Coyuntura macrosectorial, septiembre 2008.

 Muy complejo se presenta el panorama internacional. Nuevas víctimas sucumben ante la crisis financiera, que amenaza ahora a la industria de las aseguradoras. Las autoridades monetarias de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón hacen ingentes esfuerzos para acotar la onda expansiva de lo que comenzó como un problema en el mercado de las hipotecas estadounidense.Si se deja que las empresas financieras caigan como un castillo de naipes, se desmoronaría la confianza pública. Se piensa que ello arrastraría consigo los fundamentos del sistema financiero global, que es el centro neurálgico del capitalismo. Las monedas de los diferentes países, las acciones e instrumentos de valores, los precios de las materias primas, en definitiva, los activos y propiedades de las personas, sufren los vaivenes de este fenómeno que inicialmente se denominó "turbulencias" financieras, pero que ya se asemeja más a una catástrofe.Una confianza restaurada no es una renovada fe, de modo que la intervención de los Gobiernos para evitar una debacle financiera no devuelve mágicamente la estabilidad a los mercados. El proceso de depuración y recomposición de la cartera de activos puede ser lento y doloroso. Hay quienes se enfrentan a un agujero negro que desvanece el valor de lo que poseen. Otros están aprovechando de adquirir saldos de algunos gigantes financieros en liquidación.Todo indica que Chile está en una buena posición para hacer frente a esta crisis, lo que no quiere decir que sea inmune a ella. Según el presidente del Banco Central, la fortaleza de la economía chilena se basa en su política fiscal, reconocida por su seriedad y que genera altos niveles de ahorro público; en una política monetaria con énfasis en la estabilidad; en la política cambiaria de flotación y en un sólido sistema financiero. No obstante, dado el carácter mundial de las recientes convulsiones económicas, es probable que continúe padeciendo muchos de los síntomas de la crisis, entre ellos, la inflación.A medida que se incrementa la intensidad de las dificultades financieras internacionales, resulta cada vez más difícil mantener referencias de precios de los productos. Los valores de las mercancías y de las monedas fluctúan en un amplio rango, alterando los precios relativos. El dólar sube mientras las acciones, el petróleo y las demás materias primas caen por estos días en toda América del Sur.La mayor volatilidad de los precios de los commodities aumenta el riesgo para los productores agrícolas. Los precios, que parecen haberse desacoplado de la oferta y la demanda, resultan más difíciles de predecir. Paralelamente, se acrecientan los temores de que las economías que comercian con los países que han estado en el epicentro de la crisis financiera, reciban el impacto en sus exportaciones. Éste es un punto vulnerable para la economía de Chile.El cristal con que se mira resulta esencial para la forma como se comprende un hecho. Se puede titular en un diario que el saldo en la balanza comercial chilena cae sostenidamente, y no se está faltando a la verdad. Tampoco se miente cuando se afirma que Chile mantiene una balanza comercial positiva, con exportaciones superiores a las importaciones. Algo similar ocurre con la inflación, donde la misma cifra de 9,3% anual inspira análisis tan diversos que cuesta creer que se basan en idéntica fuente de información.En la visión del Banco Central, presentada en su Informe de política monetaria de septiembre de 2008, el último año se ha caracterizado por un aumento sostenido del IPC y del conjunto de indicadores de tendencia inflacionaria. Entre los determinantes del incremento de los precios, el instituto emisor destaca las presiones de inflación importada, ya que se proyecta que el Índice de Precios Externos relevante para la economía chilena aumentará 14% en este año; el alza en los precios internacionales de los alimentos, que ha incidido en los precios domésticos de estos productos; el incremento del costo de la electricidad y el mayor precio interno del petróleo. Estas presiones de costos se unen con una demanda interna que crece con fuerza, generando condiciones favorables para la persistencia de la inflación.El desempeño de la industria agroprocesadora, en cuanto a producción física y ventas, fue mejor que el resultado del sector industrial durante enero - julio de 2008. El índice de producción física de la agroindustria se elevó 2,9% en relación con el mismo período del año anterior, lo que se compara con el crecimiento de 1,8% que experimentó la industria manufacturera. La mayor incidencia fue la del rubro fabricación de papel y productos de papel, que registró una expansión de 8,4% en producción y 9,4% en sus ventas.Las exportaciones de productos silvoagropecuarios acumularon un crecimiento anual de 12,1% en los primeros siete meses de 2008. Los envíos al exterior totalizaron 7.807 millones de dólares y las importaciones se empinaron a 2.333 millones de dólares, con un alza de 50% en relación con enero - julio de 2007. La balanza comercial sectorial exhibió un saldo positivo de 5.473 millones de dólares. Las importaciones de maquinarias e insumos para el agro se incrementaron 57,8%, alcanzando a 894 millones de dólares.En términos de empleo, se muestra una declinación en la fuerza de trabajo ocupada y un aumento en la tasa de cesantía en el sector. En el trimestre mayo - julio los ocupados en agricultura, caza y pesca llegaron a 697 mil personas, lo que, sumado a los 54 mil desocupados, totaliza una fuerza de trabajo sectorial de 751 mil trabajadores. La tasa de desocupación agrícola se mantiene por debajo del promedio de la economía: 7,1% en comparación con 8,4%, pero es superior a la de igual trimestre del año anterior. El fenómeno excede la estacionalidad característica del empleo agrícola.La crisis financiera internacional aumenta la variabilidad en los precios de los productos agrícolas y contrae el crédito. La desaceleración de la economía mundial puede reducir la demanda por nuestras exportaciones. La inflación obliga al Banco Central a subir la tasa de interés, con lo que se contrae la actividad económica. El alza en el precio de los fertilizantes y en los costos de la energía reduce los márgenes de las empresas. Todo ello configura un cuadro de elevada incertidumbre para los productores agrícolas.

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Gumucio A., María Amalia (2008-09-29) Coyuntura macrosectorial, septiembre 2008. [en línea].  (Consultado: ).
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