Equidad de género: fuerza de trabajo, empleo y remuneraciones en la agricultura y en la economía

Este artículo describe la estructura sectorial, ocupacional y de remuneraciones por género ocurrida en Chile en la década pasada y el primer sexenio del siglo XXI, utilizando como fuente de información el universo de datos contenido en el registro administrativo de la Superintendencia de AFP. En una economía de mercado, el trabajo remunerado, o el ingreso obtenido por este medio, permite a las personas de ambos sexos tener una mayor o menor independencia económica, así como un determinado nivel de integración a las esferas sociales, culturales y tecnológicas del contexto actual. La relación simple entre los niveles de incorporación a la fuerza de trabajo, la consecución de puestos laborales y el nivel de ingresos que perciben mujeres y hombres es un indicador de la magnitud de la brecha de género existente. En primer lugar, se comparan las situaciones de mujeres y hombres en términos de su incorporación a la fuerza de trabajo formal (afiliación al sistema de AFP) y a la capacidad de acceso a la ocupación formal (cotización efectiva en el sistema). Luego se revisa la situación a nivel de la agricultura y de la economía para las variables ocupación e ingresos del trabajo. En la agricultura se detalla el nivel regional y en la economía se discrimina por tipo de actividad. Previamente, resulta de interés comentar los resultados del comportamiento histórico de los últimos quince años, que se subdividen en la década 1990 - 2000 y el sexenio 2000 - 2005, en las tres variables que aquí interesan: afiliados, cotizantes y remuneraciones. Para el análisis de los datos y su comparación entre hombres y mujeres, se definió un indicador denominado "brecha de género", el cual es la relación mujer- hombre para las distintas variables (afiliación, cotización y remuneraciones). Este indicador permite mostrar la proporcionalidad que tienen las mujeres en relación a los hombres, en términos porcentuales, en las distintas variables. En el período 1990 - 2005, la brecha de género existente en materia de fuerza de trabajo formal (afiliados al sistema de AFP) disminuyó 22,5 puntos porcentuales al comparar la relación mujeres afiliadas/hombres afiliados. Tanto en valores absolutos como relativos, el crecimiento en términos de afiliación fue mayor en las mujeres que en los hombres (tabla 1). En la variable cotizantes con empleo, hombres y mujeres, la brecha de género disminuyó 11,6 puntos porcentuales. El crecimiento relativo del período fue favorable a las mujeres, a pesar de que en valores absolutos los hombres consiguieron empleo en mayor número que las mujeres (tabla 1). Mientras en 2005 las mujeres afiliadas representaron el 44,2% del total, en igual año las mujeres cotizantes ocupadas representaron sólo 36,8% del total. En remuneraciones imponibles, la brecha de género disminuyó 18,6 puntos porcentuales. Las remuneraciones de las mujeres se incrementaron cerca de 38% más que las de los hombres (tabla 1). En el sexenio 2000 - 2005, la mayor parte de las evidencias numéricas se traducen en cuadros que tratan de expresar en síntesis la situación de mujeres y hombres en el aspecto económico reflejado por la fuerza de trabajo, el empleo y las remuneraciones. Las frases "empleo femenino (o masculino)" y "remuneraciones femeninas (o masculinas)", tanto para el ámbito de la agricultura como de la economía, se refieren al universo de datos de afiliados y cotizantes activos y vigentes en el sistema de AFP, sistema que, a junio de 2006, registró 7.526.696 afiliados y 3.336.700 cotizantes. De dichos montos, el componente femenino alcanza a 44,6% y 37%, respectivamente. Las variaciones interanuales de la afiliación revelan la intensidad en que mujeres y hombres se incorporan a la fuerza de trabajo formal. Así también las variaciones interanuales de cotizantes definen la capacidad para que esa búsqueda de empleo se concrete. En la tabla 2, a continuación, se observa el importante incremento en la incorporación de mujeres al mercado de trabajo formal en el último sexenio, que es 34,2% superior a la de los hombres. Sin embargo, la variación de cotizantes mujeres en el período, es decir, la consecución efectiva de empleo, es sólo el 30,8% de su afiliación, en tanto que en el caso de los hombres esta proporción dobla la de las mujeres, ascendiendo a 61,2%. La brecha de remuneraciones se ha mantenido sin cambios en el período considerado, y la remuneración promedio femenina representa un 88% de la remuneración que reciben los hombres. La relación porcentual entre la ocupación y la remuneración de las mujeres en relación a la de los hombres para la agricultura y el conjunto de la economía en el período 2000 - 2005, que refleja la brecha de género, es la siguiente (considera el promedio de los meses de marzo, junio, septiembre y diciembre de cada año): Como se observa, la brecha en términos de ocupación es mucho más amplia en la agricultura que en el conjunto de la economía, situación posiblemente asociada a consideraciones culturales respecto de las actividades desarrolladas en el campo. La brecha de género en empleo en la agricultura sufre un deterioro importante entre 2003 y 2004, momento en que se implementaron legislaciones favorables a la protección de mujeres embarazadas y cuidado de hijos menores. Esto se refleja con menor intensidad en la