Discurso del Ministro de Agricultura, Sr. Jaime Campos, en el Día de la Agricultura

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Issue Date:
2003-10-16
estudiosNoticias institucionales

Señoras y señores: Estamos cumpliendo dos tercios del mandato del Presidente Lagos y ésta es la cuarta oportunidad en que tengo el honor de celebrar con ustedes el "Día del Agricultor".- Agradezco al Directorio de la Sociedad Nacional de Agricultura y en particular a su Presidente, don Andrés Santa Cruz, por la deferencia que han tenido al invitarme a compartir nuevamente esta tribuna y permitirme saludar desde aquí a los hombres y mujeres que diariamente engrandecen nuestra Patria, extrayendo la mejor calidad de los frutos de la tierra, para ponerlos a disposición de nuestros consumidores y de los más exigentes mercados internacionales. En estos cuatro últimos años, el balance que ha entregado la agricultura chilena no puede menos que calificarse como altamente positivo. El PIB del sector ha estado creciendo a ritmo constante, al doble de lo que crece el resto de la economía nacional; las exportaciones silvoagropecuarias siguen expandiéndose a tasas elevadas, somos el segundo sector exportador después de la gran minería del cobre, y continuamos siendo el primer sector generador de empleo en Chile. De ahí es que podemos afirmar, sin ninguna duda, que el sector silvoagropecuario es un poderoso motor del desarrollo económico del país. Los últimos antecedentes disponibles confirman este comportamiento, ya que en el año 2002 y en lo que va corrido de 2003 nuestra agricultura sigue desempeñando su papel de protagonista del crecimiento económico. La variación del PIB silvoagropecuario en el año pasado fue de 4,2% y en el primer semestre de este año ya llega a 4,7%, proyectándose con gran dinamismo hacia un crecimiento que deberá mantenerse entre 4% y 5%, a lo menos, en el mediano plazo. En materia de desempleo, los índices del primer semestre de 2003 señalan un promedio de 5,1% e, incluso, en el último trimestre móvil, correspondiente a junio-agosto, que está altamente influido por la estacionalidad de la ocupación agrícola, las cifras revelan que este sector exhibe una desocupación de 7%, lo que es bastante estimulante. En el comercio exterior también se perciben avances notables. Las exportaciones del año 2002 sumaron US$ 5.230 millones y se incrementaron en un 8,8% respecto al año anterior. La balanza comercial del sector arrojó un saldo favorable de poco más de US$ 4.000 millones, mejorando en un 9,6% sobre la del año 2001. En los ocho primeros meses de 2003 se observan nuevos progresos, ya que las exportaciones agrícolas, pecuarias y forestales aumentaron 11,4% respecto a las de igual período del año anterior y el saldo comercial del sector lo hizo en 11,5%. Al margen de la estabilidad política, económica y social que hace tiempo exhibe nuestro país, lo que crea el ambiente propicio para desarrollar las diferentes actividades económicas en un clima de normalidad, múltiples son los factores que explican estos buenos resultados de nuestra agricultura. Desde luego está la Política de Estado que diseñamos junto con el sector privado para definir claramente nuestro norte y en cuyos siete ejes estratégicos se ha basado el accionar del Ministerio de Agricultura desde el año 2001. Con ese marco de referencia, me parece también importante destacar que la franqueza, lealtad, sentido profesional y relación de confianza con que se han planteado los problemas entre el sector público y el privado, también han jugado un rol muy importante. En este punto quiero volver sobre una reflexión que hice en el año pasado al finalizar mi intervención en esta misma tribuna. En esa oportunidad señalé que la base del desarrollo de los pueblos es el diálogo y la búsqueda de entendimientos, ya que nadie es poseedor de la verdad absoluta y todos somos depositarios de una parte de la verdad, la que sólo emerge cuando se analizan desapasionadamente las diversas alternativas y somos capaces de encontrar una fórmula que se acerca a los intereses de los más. Esto, que se ha convertido casi en una consigna de los últimos gobiernos en Chile, sin duda ha sido un factor esencial para llegar a soluciones beneficiosas para las mayorías, no obstante las múltiples barreras, intereses encontrados y dificultades que se ha debido sortear en el camino, y creo que la agricultura ha sido un ejemplo de este espíritu. Por otra parte, no cabe duda que para conseguir el éxito mencionado ha sido fundamental la capacidad empresarial y el dinamismo de nuestros agricultores, que con profesionalismo han mejorado su gestión y han incorporado ciencia y tecnología a sus rubros, aprovechando nuestras fortalezas y alcanzando así los niveles de competitividad requeridos en el mundo globalizado. Pero más allá de todos estos factores, en esta oportunidad quiero