La industria del salmón en Chile: una oportunidad para la agricultura del sur

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Issue Date:
2003-12-23
estudiosArtículos

Chile produjo más de 503.000 toneladas de salmón cultivado en el año 2002, lo que representa el 35% de la producción total mundial de este producto y constituye a nuestro país en el segundo productor mundial. Las exportaciones han crecido a altas tasas desde hace unos 10 años , lo que hace que este sector productivo sea el de mayor crecimiento en el ámbito pesquero nacional. En el último trienio el valor de las exportaciones se han mantenido constante, en cifras cercanas a los US$ 1.000 millones. Específicamente, en el año 2002 se exportaron 331.400 toneladas, por un valor de US$ 973 millones. El crecimiento de este sector se ha logrado con fuertes incrementos en la productividad, originados en una importante reducción en los costos de producción. En ellos tiene una fuerte incidencia el costo de alimentación de los peces, que se estima en un 50% de los costos totales de producción. Si se considera esta tendencia de crecimiento, no está lejana la posibilidad de que en el corto plazo Chile se transforme en el primer exportador mundial de salmón, con lo cual la demanda de alimentos de esta industria experimentará también un importante incremento. De hecho, la demanda por alimentos de la salmonicultura ha aumentado desde 50.000 toneladas en 1990 a 700.000 toneladas en 2003, estimándose que las expectativas de crecimiento durante los próximos 10 años estarán entre 5% y un 7% anual, alcanzándose una demanda entre 1,1 y 1,4 millones de toneladas. Los requerimientos de proteínas y energía del salmón son satisfechos principalmente por harina y aceite de pescado, insumos cuya producción mundial ha llegado a su aparente límite máximo, debido a menores capturas, establecimiento de cuotas y factores climáticos (fenómeno del Niño), lo que limita la oferta y provoca grandes variaciones en los precios de estos insumos. Aun cuando Chile es un importante productor de harina y aceite de pescado, de igual modo la salmonicultura está sujeta a las fuertes variaciones del mercado de estos productos. En efecto, cuando los precios del aceite y de la harina de pescado están altos en los mercados externos, las exportaciones nacionales de estos productos aumentan considerablemente, disminuyendo la disponibilidad de ellas para la industria salmonera nacional. Es en este punto que se abre un escenario que genera atractivas oportunidades para la agricultura nacional, especialmente a la del sur de Chile: la búsqueda de nuevas alternativas de abastecimiento de insumos para la alimentación de salmones, en la cual el mayor uso de insumos de origen vegetal para la sustitución parcial de harina y aceite de pescado se convierte en una de los principales desafíos. En la actualidad, además de la harina y aceite de pescado, la industria salmonera nacional utiliza importantes cantidades de afrecho de soya, que es importado, y otros productos de origen nacional, como afrecho y aceite de raps canola, gluten de trigo y lupino, entre otros. Frente al aumento de la demanda de estos productos de origen vegetal, se abre una oportunidad que puede ser aprovechada ventajosamente por la agricultura del sur, que se dedica fuertemente a estos cultivos. Según estimaciones de la Fundación Chile presentadas en el Seminario Internacional Agricultura y Salmonicultura, realizado en octubre de 2003 en Puerto Varas, Chile, en los próximos diez años casi se duplicaría la demanda total de alimentos para salmones, pasando de 700.000 toneladas en 2003 a 1.377.000 toneladas en 2013, lo cual podría tener un importante impacto en varios cultivos que se desarrollan en el sur de nuestro país. A modo de ejemplo, se presentan a continuación estimaciones del impacto en algunos cultivos que se desarrollan en la zona sur de Chile, a partir de antecedentes elaborados por la Fundación Chile. Como se puede apreciar, la demanda nacional de alimentos para salmones podría generar un notable impacto en la agricultura del sur del país. Un reemplazo del 20% del aceite de pescado por aceite de raps canola podría significar una superficie de 24.000 hectáreas para este cultivo, cifra que indicaría un notable aumento respecto de la actual, que es del orden de las 5.000 hectáreas. Si el porcentaje de sustitución aumentara al 30 % en diez años, la superficie podría llegar a unas 70.000 hectáreas. En el caso del trigo, actualmente se podría abastecer a la salmonicultura con 100.000 toneladas, equivalentes a unas 18.000 hectáreas, las que en el caso de aumentar la demanda en 10 años aumentarían a 200.000 toneladas, las que representan más de 30.000 hectáreas, totalizando unas 50.000 hectáreas destinadas a la alimentación de salmones. El mercado del lupino ha tenido un importante repunte en los últimos años, motivado por un elevado precio al productor respecto a temporadas anteriores, lo cual a su vez está influenciado, por una parte, por el aumento de los contratos de siembra para lupino dulce, por la mayor demanda de la industria salmonera, y, por otra, por el incremento de la demanda internacional por lupino amargo. Por lo anterior, se prevé que en la presente temporada se llegará a unas 20.000 hectáreas. Si se proyecta su uso potencial como insumo de la industria salmonera, se podría llegar a unas 40.000 hectáreas. Es necesario señalar que el potencial incremento de los cultivos mencionados anteriormente, sin descartar otros como lino y arveja proteica, deberá realizarse con la tecnología y variedades de semillas más adecuadas, lo que implica también importantes desafíos en investigación agropecuaria y transferencia tecnológica. El empeño del Ministerio de Agricultura de promover en su Política de Estado para la Agricultura Chilena en el Período 2000-2010, el desarrollo de una agricultura limpia y de calidad, debe entenderse como la base para la producción de materias primas que deberán estar acordes con el Código de Buenas Prácticas para Centros de Cultivo de Salmónidos Ambientalmente Bien Manejados, desarrollado por Fundación Chile, cuyo lanzamiento oficial se produjo en agosto de 2003, en Noruega. En este contexto, la producción nacional de insumos vegetales deberá ser compatible y cumplir con los requisitos sanitarios que se exigen a los productos alimenticios importados para el uso en la alimentación de especies hidrobiológicas, entre los cuales figuran los aceites vegetales, los subproductos derivados de las oleaginosas, el trigo y sus derivados. Las interesantes perspectivas de desarrollo para la agricultura del sur de nuestro país también implica coordinar acciones a nivel regional entre las diversas instituciones públicas y privadas, para enfrentar el futuro del sector de salmonídeos con objetivos comunes y potenciando recursos, tanto naturales como financieros, que son escasos.