Papas

Temporada 2002/2003 Los altos precios de la papa en el año 2002 presagiaban un aumento de la superficie sembrada para la temporada siguiente. Sin embargo, dificultades meteorológicas y una escasez de papa de semilla provocaron una disminución del área de siembra.Ante la expectativa de los agricultores y comercializadores de que en el año 2003 los precios fueran similares a los del año anterior, gran parte de la cosecha del sur fue almacenada. Esto permitió que el producto llegara en forma regular al mercado y no se produjeran alzas fuertes en los precios, los cuales se mantuvieron muy cercanos al promedio de los últimos años, como se observa en la Figura 1.A la vez, los productores de papa temprana, en el norte del país, ante expectativas de altos precios, aumentaron sus siembras, lo que permitió un buen abastecimiento del mercado cuando se comenzó a hacer escasa la papa de guarda. Si bien los precios han experimentado un alza, se han mantenido dentro de rangos normales e incluso levemente inferiores al promedio de esta época del año, como se puede observar en la Figura 1. El valor de las exportaciones de productos derivados de papa creció en forma importante entre enero y agosto del año 2003 (Cuadro 2). Este crecimiento está dado, principalmente, por las mayores ventas de puré y de papas preparadas sin congelar (snacks).Como se ve en la Figura 2, hasta el año 2001 las exportaciones de papa consumo habían experimentado un importante crecimiento, llegando en ese año a 5.198 toneladas, con un valor FOB de 800 mil dólares. Este proceso requirió inversiones y mejoras en la poscosecha que realizaban los productores. El Estado cofinanció, a través de ProChile, la realización de actividades de promoción en mercados extranjeros. Sin embargo, en 2002 y 2003 ha habido un descenso de las exportaciones de papa fresca para consumo, producto del desinterés de los agricultores por el mercado externo, a causa de los altos precios en el mercado interno. Esta decisión responde exclusivamente a una condición coyuntural, que se produce en el mercado interno cada cierto tiempo; pero con ella se deja de lado una visión estratégica para el rubro, cual es lograr efectivamente convertir al sector en un oferente importante a nivel latinoamericano.El crecimiento que se había logrado en el mercado latinoamericano, especialmente en Brasil y Argentina, deja, después de estos dos años, una meta difícil de alcanzar en el corto plazo.Por su parte, las importaciones mostraron un leve crecimiento entre enero y agosto de 2003.Las mayores importaciones de papa fresca para consumo son un ítem que preocupa a los productores nacionales. Las 2.358 toneladas importadas durante este período, fundamentalmente de Argentina, implican no sólo competencia con la producción local, sino el temor por parte de los agricultores ante la posibilidad de ingreso de enfermedades, al ser desviado el uso de estas papas hacia la siembra. El producto argentino es de muy buena calidad; sin embargo, en Chile las papas blancas no tienen gran preferencia de los consumidores, los que además en esta época (inicios de la primavera) acostumbran a consumir la papa temprana, que presenta condiciones de frescura que no tiene la papa de guarda. Por este motivo las papas blancas importadas desde Argentina tienen una venta lenta en el mercado. De todas formas ejercen competencia e inciden en el precio, marcando un techo sobre el cual la papa temprana no puede elevarse en forma desmedida, pues comienza a ser desplazada.Según el INE, la intención de siembra a junio de 2003 fue de 60.210 hectáreas, un 8% más que en la temporada anterior. Sin duda que dos temporadas de precios altos para los agricultores han producido un interés por sembrar papas; no obstante, los agricultores deben considerar que un crecimiento desmedido provocará una sobreoferta que redundará en bajos precios, como es habitual que ocurra en este rubro. La decisión coyuntural de los productores de no cumplir con programas de exportación puede complicar el establecimiento de nuevos negocios para la próxima temporada, lo que hace difícil pensar en el corto plazo en volúmenes exportados similares a los alcanzados en el año 2001. Los productores deben asumir la estrategia exportadora con una visión de más largo plazo, de forma que este mercado se constituya en un verdadero canal de comercialización que, junto con la agroindustria (la cual también se ha visto afectada por dos temporadas de altos precios del insumo y el consiguiente incumplimiento de contratos), pueden ser la solución para lograr un mercado interno con precios más estables y proyecciones de crecimiento. La experiencia de la temporada que termina sobre el almacenamiento de la producción y el abastecimiento pausado y más controlado del mercado puede ser una solución para evitar disminuciones drásticas del precio; sin embargo, conspira contra esta medida el escaso capital y la inexistencia de mecanismos de financiamiento de la guarda para los pequeños agricultores, muy importantes en este rubro.

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