destacar especialmente lo que ha significado la firma de los acuerdos comerciales, a través de los cuales se crean las condiciones propicias para que el sector privado realice sus negocios y que han constituido una expresión concreta del cumplimiento de nuestro compromiso en orden a trabajar por el desarrollo y consolidación de nuestros mercados. Recordemos que a partir de febrero de este año se encuentra en plena vigencia el Acuerdo con la Unión Europea, el que está permitiendo el ingreso ventajoso de nuestros productos a ese importante mercado. Sólo a manera de ejemplo: en lo transcurrido de 2003 las exportaciones agrícolas a la UE han aumentado en un 22%, mientras que las pecuarias lo han hecho en un 81%, y no olvidemos que ese mercado representa un tercio del destino final de nuestras exportaciones. El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos se encuentra en su etapa final para que entre definitivamente en vigencia. Confiamos en su aprobación por el Senado de la República, puesto que constituye la mayor y la mejor oportunidad de desarrollo para nuestro sector en los inicios del presente siglo, y estamos seguros de que en el corto plazo implicará un aumento de nuestras exportaciones en más de un 20%. En una situación similar se encuentran los tratados que se negociaron con Corea del Sur y con EFTA, los restantes países europeos, que todavía deben ser aprobados por los respectivos Parlamentos. Y, todo ello, al margen de otros tratados que se están negociando con diversas naciones, fundamentalmente del área asiática. De ahí es que, permítanme que aproveche esta ocasión para hacer público mi reconocimiento y agradecimientos a nuestra Canciller, Sra. Soledad Alvear, por la comprensión que ha evidenciado por nuestros temas sectoriales y por la enorme contribución que ha hecho a la consolidación del modelo de desarrollo agroexportador. Además, se han suscrito diversos acuerdos sanitarios que facilitan la tramitación de nuestras exportaciones. Con el mismo propósito, hemos abierto una nueva agregaduría agrícola en México, pero con competencia para toda Centro América y el Caribe y esperamos poder inaugurar en el año 2004 una séptima en la India. Del modo expuesto, no me cabe la menor duda de que las condiciones económicas que estos acuerdos y resoluciones crean, constituyen las bases del futuro del país y de nuestro sector. En este sentido resulta muy estimulante comprobar cómo empiezan a desarrollarse las exportaciones de rubros que hasta hace poco tenían escasa proyección en los mercados internacionales y que permanecían relativamente estancados entre las actividades económicas del país. Durante mi gestión ministerial he impulsado una estrategia tendiente a incorporar a nuestra oferta exportadora rubros provenientes de la agricultura sustitutiva de productos de importación, que hasta ahora estaban al margen del proceso agroexportador y ellos les explica la lógica de estos nuevos acuerdos. Particularmente significativos son los casos de las exportaciones de carnes, especialmente bovina y ovina; de avena, de miel, de lácteos, de madera elaborada y de varios otros productos que ya están aportando una cuota importantísima de nuevas divisas a las arcas de nuestra economía, porque, con las condiciones descritas, actualmente encuentran la com petitividad necesaria para su expansión internacional. Estos rubros se suman así a las frutas, la madera y la celulosa, los vinos, los principales productos agroindustriales, las carnes blancas y las semillas, que siguen siendo los pilares de las exportaciones silvoagropecuarias del país. Asimismo resulta interesante destacar que el desarrollo acelerado de ciertas actividades pecuarias, como la salmonicultura y la producción de carnes blancas, ha generado demandas por rubros primarios a los que se abren nuevas oportunidades. Entre estos últimos podemos destacar claramente las perspectivas que se están abriendo para el trigo, el maíz, el raps canola y el lupino en la zona sur, a raíz del incremento de dicha demanda por parte de las industrias productoras de alimentos pecuarios, y que en el caso de la salmonicultura, como consecuencia de las alianzas estratégicas que hemos promovido, deberá significarnos en el corto plazo más de 100.000 hectáreas de siembra sólo con ese destino. Pero éstas no han sido las únicas materias en que hemos avanzado. En el ámbito interno, se observa claramente cómo el Seguro Agrícola se afianza como una herramienta de gestión de gran importancia, logrando dar estabilidad a actividades que de por sí presentan un alto grado de incertidumbre. También se observan avances apreciables en la puesta en marcha de la Bolsa de Productos Agropecuarios, cuyos estudios se encuentran bastante avanzados y que esperamos que, cuando entre en funcionamiento, pueda constituirse también en una herramienta de gestión que otorgue aun mayor