El cultivo del lupino y su mercado

Desde fines de la década pasada, el área de siembra de lupino y su producción mundial han estado declinando constantemente, como consecuencia del comportamiento de ambos aspectos en Australia, país que tiene una participación superior al 75% en los respectivos totales mundiales. Los antecedentes de FAO que se muestran en la figura 1 dan cuenta de que en 2005 (último año del que hasta la fecha se dispone de información de esta fuente) se cultivaron alrededor de 1 millón de hectáreas de esta especie, presentando una disminución de 5% respecto a la temporada anterior. De ellas, 757 mil hectáreas se sembraron en Australia. En los últimos 10 años la disminución de área de cultivo de esta especie ha sido de prácticamente 30% (figura 1). En materia productiva, las variaciones han sido bastante más erráticas, reflejando la alta variabilidad de rendimientos que se registra en Australia, la que, a su vez, está muy ligada a los efectos de períodos de sequía que ocasionalmente han afectado a las zonas productoras de este país. Los rendimientos promedios en Australia durante la presente década han variado entre 7,1 y 13,9 quintales por hectárea. Esto y los cambios en la superficie cultivada, han generado niveles de producción fluctuantes entre 726 mil y 1 millón 215 mil toneladas. Según la FAO, en la última campaña cuyos datos han sido publicados (2005), la producción australiana de lupino fue de 952 mil toneladas, presentando un incremento de 1,6% respecto a la temporada anterior. En Chile, y en el resto de los países productores, se advierte cierto aumento de este cultivo en el último tiempo; sin embargo, ello no alcanza a cambiar la tendencia global a una disminución de las siembras, por la gran influencia australiana. Tanto en Australia como en Chile, y seguramente en la mayoría del resto de los países productores, la cosecha de este grano se emplea mayoritariamente en el mercado doméstico, particularmente en el caso del lupino dulce, que se utiliza principalmente en la elaboración de dietas para ganado o para peces en cautiverio. Para antecedentes más recientes que los proporcionados por FAO, se cuenta también con información sobre la producción australiana de lupino, que proviene de la Oficina de Información de Economía de Recursos y Agricultura¹ de ese país. En ella se indica que el área de cultivo de lupino en la campaña 2005/06 experimentó una nueva disminución, de casi 13%, situándose finalmente en 735.500 hectáreas. Los datos estadísticos de esta fuente también consignan la continua reducción de siembras en este país, apreciándose que el nivel señalado fue el registro más bajo desde hace ocho años, a lo menos. La producción, sin embargo, tuvo un aumento de 15% en esa campaña, como consecuencia de que el rendimiento promedio se incrementó desde 1,1 a 1,4 toneladas por hectárea. El volumen alcanzado en esa oportunidad fue de 1.078.900 toneladas, de las cuales se exportaron 434.700 toneladas, casi 4% más que en el año anterior. En materia de precios pagados al productor, el organismo australiano ha informado que éstos han variado positivamente en el último tiempo, moviéndose desde un promedio cercano a 145 dólares australianos por tonelada, registrado durante el primer semestre de 2006, hasta un nivel de 235 dólares australianos por tonelada en el trimestre enero-marzo de 2007. Esto parecería indicar que el mercado australiano estaría manifestando los efectos de cierta situación de escasez del producto, a pesar del aumento de la producción, lo que podría ser atribuible a un incremento de la demanda interna, por efecto de menores ofertas de otros granos forrajeros, o a las perspectivas de una fuerte caída de la producción en este año, originada en la situación de sequía que está afectando a las principales zonas agrícolas de Australia. En relación a este último aspecto, cabe mencionar que las perspectivas formuladas por el organismo australiano para la campaña 2006/07 muestran que las siembras habrían caído a unas 500 mil hectáreas, previéndose que la cosecha disminuirá a tan sólo 174 mil toneladas, debido a que, por efecto de la sequía comentada, el rendimiento promedio será del orden de 0,35 toneladas por hectárea, esto es, prácticamente la cuarta parte del promedio de la campaña anterior. Esta perspectiva hace presumir que para Chile, siendo el segundo productor mundial de lupino, podría presentarse incluso una posibilidad de exportación al mercado australiano, considerando las necesidades de su ganadería y la muy probable estrechez de suministros de este y otros granos, como consecuencia de las bajas de producción por efecto de la sequía mencionada. En todo caso, debe tenerse presente que la mayor parte del comercio internacional de este grano es de lupino amargo para consumo humano, mercado que suele saturarse con relativa facilidad, debido a que el nicho de demanda es más bien restringido (principalmente países ribereños del Mediterráneo con influencia árabe). De todos modos, la menor oferta que provendría de Australia favorecería una mejor perspectiva para las exportaciones chilenas de este producto. En consecuencia, si las caídas productivas que se esperan en Australia finalmente se verifican, principalmente en las zonas productoras del oeste, donde se concentran las siembras de lupino amargo, es probable que el mercado manifieste a corto plazo una condición de menor holgura, con precios superiores a los registrados en el último tiempo. Según el INE, el área de siembra de lupino en el país aumentó rápida y continuamente a lo largo de las cuatro campañas