El cultivo del lupino y su mercado

Chile, por su parte, aun teniendo una participación inferior al 4% sobre el total cosechado, según la misma fuente aparece en el segundo lugar de producción de este grano, destacándose especialmente por sus altos niveles de productividad, que actualmente se están situando en torno a los 27 quintales por hectárea. La evolución productiva que se muestra en el gráfico N° 1 permite apreciar que, debido principalmente a una sequía que afectó hace algunos años a las principales zonas productoras de Australia, la cosecha de lupino en este país mostró una fuerte contracción, reduciéndose a casi dos tercios de sus niveles habituales anteriores, aun cuando sigue manteniendo su amplio dominio sobre el resto de los productores. Esta situación se ha reflejado claramente sobre el comportamiento de la producción total de lupino. Desafortunadamente, la información disponible respecto a comercio internacional de este grano no parece de alta confiabilidad, pues existen enormes diferencias entre las cifras relativas a los volúmenes totales anuales que se exportan en comparación con los que se importan, de forma tal que las conclusiones que se puedan obtener sobre este aspecto podrían resultar poco consistentes. De todos modos, se estima que la estrechez de oferta que se habría generado en estos últimos años, debido a la caída de la producción australiana, fue el principal factor que favoreció el importante repunte de los precios de exportación apreciado en el caso del producto chileno, según se indica más adelante. En el hecho, a pesar de la inconsistencia señalada entre las cifras de exportación e importación, cabe señalar que, según los antecedentes de FAO, en los dos casos se aprecia un importante incremento de los precios promedios mundiales durante estos últimos años: en las exportaciones aumentaron desde US$ 118 por tonelada en el año 2000 a US$ 197 por tonelada en 2003, en tanto que en las importaciones esta variación fue desde US$ 137 por tonelada en 1999 a US$ 190 en 2003. En ambos casos el máximo nivel se registra en este último año. Considerando que la producción australiana de lupino aún no se ha recuperado completamente, se presume que la firmeza del mercado internacional del lupino podría continuar en similares condiciones a lo menos hasta la próxima campaña. Debe tenerse presente que la mayor parte del comercio internacional de este grano es de lupino amargo para consumo humano, mercado que suele saturarse con relativa facilidad, debido a que el nicho de demanda es más bien restringido (principalmente países ribereños del Mediterráneo con influencia árabe). En consecuencia, si los repuntes productivos que se esperan en Australia se verifican, principalmente en las zonas productoras del oeste, donde se concentran las siembras de lupino amargo, es probable que el mercado manifieste a corto plazo una condición de mayor holgura, con precios algo inferiores a los registrados en estos últimos años. En el país, conforme a las cifras de siembra definitivas entregadas por el INE, el área cultivada con lupino durante la temporada 2004/05 llegó a 25.300 hectáreas, superando en 32,1% al área cultivada con esta especie en la temporada anterior. Se concreta así el tercer incremento consecutivo de las siembras de esta especie, ratificando el claro proceso de desarrollo que viene experimentando en el último tiempo y estableciendo, de paso, un nuevo récord para este cultivo. Es conveniente también tener presente que las proyecciones que se han formulado para este rubro indican que su cultivo continuará expandiéndose en los próximos años, especialmente en la medida que se mantenga una importante demanda por lupino dulce de parte de la industria de alimentos para salmones. De esta forma, es previsible que en el futuro cercano se seguirán batiendo las marcas de superficie sembrada. En relación a la distribución de estas siembras por tipo de producto obtenido (dulce o amargo), cabe hacer presente que habitualmente se cultivan entre 6 mil y 8 mil hectáreas de lupino amargo, área que se concentra básicamente en sectores de pequeños agricultores predominantes en los secanos interior y costero de la IX Región. Este producto se destina esencialmente a la exportación como grano de diferentes calibres, el que, luego de un proceso de "desamargado", que se realiza generalmente en los países de destino, se utiliza en consumo humano, teniendo una alta demanda entre poblaciones de origen árabe circundantes del mar Mediterráneo, habitantes en países tales como Grecia, Italia, España, Portugal y Egipto. Probablemente debido a las variaciones de la oferta, particularmente de la competencia proveniente de Australia, el comportamiento de estas transacciones muestra bastante irregularidad a través del tiempo, lo que puede apreciarse claramente al observar los antecedentes que se muestran en el Cuadro N° 1. Allí se advierte que los volúmenes, los precios medios y los montos totales exportados de lupino chileno han exhibido abruptas fluctuaciones en estos últimos años. Se aprecia además que, luego de la fuerte contracción experimentada en 2001 y particularmente en 2002, provocada principalmente por excedentes en la oferta internacional del producto, que hizo caer sus precios a niveles muy deprimidos, se ha estado produciendo un significativo repunte de estas operaciones, en particular en materia de precios medios conseguidos. Es así como en el año 2004 se ha llegado a exportar más de 10 mil toneladas de lupino, un volumen similar al de antes de la contracción. No obstante, lo