estabilidad al sector silvoagropecuario chileno e introduzca mayor transparencia a la comercialización de los productos agropecuarios. El sector lechero, de gran preocupación para este Ministerio, es otro ámbito en el que también se destacan progresos durante el último año. Todos ustedes saben que, después de un período difícil para este rubro, finalmente hemos podido establecer un marco para toda la cadena láctea, que considera una estrategia de desarrollo común, no sólo pensada en función del mercado interno, y que ya nos está permitiendo exportar más de US$ 50 millones anuales. En la reunión de Punta de Tralca, realizada en julio, se acordó, además, crear una comisión que definiera las principales variables que inciden sobre el precio final a productor. Esa comisión ha sesionado en diversas ocasiones, y ha terminado su trabajo. En la semana pasada sus integrantes han llegado a acuerdo sobre esta delicada materia, reduciendo las carencias de información y entregando elementos técnicos que hacen más racional el necesario e inevitable debate sobre la formación de estos precios. Creemos que los acuerdos de Punta de Tralca, que esperamos firmar solemnemente en los próximos días junto al Presidente de la República, constituyen una base cierta para abrir una nueva etapa en el desarrollo lechero, centrado en la información, la eficiencia productiva, la asociatividad y la penetración de los mercados externos. Lo propio ha acontecido en el sector arrocero. Después de años de disputa entre productores e industriales, logramos poner de acuerdo a tales actores en materia de rotulación, condición esencial para transparentar dicho mercado, y hemos generado las condiciones tendientes a alentar el interés de quienes desean incorporarse al modelo de desarrollo agroexportador, el que según ellos mismos tiene enormes potencialidades y que, a lo menos, puede significar la duplicación de la superficie sembrada con dicho cultivo. Existen muchas otras áreas en donde como país hemos experimentado avances significativos, las que por razones de tiempo sólo me limitaré a reseñar: la aprobación de una nueva ley de bandas de precios, que dio una sustentabilidad a la producción de trigo y de remolacha que no tenía hasta la aprobación de dicha ley y que nos ha permitido cumplir con lo que tantas veces manifesté, en orden a que la mantención de ese sistema estabilizador de precios es política de estado durante el gobierno del Presidente Lagos; el ingreso al Parlamento de una nueva Ley de Bosque Nativo, consensuada entre las empresas forestales, el mundo ambiental, los gremios de pequeños agricultores y el Gobierno; la modificación del reglamento de etiquetado del arroz y de la ley de la carne, que eleva el estándar de las empresas que certifican en el exterior los envíos a Chile; los cambios a la reglamentación vitivinícola y al sistema de acreditación de aplicadores de pesticidas; la ampliación de los Grupos de Transferencia Tecnológica, con el apoyo del INIA, y las nuevas definiciones conceptuales y operativas que han resultado del trabajo de la Comisión Nacional de Biotecnología; la construcción del nuevo Centro Regional de Investigación -CRI- del INIA en la VI región; el avance que experimenta el concepto de Buenas Prácticas en todos los rubros del país, así como la realización de Acuerdos de Producción Limpia y diversas otras iniciativas, privadas y públicas, tendientes a lograr una agricultura limpia y de calidad. Existen muchos otros temas que no alcanzaré a tratar aquí: los avances conseguidos en materia sanitaria y el inmediato control de cualquier emergencia suscitada; los procesos de innovación tecnológica y de conquista de mercados externos que día a día realizan empresas nacionales; la aplicación del Programa de Suelos Degradados, de la Ley de Riego, de la ley de Fomento Forestal o del Fondo de Promoción de Exportaciones Silvoagropecuarias. Todos ellos dan cuenta de un sector dinámico, en el que prima la idea de la colaboración y de la búsqueda de eficiencia y nuevos emprendimientos. Hoy podemos decir con orgullo que somos protagonistas de una actividad que hace un aporte relevante a la economía y al bienestar general del país. Soy un convencido, aunque algunos se resistan a reconocerlo, de que la agricultura chilena es muy exitosa y de que, frente a los nuevos escenarios que se nos presentan, como consecuencia de nuestra mayor inserción en los mercados internacionales, tenemos la posibilidad de serlo aún mucho más. Todos los progresos exhibidos en este último tiempo no significan, por cierto, que no sigan persistiendo dificultades que debemos abordar. En las regiones del sur, aún hay sectores que no encuentran la estabilidad necesaria para progresar con firmeza y la pequeña y mediana agricultura continúa exhibiendo áreas de menor desarrollo. Yo entiendo a los agricultores del sur, que durante toda