después de un período de rápido crecimiento de las áreas sembradas en la segunda mitad de la década anterior, entre 1999 y 2001 hubo una etapa de abundancia de suministros, en que se acumularon altos niveles de existencias, principalmente por efecto de las elevadas cosechas registradas en ese mismo período, las que no pudieron ser "consumidas" a través de un incremento significativo de las exportaciones. Esta situación redundó en una clara debilidad de las cotizaciones, que llegaron a sus niveles más bajos después de seis años de registrar valores relativamente estables que se situaron mayoritariamente entre los US$ 250 y los US$ 300 por tonelada, aproximadamente. Posteriormente, al margen de los efectos de condiciones meteorológicas adversas (sequía), que afectaron especialmente las siembras de 2002-03 y de ataques masivos de enfermedades que redujeron considerablemente los rendimientos (Ascochyta), la producción canadiense también parece haber entrado a un proceso de ajuste, a raíz del desequilibrio que se percibía en el mercado. De aquí que las siembras de 2002-03 se redujeron a unas 530 mil hectáreas y si bien las proyectadas para 2004-05 se prevé que aumentarán a 570 mil hectáreas, aún permanecen bastante por debajo de las casi 700 mil hectáreas que se llegaron a sembrar hace cuatro temporadas. Esta condición de mayor equilibrio, con una importante reducción de las existencias acumuladas, está generando nuevamente más estabilidad de los precios, los que se estima que próximamente fluctuarán entre US$ 263 y US$ 285 por tonelada. Consecuentemente, las perspectivas para los competidores, así como para los países importadores, son que las cotizaciones permanecerán bastante más altas que las registradas entre 2001 y 2002, aunque con cierta disminución respecto al mayor valor alcanzado durante el año pasado. Después de que Chile fue un importante productor y exportador de lentejas del continente sudamericano, con áreas de cultivo que generalmente fluctuaron entre 25 mil y 50 mil hectáreas y producciones que a menudo se aproximaban a las 25 mil toneladas, el cultivo de esta especie en el país actualmente se encuentra reducido a una superficie que fluctúa en torno a las mil hectáreas anuales, que se concentran principalmente en las regiones VII y VIII y algo menos en la IX, cuya producción, que no alcanza a superar las mil toneladas, no es suficiente más que para cubrir, a lo más, un 10% de los requerimientos del consumo nacional. En consecuencia, el mercado chileno actual de lentejas es altamente dependiente del abastecimiento externo, en particular de las provisiones procedentes de Canadá, que por este motivo son determinantes para las condiciones comerciales que enfrenta la producción local del rubro. En relación a este aspecto cabe hacer presente que las importaciones de lentejas de los últimos años, que han variado entre 13.660 y 16.900 toneladas anuales, por efecto de la condición debilitada de las cotizaciones canadienses ya comentada, tuvieron una fuerte caída de sus valores CIF de importación durante los años 2001 y 2002, situándose entre US$ 350 y US$ 370 por tonelada. A causa de ello, durante esos períodos los precios internos a productor estuvieron extremadamente bajos, registrándose valores incluso inferiores a $ 200 por kilo para los calibres más pequeños. Estos niveles de precios indudablemente resultaban poco lucrativos para los agricultores chilenos, lo que hizo reducir las áreas de cultivo a los niveles señalados, determinando también que la producción interna se destinase mayoritariamente a consumos localizados y nichos específicos para lentejas de mayor calibre y con características particulares (en Chile, a igualdad de precios, las preferencias de los consumidores suelen inclinarse más por lentejas de color café que por aquellas de color verde, como las canadienses). A partir del año pasado, sin embargo, debido al alza experimentada por los precios en Canadá, el valor promedio de importación aumentó casi 40% respecto al promedio de 2002, llegando a US$ 514 por tonelada. Este incremento y el alto valor que tuvo el dólar hasta septiembre de 2003 hizo que el precio de las lentejas en el mercado interno subiera ostensiblemente y, aun cuando