Comparación de los sectores forestales de Chile y Nueva Zelanda

Las relaciones políticas, institucionales y comerciales entre Chile y Nueva Zelanda se han acrecentado significativamente en los últimos años y, dadas las coincidencias estratégicas entre ambos países, es probable que estas relaciones se profundicen aún más en el futuro. Por este motivo, se está considerando establecer un acuerdo comercial y de cooperación económica con Nueva Zelanda. Sin embargo, dada la similitud de nuestras estructuras productivas silvoagropecuarias, cabe preguntarse cuáles serían los beneficios y costos reales del acuerdo para el sector. En el tema forestal, se argumenta que mediante una alianza con Nueva Zelanda se controlaría más del 50% de las plantaciones mundiales de pino radiata, lo que ciertamente es un dato interesante. Pero, aparte de saber que somos los principales productores de madera de la misma especie, para entender cuáles serían las ventajas y desventajas de asociarse es fundamental comparar los sectores forestales de ambos países. En tal sentido, a continuación se presentan algunas observaciones y cifras aproximadas relacionadas con los sectores forestales de Chile y Nueva Zelanda, tales como: superficie plantada, estructura de la propiedad, estimaciones de producción, esquemas de manejo aplicados, nivel de empleo y capacidad innovadora. En el Cuadro 1 se presenta información relacionada con algunos indicadores macroeconómicos de Chile y Nueva Zelanda.IndicadoresPoblación (millones) PIB (millones US$) PIB per cápita (miles US$)Total exportaciones (millones US$) Exportaciones forestales (millones US$) Participación sector forestal en exportaciones (%)Fuentes: Diario Estrategia, INFOR, NZ MAF.Se observa que ambos países tienen una economía de similar tamaño y nivel de exportaciones, además con una participación casi equivalente en términos del aporte del sector forestal. La diferencia está en el ingreso per cápita, que es bastante más elevado en Nueva Zelanda.Fuentes: Diario Estrategia, INFOR, NZ MAF. Chile tiene alrededor de 2,1 millones de hectáreas de plantaciones forestales (0,15 ha per cápita). Aproximadamente 1,5 millones de ha corresponden a pino radiata (cerca del 70% del total) y algo más de 400 mil ha a eucaliptos (casi el 20%). Actualmente, la tasa de forestación considerando ambas especies es de 45 mil ha anuales. Se estima que en el país existen 2 millones de ha de aptitud preferentemente forestal efectivamente disponibles. Por consiguiente, manteniendo la actual tasa de forestación, es posible llegar a 2,5 millones de ha plantadas al año 2015. Sin embargo, las nuevas forestaciones se realizan principalmente en terrenos degradados de las zonas de secano, por lo que probablemente tendrán un bajo rendimiento volumétrico.Nueva Zelanda tiene aproximadamente 1,8 millones de hectáreas de plantaciones forestales (0,45 ha per cápita). Alrededor de 1,6 millones de ha son de pino radiata (cerca del 90% del total) y algo más de 100 mil ha son de pino oregón (casi el 6%). Prácticamente no tienen plantaciones de eucaliptos, debido a problemas fitosanitarios. Actualmente, su tasa de forestación es de 30 mil ha anuales. Sin embargo, este país tiene abundancia de sitios disponibles y un gran potencial edafoclimático para establecer nuevas plantaciones forestales, estimándose que podrían llegar a 3,5 millones de ha plantadas al año 2025. Las nuevas forestaciones se realizan principalmente en terrenos ganaderos, en algunos casos de alta fertilidad, por lo que probablemente tendrán un alto rendimiento volumétrico.El Gráfico 1 presenta la tasa de forestación anual para el período 1994-2002. Se observa que la tasa de forestación en Nueva Zelanda ha ido disminuyendo progresivamente en el tiempo, partiendo en 98 mil ha en 1994 y llegando a 22 mil en 2002. El total de las nuevas plantaciones en el periodo alcanza a 437 mil ha (es decir, un promedio anual de 48.600 ha). En el caso chileno, se observa una caída inicial en la tasa de forestación, pero ésta se