Aceite de oliva

El cultivo del olivo data en Chile desde hace muchos años, persistiendo aún huertos con más de 100 años de antigüedad. Fue una actividad ligada a ciertas condiciones climáticas en extremo limitantes o al origen cultural de los agricultores; sin embargo, hace cinco o seis años el tema fue retomado y la alternativa de considerar al olivo como una especie comercial interesante lo ubicó como un rubro emergente. La fuerte expansión registrada en la actividad olivícola en el país durante los últimos años propende a posicionar al país como un productor y exportador de aceitunas y de aceite de oliva de calidad a los mercados internacionales. En el sentido de lograr esta meta se han realizado numerosas actividades asociadas al olivo, en las cuales han participado tanto agentes privados como públicos. Entre ellas pueden citarse los proyectos de investigación en variedades y en técnicas productivas; estudios de mercado y de procesamiento industrial de aceitunas y aceite de oliva; las giras tecnológicas a diversos países productores; la contratación de expertos internacionales que han realizado visitas al país; las charlas técnicas a los agentes del mercado oleícola nacional y la realización del Seminario Internacional Olivícola en 1997. Un somero resumen de los gastos involucrados, tanto en los proyectos de investigación como en las giras tecnológicas, los estudios de mercado y la contratación de expertos en el tema, entrega una aproximación de 3 millones de dólares, otorgados, junto al sector privado, por los distintos instrumentos públicos de fomento productivo. Recientemente se realizaron en la ciudad de Vallenar las V Jornadas Olivícolas, organizadas por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, a las cuales asistieron cerca de 200 personas, entre ellos, investigadores, tanto nacionales como extranjeros; productores, comercializadores y exportadores de aceitunas y aceite de oliva nacionales, y autoridades provinciales. Es en este contexto y en unión al interés sobre el tema manifestado durante las Jornadas, que en esta oportunidad se analizarán algunos indicadores del mercado internacional del aceite de oliva. La producción mundial de aceites vegetales comestibles, en promedio durante el período 1994-2002, alcanzaría a 79,4 millones de toneladas. Los aceites de soya y de palma son los más importantes y representan cerca del 54% de la producción mundial. No obstante que el aceite de oliva sólo participa con el 2,9%, es uno de los aceites que tiene una tasa de incremento anual superior al 5%. Mientras que la producción de los aceites de coco y maravilla decrece y la de raps, algodón y maní crece a una tasa inferior, el aceite de oliva aumentó su producción de 1,77 millones de toneladas en 1994/1995 a una estimación en el mes de octubre para la temporada 2001/2202 de 2,51 millones de toneladas. La superficie mundial con olivos alcanzaba a 7,8 millones de hectáreas en el año 2000, con una producción de 13,6 millones de toneladas. Cerca de 30 países producen aceite de oliva y alrededor de 60% de la producción mundial se obtiene en la Unión Europea (se estima que en ella existen 2,8 millones de productores y 10.800 almazaras o molinos). Los principales productores, en orden decreciente, son: España, Italia, Grecia, Túnez y Turquía, que en conjunto representan el 86% de la producción mundial de este aceite.El comercio mundial de aceites en general se sitúa en torno a los 30 millones de toneladas y es liderado por las exportaciones e importaciones de aceites de palma, soya y maravilla. Dentro de esa cifra, las exportaciones promedio de aceite de oliva llegan a cerca de un millón de toneladas, y han sido relativamente constantes en las últimas ocho temporadas (1994-2002). El 93% de las exportaciones mundiales son realizadas por los mismos países que se citaron como productores, aunque en otro orden: Italia (247.000 ton), Grecia (245.000 ton), España (235.000 ton), Túnez (168.000 ton) y Turquía (103.000 ton). Otro grupo importante de países, con exportaciones entre 1.000 y 20.000 toneladas, está conformado por Portugal, Marruecos, Estados Unidos, Argentina y la República Árabe Siria, entre los más destacados.Las importaciones mundiales de aceite de oliva alcanzan en promedio 940.000 toneladas, con una tasa de incremento anual de 3,95%, pasando de 770.000 (1994/1995) a 1.010.000 toneladas (2001/2002). Destacan como importadores: Italia, Estados Unidos, España, Francia y Portugal, que en conjunto demandan el 75% del comercio mundial.Respecto del consumo mundial, en las ocho últimas temporadas (octubre-septiembre) ha promediado 2,3 millones de toneladas, cifra que representa cerca del 3% del consumo mundial de aceites vegetales. No obstante que la tasa de crecimiento anual del consumo alcanza a 4,4%, y es sólo inferior en un punto a la del aceite de soya (5,3%), no es menos cierto que se presentan importantes variaciones anuales. A diferencia del consumo del aceite de soya, que representa el 30% del mundial y que aumenta anualmente, el consumo del aceite de oliva presenta fluctuaciones, entre variaciones anuales positivas de 400.000 mil toneladas hasta disminuciones de 140.000 toneladas, pasando por períodos sin cambios. Para la temporada 2001/2002 se estima que se consumirían 