la vida han estado acostumbrados a un modelo de desarrollo centrado en el autoabastecimiento y en la sustitución de productos de importación, el que añoren las medidas proteccionistas de ayer. Pero tienen que entender, también, que ese Chile ya no existe, que no pueden vivir mirando eternamente el pasado, puesto que como la mujer de Lot corren el riesgo de petrificarse como una estatua de sal, en circunstancias que el futuro agro exportador les abre enormes oportunidades. Seamos francos. ¿Qué es el sur de Chile desde el punto de vista productivo? El sur es carne, es leche, es madera, y granos. ¡Y todos estos rubros los estamos abriendo, por primera vez, con estos nuevos acuerdos comerciales! Luego, o aprovechan esta oportunidad, o el carro de la historia pasará a su vera. Hay también muchas familias de pequeños y medianos propietarios que no logran incorporarse al desarrollo nacional y que requieren, obviamente, de un tratamiento especial. Hacia ellos dirigimos preferentemente todos los instrumentos de fomento de que dispone el Estado de Chile. Pero ellos deben comprender que la agricultura no es sólo una forma de vida, sino que es una actividad económica y que como tal está regida por las leyes de la economía. Para que una actividad sea sostenible en el tiempo tiene que ser económicamente sustentable y, desde el punto de vista agrícola, ello pasa por aumentar la productividad y la competitividad, profesionalizar la gestión, incorporar tecnologías, asociarse, capacitarse, tener una producción limpia y de calidad y, por sobre todo, producir aquello que e l mercado quiere comprar. En consecuencia, la tarea no está terminada y cada vez debemos esforzarnos más por resolver los problemas que persisten en el tiempo. Por otra parte, a cada instante se nos presentan nuevos e importantes desafíos. Quizás todo se resume en la idea de aprovechar las nuevas oportunidades que tenemos a raíz del avance del último año, especial ente la firma de los TLC. Si bien es cierto que seguiremos abriendo nuevas posibilidades, la tarea de hoy es consolidar lo avanzado y estar a la altura de las exigencias de este nuevo escenario. Y este es un reto que convoca principalmente al sector privado. A riesgo de ser majadero, una vez más les reitero: en una economía de libre mercado el gobierno de Chile no hace ni asegura negocios, sólo genera las condiciones para la que la iniciativa privada pueda desarrollarse. Luego, es responsabilidad del sector privado acometer los desafíos productivos, hacer negocios e implementar actividades que sean económicamente sustentables. En lo que se refiere a los nuevos desafíos de carácter público, creo que es oportuno mencionar que nos adentramos en el quinto año del gobierno del Presidente Lagos, con toda las potencialidades y las limitaciones que ello implica. Hablo de potencialidades, pues existen procesos en marcha, que han sido iniciados en los años pasados, que permiten pensar en nuevos logros para el período inmediato. Menciono limitaciones, puesto que objetivamente el calendario electoral y la culminación del período de gobierno limitan la posibilidad de proponerse cambios de magnitud, que puedan ser llevados a la realidad en el corto plazo. Y en este orden de consideraciones, excúsenme, quiero ser realista y franco. Respecto de los procesos en marcha, existen diversas iniciativas que son de especial significación para el Ministro que habla. Por un lado están los procesos de modernización institucional en que ya estamos comprometidos: la nueva institucionalidad forestal; la nueva ley de INDAP, que crea Consejos Nacionales y Regionales y aborda otras materias que son esenciales para esta institución; la consolidación del Servicio Nacional de Riego y el proceso de modernización del SAG. Todo ello forma parte de la agenda de prioridades del Ministerio y, por lo tanto, concentrarán todo nuestro esfuerzo para que se hagan realidad antes de terminar este gobierno. En la misma área, quiero manifestar a Uds. que no hemos abandonado la ilusión de contar con una nueva institucionalidad pública en el ámbito alimentario, que nos permita avanzar en el diseño de un Ministerio de la Agricultura y la Alimentación. El Ministerio considera que ésta es una necesidad urgente que, de ser bien enfrentada, permitirá crear una nueva ventaja competitiva para Chile. Por tal motivo, hemos concordando dentro del gobierno una fórmula que permita aprovechar el año 2004 para avanzar en esta área, la cual contará con la participación de los Ministerios Secretaría General de la Presidencia, Salud, Economía y Relaciones Exteriores. Por otra parte, están los diversos cambios regulatorios que hay que enfrentar en forma inmediata, para lo cual enviaremos en fecha próxima sendos proyectos de ley al Parlamento: la Ley de Agricultura Orgánica, que habilita al SAG para respaldar a las empresas certificadoras privadas, y