brecha de remuneraciones al comparar agricultura y economía. En relación a este último indicador, las remuneraciones sectoriales habían mejorado para las mujeres en relación a las percibidas por los hombres hasta 2002, declinando dicha relación de manera importante en la segunda mitad del sexenio. A nivel regional, el indicador mujer/hombre en la agricultura se detalla en tablas presentadas en un anexo estadístico, tanto para el empleo como para las remuneraciones, junto a la variación expresada en valores absolutos. La variación del nivel de empleo en la agricultura a nivel regional entre 2000 y 2005, tanto masculino como femenino (tabla 3 y anexo 1), ha sido positiva en gran parte de las regiones. Sin embargo, esta variación, tanto en términos absolutos como porcentuales, ha sido mayor en el caso de los hombres (considerando el total nacional), por lo que la brecha de género se amplió en más de dos puntos porcentuales. La reducción de cotizantes ocupadas en la agricultura en la RM que se observa en 2005 (algo que acontece también para los hombres), obedece, en parte, a una reordenación geográfica de las AFP respecto de la residencia efectiva de los cotizantes. La brecha en relación al empleo sectorial mejoró de manera importante para el género femenino hasta 2003 (3,3 puntos), para luego caer violentamente 5,4 puntos porcentuales entre 2003 y 2005 (anexo 1). El aumento del empleo masculino sectorial entre 2003 y 2005 alcanzó en valores absolutos un monto de 27.380 personas, en tanto que el de las mujeres se redujo en 390 personas. En el período, el aumento del empleo femenino sectorial representó el 24,1% del aumento del empleo masculino. Diversas regiones superaron esta relación promedio, siendo más relevantes las regiones I, VI, V, IV, III y VII, en donde dicho porcentaje alcanzó, en promedio, un 47%. En el período, las remuneraciones promedio percibidas por las mujeres que laboran en la agricultura se incrementaron en cerca de 11,3% nominal, en tanto que la de los hombres aumentó en 18,9%, por lo que, como ya se indicó, se amplió la brecha de género en esta variable en 5,4 puntos porcentuales (anexo 2). En dicho período las remuneraciones de las mujeres en la agricultura aumentaron sólo el 50% del aumento de las remuneraciones masculinas, relación promedio que, sin embargo, fue bastante mejor en regiones importantes para la agricultura, como la X (96%), la VI (82%), la IV (66%) y la V (63%). Para la economía en su conjunto, y con el propósito de contextualizar la actividad agrícola dentro del funcionamiento global del país en las variables que se están comentando, a continuación se ilustra el indicador mujer/hombre por tipo de actividad, tanto para ocupación como para remuneraciones. La variación porcentual del nivel de empleo femenino en la economía entre 2000 y 2005 fue positiva y mayor que la variación del empleo masculino (19,4% y 16,3%, respectivamente), por lo que la brecha de género disminuyó en 1,5 puntos porcentuales (anexo 3). Por tipo de actividad, la variación absoluta muestra que las mujeres disminuyen la ocupación en el referido período en cinco de las nueve actividades, siendo relevante por su importancia lo relativo a la industria manufacturera, construcción y transporte, en tanto que la única disminución con alguna significación de magnitud en la ocupación masculina ocurre en el sector servicios (anexo 3). En cuanto a remuneraciones en la economía (anexo 4), la variación porcentual del sexenio para las mujeres observó, al igual que en la variable ocupación, un comportamiento positivo superior al registrado para los hombres, aumentando 22,2% y 20,5%, respectivamente. Las remuneraciones promedio percibidas por las mujeres crecieron en todos los sectores de actividad y su crecimiento fue superior al de las remuneraciones de los hombres en actividades distintas a las tradicionalmente ligadas al mundo laboral femenino. En efecto, las remuneraciones pagadas a las mujeres crecieron más que las pagadas a los hombres en minería, construcción y transporte. En tanto, las remuneraciones masculinas crecieron más que las de las mujeres en agricultura y en otros tres sectores, como son comercio, finanzas y servicios. Lo anterior tuvo como efecto que la brecha de género en remuneraciones a nivel nacional disminuyera 1,2 puntos porcentuales. En el período enero - septiembre de 2006, la afiliación de las mujeres al sistema de AFP aumentó en cerca de 147 mil personas, lo que representa un incremento de 4,6%, respecto al total de afiliados de igual período del año 2005. Esta cifra es superior tanto en términos absolutos como relativos a la de los hombres, y revela una tendencia que indica que en la actualidad las mujeres salen a incorporarse a la fuerza de trabajo formal con una dinámica superior a la mostrada por los hombres. Sin embargo, la situación se revierte cuando ambos géneros encuentran ocupación concreta, lo que se evidencia mediante la cotización efectiva en el sistema. En este caso, y para el mencionado período, la tabla 3 muestra que, en valores absolutos, del número total en que aumentan las mujeres afiliadas, sólo un 60% se convierte en cotizantes efectivas, en tanto que dicho porcentaje se eleva a 107% en el caso de los hombres, vale decir, el mercado ocupacional absorbe una cantidad de hombres superior a la de los nuevos afiliados. Para ambos géneros se incrementan las remuneraciones