2,54 millones de toneladas de aceite de oliva, 40.000 toneladas menos que en la temporada 2000/2001.Estados Unidos figura como el segundo importador mundial de aceite de oliva, con alrededor de 167.000 toneladas (1999). Su consumo interno es abastecido en un 1% con la producción doméstica y la tasa de crecimiento es de un 20%. Sin embargo, el consumo per cápita ha crecido más en otros países como Australia, Japón y Canadá, alcanzando entre 0,5 y 1 kg/hab/año. Como es bien sabido, las características organolépticas del aceite de oliva, con un color y sabor especiales, determinan su aceptación por un estrato bien definido de consumidores, los cuales privilegian sus condiciones benéficas en la salud humana. En este sentido, el incremento en el consumo per cápita del aceite de oliva está más bien ligado al ingreso de las personas y a las campañas de promoción realizadas en los países, asociadas a una excelente calidad y composición de ácidos grasos.Respecto del stock mundial, éste alcanzaría en promedio (1994-2002) a cerca de 800.000 toneladas, lo que representa 11% del stock mundial de los aceites vegetales comestibles. Junto con los aceites de soya y de palma, constituyen las reservas mundiales de aceites más importantes. Es por ello que, aun cuando se trata de aceites de distinta cualidad industrial y de consumo, cualquier comportamiento de los precios en esos productos (que tenderían a recuperar lentamente los niveles de precios de hace dos años) de alguna u otra forma influyen en la evolución de los precios del aceite de oliva. Por otra parte, la relación stock/consumo, que es un indicador de la evolución de los precios de un producto, se ha mantenido en torno al 35%, con una marcada disminución en las últimas tres temporadas. Esto indicaría que los precios del aceite de oliva para la temporada 2001/2002 tenderían a subir. No obstante, al relacionar los precios efectivos de exportación chilenos con la proporción stock/consumo mundial, se observa que sólo se corresponden parcialmente. Es decir, cuando la relación stock/consumo es menor a nivel mundial, y los precios debieran ser más altos, se comprueba que los precios efectivos FOB han disminuido. Nuestra balanza comercial de aceite de oliva es muy negativa. La situación en los últimos seis años ha sido la siguiente:En el período 1995-2000, las importaciones promedio han sido de 1.000 toneladas, mientras que las exportaciones, aunque tuvieron un incremento, sólo alcanzaron a 4 toneladas en 2000, y al mes de agosto de 2001 se han exportado 1,03 toneladas. En consecuencia, la balanza comercial del rubro, medida en dólares nominales, indica un saldo negativo de cerca de 3,5 millones de dólares. El precio FOB promedio de las exportaciones alcanzó en el período enero a agosto US$ 5.604/ton y fue un 5% inferior al de igual período de 2000 (cerca de 300 dólares menos por tonelada). Cabe hacer notar que este precio se debe en general al pequeño tamaño de los volúmenes exportados, y no parece posible mantenerlo en un contexto de aumento de las exportaciones chilenas. A modo de comparación, puede señalarse que el precio medio de las importaciones de aceite de oliva realizadas por Chile en el mismo período llega a US$ 2.392/ton. En la actualidad, la superficie de olivos en Chile se estima en alrededor de 6.000 hectáreas (un 98% superior a la que existía en 1992, según el Catastro CIREN-CORFO 1991/92), de las cuales entre 20% y 25% corresponden a variedades aceiteras, con una producción estimada en algo más de 1.000 toneladas. Las nuevas plantaciones se han enfocado principalmente a estas variedades, en áreas con condiciones agrometeorológicas propicias y con alta tecnología. Algunos sectores ya están en producción, la que se destinaría al mercado externo, aunque es probable que una parte importante de ella al final se destine al consumo interno, donde existe un amplio margen de posible reemplazo de importaciones.Los indicadores de comercio internacional, en unión a las políticas de desarrollo del sector olivícola que han adoptado o mantenido varios países, darían el marco general en el cual nuestras exportaciones de aceites de oliva deberán competir.A modo de ejemplo, la Unión Europea aprobó en abril de 2001 el Programa de Mejora de la Calidad de la Producción de Aceite de Oliva para la campaña 2001/2002, que en términos generales especifica las acciones y las normas que deberán cumplirse para mejorar la calidad de la producción oleícola y sus efectos en el medio ambiente (condiciones de cultivo, proceso industrial, laboratorios de análisi s, investigación relacionada y control biológico integrado de plagas). Una vez definidos los límites de financiamiento para estas medidas, el 78% de la producción mundial de aceite de oliva, correspondiente a 1,95 millones de toneladas (España, Grecia, Italia, Portugal y Francia) contaría con un financiamiento aproximado de 30 millones de dólares para cumplir con ellas. Parece de la más alta conveniencia que, antes de iniciar una nueva plantación de olivos, se haga un muy buen análisis económico y de mercado de la actividad, dado que se trata de una inversión relativamente alta que afecta durante un largo plazo, en este caso a lo menos unos 15 años.

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