la Ley de Protección de Recursos Genéticos Nativos, que permitirá valorizar nuestro patrimonio, impidiendo que éste sea aprovechado por empresas extranjeras que colectan material nativo y lo patentan en el extranjero. Del mismo modo, no concluirá el Gobierno del Presidente Lagos sin que entre en vigencia una nueva normativa en relación con los organismos genéticamente modificados y un marco regulatorio moderno para la producción olivícola y de miel. En el área de los instrumentos de fomento, el Ministerio no cejará en su esfuerzo por impulsar el desarrollo pecuario a través de la ejecución de un Programa Ganadero. Todos ustedes conocen las limitaciones que tendrá el presupuesto del Ministerio durante el próximo año. Aun así, continuamos las conversaciones con el Ministerio de Hacienda para dar viabilidad global a esta iniciativa, sin perjuicio de lo cual empezaremos durante el año 2004 a implementar algunos componentes específicos de este Programa, a través de reasignaciones y de nuevas partidas contenidas en el Presupuesto. Lo digo formal y responsablemente: con o sin recursos adicionales, en el año 2004 daré inicio a la implementación del Plan de Desarrollo Ganadero, aunque para ello tenga que recortar fondos de otras instituciones o programas. Todos los temas institucionales, regulatorios y de fomento que hemos reseñado serán revisados en detalle por el Comité de Ministros para el Estudio del Desarrollo de la Agricultura Nacional, en el Marco de los Tratados de Libre Comercio suscritos por Chile, constituido recientemente por Su Excelencia el Presidente de la República y que preside el Ministro de Agricultura. Este Comité ya está trabajando, y tiene como plazo 180 días para hacer sus recomendaciones. Esperamos que su trabajo sirva para culminar un esfuerzo colectivo en el que todos estamos empeñados desde hace años, y cuyas bases esenciales ya están contenidas en el documento "Política de Estado para la Agricultura Chilena del año 2010". Por último, confío que, al término del gobierno del Presidente Lagos, estén funcionando algunas de las nuevas plantas de Cotrisa destinadas al almacenamiento, guarda, secado y comercialización de granos, de conformidad al estudio que hemos realizado, orientadas a ayudar preferentemente a los pequeños y medianos productores de las regiones VII, VIII y IX. Estimados amigos: Al concluir estas palabras no quisiera dejar pasar la ocasión para expresarles la visión que me ha dejado el contacto diario con múltiples actores del mundo agrícola durante estos casi 4 años en el Ministerio. Más allá de los problemas y de las restricciones, lo que yo veo es una actividad muy dinámica y diversa, que está experimentando un acelerado proceso de modernización. En algunos años más, cuando haya culminado esta transición difícil hacia la plena inserción en la economía global, tendremos un sector agrícola y forestal completamente orientado al exterior, desde Arica a Magallanes. Fundados estudios me indican que en diez años más deberíamos haber duplicado nuestras exportaciones y que la idea que desarrollé el año pasado en esta misma tribuna, en orden a que Chile puede transformarse en una potencia agroalimentaria y forestal, posiblemente se tornará en realidad. Llegar a ese volumen de exportaciones implica un gran esfuerzo colectivo, en el cual es imperativo lograr un alto nivel de excelencia en las empresas, los gremios, las universidades, los organismos técnicos y el gobierno. ¡Siempre es posible mejorar en todas las áreas! ¡Siempre será posible llegar a esa meta!. Pero, por sobre todo, debemos tener fe y confianza en lo que estamos haciendo. ¿Cuánto ayudan a la construcción del futuro las palabras agoreras de los mensajeros del pesimismo y de la catástrofe? ¿Cuanto tiempo se sostienen los planteamientos demagógicos o populistas? ¿Cuánto aportan las visiones trasnochadas que no se condicen con la realidad actual? El mundo de hoy es una sociedad de oportunidades, no de certezas. No entender ello es no comprender los signos de los tiempos que vivimos. La agricultura chilena tiene hoy una gran oportunidad. El que ocupemos esos espacios depende de lo que hagamos o dejemos de hacer nosotros mismos. Y si lo logramos, además de dar un sentido trascendente a nuestra existencia, estaremos haciendo un aporte relevante al desarrollo de nuestra Patria, para beneficio de millones de chilenos. Un poeta de mi tierra, de esas tierras pobres del secano costero de la séptima región, don Armando Ulloa, escribió unos hermosos versos que dicen: "Buen campesino, labra los campos, abre los surcos, y esparrama los firmes granos con mano pródiga; las semillas que hoy riegan tus sudores fecundos, fecundas te darán ma ñana el pan que comas." ¡Sigamos abriendo surcos y sembrando con mano pródiga, que el fruto de vuestros esfuerzos de hoy os aseguran nuevas jornadas de progreso! Muchas gracias.