anteriores, hasta culminar con un récord de 28.490 hectáreas en la temporada 2005/06. Dicha evolución se asoció con el incentivo que representó para este cultivo una demanda creciente de este grano por parte de la industria de alimentos para salmones. Ésta, ante la escasez y alto valor que habían adquirido otros ingredientes tradicionales de las dietas para peces, como la harina y el aceite de pescado, buscó alternativas de origen agrícola que satisficiesen en forma económica y adecuada los requerimientos nutricionales de los peces. Tras este propósito se interesó en el lupino, basándose en experiencias de reemplazo exitosas de los ingredientes mencionados por este grano. A partir de ello, las fábricas de alimentos para peces comenzaron a interesar a los agricultores nacionales para que cultivaran lupino, básicamente a través de asegurarles un poder de compra significativo y estable, llegándose a proyectar que dicha industria estaría en condiciones de demandar la producción de hasta 60 mil hectáreas de lupino. Este hecho y la limitación de alternativas productivas económicamente atractivas disponibles para la Región de la Araucanía, que es la principal zona de producción de este cultivo, fueron determinantes en el comportamiento del área sembrada de lupino en las cuatro temporadas anteriores. Sin embargo, tal como se aprecia en la figura 2, en la temporada más reciente se ha registrado una brusca contracción de este cultivo, observándose una caída de 21% de su área de siembra, la que en esta ocasión fue de sólo 21.500 hectáreas, según el INE. Agentes comerciales de la Región de la Araucanía han explicado que este comportamiento es atribuible básicamente a la decepción experimentada por los agricultores en relación a los precios que se han ofrecido por el producto: éstos se han mantenido prácticamente casi sin variaciones en torno a $ 100 por kilo de lupino dulce y los contratos ofrecidos tampoco han sido suficientemente atractivos para los productores. Debido a ello, en definitiva, hay un número importante de agricultores que, mientras no aprecien una mejoría en el nivel de precios ofrecido por la industria, han decidido abandonar el cultivo o, al menos, reducir su nivel de siembras, aun considerando los beneficios económicos que aporta a la rotación el cultivo de esta leguminosa. Adicionalmente, y por efecto de una disminución del precio de exportación de lupino amargo, los valores pagados por este tipo de producto, que anteriormente habían llegado hasta $ 120 por kilo, bajaron durante la última temporada, situándose en torno a $ 90 por kilo, cifra inferior al precio del lupino dulce. Así, en la práctica, este tipo de lupino, del cual se siembran entre 5.000 y 7.000 hectáreas anuales, también se ha visto afectado por un mercado debilitado en el último tiempo, lo que ha repercutido en una disminución de sus siembras. En relación al comportamiento de las exportaciones, en la tabla 1 se puede apreciar que, luego de alcanzar un récord de transacciones en 2005, año en que, como en el anterior, se consiguió un nivel de precios bastante elevado, que bordeó los US$ 500 por tonelada, en el año 2006 se produjo una importante disminución de estas operaciones, coincidiendo esta evolución con una reducción de casi 25% en el precio promedio. Sin duda dicho comportamiento repercutió en el mercado doméstico y fue causante de que el precio del lupino amargo a nivel local bajara hasta el valor señalado. En el primer trimestre del año en curso, se ha notado cierta tendencia a la recuperación de este comercio, toda vez que se advierte un incremento de 72,2% del volumen y 29,6% del valor respecto a lo de igual período del año anterior. Si bien estas variaciones implican que el precio promedio bajó casi 25% entre ambos períodos, cabe resaltar que el promedio del primer trimestre de 2007, que es de US$ 404 por tonelada, está superando en 8,2% al promedio de todo el año anterior. Esta evolución se explica porque la caída de precios de exportación del lupino en 2006 se produjo fundamentalmente durante el segundo semestre, verificándose una recuperación apreciable a partir de fines del año pasado, lo que favoreció un mejor desempeño de este comercio. Una explicación bastante razonable de este hecho parece estar en la escasez de abastecimiento de producto australiano que se estaría apreciando en el mercado internacional, condición que, como se señaló anteriormente, daría un ambiente propicio a las exportaciones chilenas de este producto. Basándose en esta evolución reciente de las exportaciones de lupino amargo, se puede prever cierta recuperación de las siembras de este tipo de lupino en la temporada 2007/08. Respecto al lupino dulce, se ha anticipado que la disponibilidad a partir de la presente temporada de una nueva variedad que satisface mejor los requerimientos nutritivos exigidos por la industria de alimentos para peces, por cuya producción se pagaría un precio mayor, podría ser un factor adicional de recuperación de las siembras de este lupino. No obstante, también se ha señalado que la competencia con otros cultivos que se siembran principalmente en la Región de la Araucanía y que están teniendo alta rentabilidad, como el trigo y la avena, sería un factor que podría limitar dicha recuperación. Esto hace pensar que, si la industria de alimentos para salmones desea abastecerse adecuadamente de este insumo, es probable que deba aumentar realmente el precio ofrecido. ¹ Australian Bureau of Agricultural and Resource Economics, ABARE. Silvio Banfi Piazza

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