en el período, aunque tanto en valores absolutos como relativos las de los hombres crecen con mayor dinamismo que las pagadas a las mujeres. En el período, las mujeres cotizantes en el sistema de AFP ganan, en promedio, el 88% de la remuneración que reciben los hombres, ampliándose levemente la brecha de género con respecto a enero - septiembre de 2005. En el año 2006, hasta septiembre, los cotizantes ocupados en actividades silvoagropecuarias y pesqueras totalizaron 257.958 personas, de las cuales 25,4% son mujeres y el resto varones. Respecto al año 2005, también hasta septiembre, la ocupación sectorial femenina creció 9,4%, en tanto que la de los hombres se redujo 0,3%. Esto generó que la brecha de género disminuyera o mejorara en 3 puntos porcentuales (anexo 5). A nivel regional, la situación de 2006 para la ocupación sectorial femenina refleja un cambio importante respecto de la tendencia mostrada en el período 2003 - 2005. En este caso, la ocupación sectorial femenina aumenta en todas las regiones del país, en tanto que la de los hombres disminuye en 10 de las 13 regiones. Esto, evidentemente, provoca la reducción de la brecha de género en todas las regiones, a nivel de ocupación sectorial, especialmente en las regiones I, II, III, V, VIII y IX (anexo 5). En cuanto a remuneraciones sectoriales, éstas crecieron para ambos géneros, aunque con mayor dinamismo en el caso de los hombres. El aumento de la remuneración sectorial femenina fue el 51% respecto del aumento de la remuneración sectorial masculina. En todas las regiones la remuneración masculina aumentó bastante más que la femenina, tanto en términos absolutos como relativos. Por otro lado, al comparar la remuneración sectorial por género con la cancelada a nivel de toda la economía, la de las mujeres es el 60,2% y la de los hombres es el 67,5%. Esto se observa comparando los datos del anexo 6 con los contenidos en el anexo 8. Entre enero y septiembre de 2006, en comparación con similar período de 2005, los cotizantes activos de la economía se incrementaron en 218.354 personas. Un 40,2% de dicho incremento pertenecen al género femenino. En términos absolutos y relativos, la variación de cotizantes ocupados fue mayor para las mujeres que para los hombres en las actividades agricultura, construcción, comercio y transporte. Sólo en términos relativos, lo fue en explotación de minas y canteras y suministro de electricidad, gas y agua. La brecha de género se redujo (sucede cuando la relación M/H aumenta) en la mayoría de las actividades económicas, con las excepciones de: Industrias manufactureras; Intermediación financiera, seguros, actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler; y Servicios estatales, sociales, personales e internacionales. En cuanto a remuneraciones, la de las mujeres, como ya se mencionó, representa el 88% de la recibida por los hombres en el período enero - septiembre de 2006. Asimismo, el incremento de remuneraciones de las mujeres fue un 78,5% de lo que aumentó la remuneración de los hombres, en relación a igual período de 2005. En 6 de las 9 actividades de la economía, la variación de la remuneración femenina estuvo por debajo de la variación de la remuneración masculina. Las excepciones fueron Intermediación financiera y servicios, lo que es normal que suceda, y la Industria manufacturera, lo que constituye algo novedoso (anexo 8). Al reordenar las nueve actividades en que se descompone a la economía, según nivel de transformación y apoyo (primarias, secundarias y terciarias), se observa que, en términos relativos, las cotizantes mujeres aumentan bastante más que los hombres en las actividades primarias y secundarias entre 2005 y 2006, lo que es contrario a la preeminencia de ocupación tradicionalmente mostrada por el género femenino en las actividades que conforman el sector servicios (anexo 9). Esto queda reflejado en la importante mejoría de la brecha de género en las actividades primarias y leve mejoría en las secundarias en igual variable. Sucede lo contrario, sin embargo, en las remuneraciones, donde aún se registran variaciones absolutas y relativas menores en el caso de las mujeres en relación a los hombres en las actividades primarias y secundarias, lo que no sucede en el caso de los servicios. De igual manera, si se simplifican más las cifras de las actividades y se distribuyen en economía agrícola y no agrícola, queda de manifiesto en ambas categorías la mejoría que muestra en el período considerado el género femenino respecto del masculino a nivel de cotizantes ocupados, lo que no se refleja todavía en las remuneraciones (anexo 10). En general, y para concluir, se observa que las mujeres han ingresado en mayor número que los hombres a la fuerza de trabajo en el período considerado para estos comentarios. Sin embargo, dicho género ha visto relativamente limitada su capacidad de consecución de puestos de trabajo para insertarse con plenitud al mercado ocupacional, por lo que la participación laboral femenina se mantiene todavía en torno al 37%, porcentaje bastante bajo, si se considera que más del 50% de la población del país son mujeres y que éstas, en promedio, tienen 1,3 años más de estudios que los hombres. Esto indica que se está subutilizando capital humano calificado, hecho que limita la capacidad competitiva del país. Emilio Polit Granja

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