el dólar bajó posteriormente, se llegaron a pagar entre $ 600 y $ 700 por kilo de lentejas de 7 mm y más, registrándose valores mínimos de más de $ 400 por kilo por los calibres inferiores y lotes de menor calidad. Con estos niveles de precios, se están dando las condiciones propicias para que la rent bilidad del rubro nuevamente sea atractiva para los productores, razón por la cual es previsible que a partir de la temporada 2004/05 habrá algún repunte en las áreas de cultivo de esta especie en el país. En el hecho existe la percepción de que varios agricultores de las zonas productoras estarían interesados en reanudar comercialmente este cultivo en sus predios. Las dificultades para una recuperación significativa de las siembras se encontrarían básicamente en una falta de disponibilidad de semilla que permita cubrir extensiones bastante mayores que las actuales. Es probable en consecuencia que, a pesar del interés mostrado por varios agricultores, en definitiva, no se llegue todavía a superficies de siembra muy significativas, que se acerquen a las que se sembraban en la década de los ochenta, probablemente circunscribiéndose todavía en gran medida a los cultivos de la agricultura familiar campesina que han sido tradicionales en los últimos años, aunque en mayores extensiones. En cualquier caso, las recomendaciones técnicas para conseguir los mejores resultados económicos apuntan a utilizar semillas de buena calidad, preferentemente certificadas o al menos de variedades mejoradas, que a través de la aplicación de la tecnología de cultivo más adecuada, sean menos susceptibles a los ataques de enfermedades tales como la roya y aseguren un mayor porcentaje de granos de tamaño grande. Entre las que recomienda INIA para estos efectos están Super Araucana INIA y RR-INIA, de las cuales esta última tiene alta resistencia genética a la mencionada roya, una enfermedad que ya está convertida en endémica en el secano costero, razón por la cual su difusión y uso permitiría la recuperación de las siembras de primavera en suelos de vega y la eliminación del uso de fungicidas para su control. En todo caso, teniendo en cuenta la recomendación anterior, se debe tener presente que una de las razones del bajo uso de semillas de buena calidad en este cultivo es el alto costo de ésta, que a menudo supera en 3 o más veces el valor del producto final. Sin embargo, las diferencias en términos de composición de la producción, con porcentajes mayores de producto de 7 milímetros y más y menos afectado por enfermedades, que reducen tanto los rendimientos como la calidad del producto, suelen compensar los mayores costos derivados del precio más alto de la semilla. Por otro lado, desde el punto de vista de la tecnología aplicada, también es altamente recomendable efectuar siembras en hileras, que permitan un eficiente control de malezas, ya sea por medio de cultivadores o mediante el uso de herbicidas de pre-emergencia para controlar malezas de hoja ancha y de pos-emergencia, para el control de malezas gramíneas. Mediante este sistema se consiguen beneficios que redundan en mayores rendimientos que compensan los eventuales mayores costos de las aplicaciones o de las labores de control. En definitiva, considerando las perspectivas más auspiciosas para el rubro y a través de la aplicación de la tecnología apropiada, se estima que se pueden obtener resultados económicos atractivos que pueden contribuir significativamente a una recuperación de este cultivo que tienda a disminuir la alta dependencia externa actual. Esto al margen de los beneficios adicionales que esta recuperación pudiera significar para muchos agricultores, en el sentido de contar con otro rubro importante para sus rotaciones, en particular en los secanos costeros e interior desde las regiones V hasta la IX, donde además se pueden ver beneficiados por los efectos de la fijación de nitrógeno que aportan los cultivos de leguminosas. Silvio Banfi Piazza

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Autor(es):
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Abril 2004
Resultados y perspectivas de la temporada agrícola para leguminosas de grano seco
Autor(es):
Banfi P., Silvio
Fecha de Publicación:
Junio 2004