que es más significativo de esta evolución es que el valor total exportado ha superado por bastante a cualquier otro valor que se haya conseguido durante el actual decenio, llegando a sobrepasar por primera vez los US$ 5 millones. Esto ha sido el resultado del precio promedio de m ás de US$ 500 por tonelada que se alcanzó en el año pasado, cifra que, superando en casi 30% a la ya recuperada del año anterior, triplicó el nivel más deprimido del año 2002. Al margen de las condiciones propicias del mercado internacional, que han permitido sostener tales valores y que prácticamente se mantienen inalteradas durante el primer trimestre del año 2005, observándose sólo una leve disminución del precio medio respecto al promedio del año pasado, también es destacable que, con el apoyo del Fondo de Promoción de Exportaciones Agropecuarias del Ministerio de Agricultura, se han llevado a cabo importantes misiones comerciales a los mercados de destino, con el propósito de lograr un proceso inicial de apertura, el que, posteriormente, se ha conseguido consolidar en compromisos de abastecimiento de más largo plazo. Adicionalmente se debe resaltar que en el país se han hecho inversiones necesarias para establecer plantas seleccionadoras que hagan posible una adecuada presentación y selección del producto que se exporta, de forma de mejorar la confianza de los compradores en el producto chileno. Por estos motivos, principalmente en España, Italia, Portugal y Egipto, hoy existen ciertos niveles de compromiso y de confianza entre exportadores chilenos e importadores de esos países, que hacen que sus mercados sean relativamente más estables, al menos en cuanto a volúmenes, situación que estaría tendiendo a evitar que se produzcan las grandes fluctuaciones de volúmenes exportados que se registraban anteriormente. De aquí que se tenga un alto grado de confianza en que los volúmenes exportados de los próximos años se mantendrán en niveles similares o superiores a los del último año. De todas maneras, a pesar del buen pronóstico anterior, siempre es conveniente advertir respecto a la vulnerabilidad de este mercado frente a posibles incrementos de la oferta, particularmente si se comienza a apreciar una importante recuperación de la producción australiana de lupino amargo o se advierte excesivo entusiasmo en Chile frente a las condiciones auspiciosas del mercado. El tamaño del mercado es bastante reducido y altamente sensible frente a variaciones de la oferta, de modo que incrementos sustanciales de la producción total puede redundar rápidamente en una condición de sobreoferta, que haría descender los precios a niveles deprimidos como los registrados en 2001 y 2002. De aquí que, a pesar de los buenos resultados conseguidos, parecería altamente recomendable que en Chile las siembras de este tipo de lupinos no excedan de 8.000 hectáreas, de forma de seguir manteniendo un relativo equilibrio en este mercado. En cuanto a las siembras de lupino dulce, que habían sido bastante fluctuantes y que corresponden a la diferencia entre el total sembrado y lo sembrado con lupino amargo, cabe hacer presente que es un cultivo realizado principalmente por agricultores comerciales de la IX Región, aunque últimamente este cultivo también se ha extendido hasta la X Región, donde también se está constituyendo en una alternativa productiva para la zona. El destino básico de esta producción es el consumo animal y se comercializa primordialmente dentro del mercado interno. Es así como el incremento de las siembras totales de estos dos últimos años ha estado vinculado más que nada a una expansión de este cultivo de lupino dulce, que actualmente está contando con una importante y creciente demanda de parte de la industria de alimentos para salmones. La principal causa de esta mayor demanda por lupino dulce es la escasez que se está observando en el abastecimiento de harina y de aceite de pescado, así como también de subproductos de la soya (harina y afrecho), lo que está repercutiendo directamente en la evolución de los precios de los sustitutos de estos productos, entre ellos los del propio lupino dulce. Esta situación ha fomentado que desde hace un par de temporadas se hayan comenzado a ofrecer profusamente contratos de siembra de lupino dulce, en condiciones habitualmente convenientes para los agricultores. Lo anterior ha constituido un poderoso incentivo para que el cultivo del lupino haya llegado al récord de 25.300 hectáreas totales que se sembraron en la última temporada, de las cuales unas 18.000 hectáreas correspondieron a lupino dulce. Además se pronostica que en la temporada 2005/06 continuará el incremento de estas siembras, estimándose que en esta ocasión podrían aumentar 10%, cubriendo parte de lo que dejaría de sembrarse con trigo. Por otro lado, cabe resaltar que, en la medida que el cultivo del lupino sea efectivamente una real alternativa productiva para la agricultura de la zona sur del país, no sólo beneficiará a sus agricultores, por el aporte directo que hará a sus ingresos, sino también se constituirá en una excelente alternativa para incorporarla a las rotaciones de cultivos de la zona. Esto último es especialmente efectivo si se consideran los efectos benéficos que esta leguminosa genera en la conservación de los recursos edáficos, debido a su capacidad de incorporar nitrógeno al suelo. Éste es un aspecto que los agricultores también deberán tener en consideración al momento de llevar a cabo sus decisiones de siembra. Silvio Banfi Piazza

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