estabiliza a partir de 1999. Durante el periodo analizado se acumularon cerca de 496 mil nuevas ha de plantaciones forestales (es decir, un promedio de 55.200 ha anuales).Es importante señalar que en Nueva Zelanda no existen bonificaciones para la forestación, excepto por un limitado programa de protección de suelos en zonas muy expuestas a la erosión. En Chile, en cambio, cerca del 70% de las forestaciones reciben, en promedio, una bonificación de US$ 300 por hectárea, además de asistencia técnica proporcionada por el Estado. Este hecho explica en gran medida por que la tasa de forestación en Chile es mayor; pero si se excluye el programa de forestación campesino, el nivel de plantación de las empresas forestales neozelandesas es superior. En Nueva Zelanda, las plantaciones forestales pertenecen a: una gran empresa forestal que es propietaria de 315 mil hectáreas; 15 empresas que poseen entre 20 mil y 100 mil ha individualmente, y en forma colectiva acumulan cerca de 800 mil ha; y miles de propietarios no-industriales que controlan en conjunto aproximadamente 700 mil ha. La tendencia de los últimos años ha sido desligar la propiedad forestal de la propiedad industrial, lo que ha permitido que empresas de seguros y administradoras de fondos de pensión hayan adquirido una importante superficie de bosques. Los propietarios no-industriales, que tienen una importancia creciente en la tasa de forestación, corresponden principalmente a inversionistas que buscan diversificar su cartera comprando acciones de empresas creadas para administrar predios forestales.En Chile, la tendencia ha sido concentrar la propiedad de las plantaciones forestales, al punto que actualmente las dos principales empresas poseen en conjunto más de 1,05 millones ha en el país (es decir, algo más del 50% de las plantaciones forestales). Las aproximadamente 650 mil ha que pertenecen a propietarios no-industriales corresponden principalmente a inversionistas que realizaron plantaciones forestales en sus propios terrenos. Esta concentración de la propiedad, junto con la integración vertical de la industria forestal chilena, permitió construir recientemente una mega-planta de celulosa en Valdivia, y el que se proyecten inversiones del orden de US$ 3.000 millones en los próximos 5 años. En Nueva Zelanda, en cambio, no se han construido nuevas plantas industriales en los últimos años (aunque sí han mejorado la capacidad instalada), y se proyectan en el futuro cercano inversiones por sólo US$ 290 millones. A continuación, el Cuadro 2 presenta información acerca de la disponibilidad y consumo de madera en Chile y Nueva Zelanda.  Pino radiata (actual)Eucalipto (actual)Pino radiata (2020)Eucalipto (2020)  CelulosaAserraderosFábricas de tableros y chapasExportación de rollizos y astillasFuentes: INFOR, NZ MAF.Se observa que los actuales niveles de disponibilidad de madera son similares en ambos países. La mayor cantidad de pino radiata en Nueva Zelanda se compensa con la mayor cantidad de eucalipto en Chile. A futuro, se estima que se mantendrá la diferencia en pino radiata a favor de Nueva Zelanda, pero el significativo incremento en la disponibilidad de eucalipto permitirá a Chile tener un 25% más de producción total hacia el año 2020.En Chile, el 88% de la madera es industrializada en el país. La producción de celulosa consume actualmente un 36% de la materia prima; proporción que probablemente superará el 45% en los próximos años, cuando estén operando las nuevas plantas, y que continuará aumentando debido a la mayor disponibilidad de eucalipto.En Nueva Zelanda, un 38% de la madera se exporta como rollizos o astillas. La celulosa representa cerca del 18% del consumo de materia prima, proporción que irá disminuyendo en el tiempo. Sin embargo, se proyecta un aumento de la producción de madera aserrada de mayor valor, principalmente del tipo clear (libre de nudos), debido al incremento de la cosecha de bosques podados con más de 27 años de edad. La distribución de los esquemas de manejo aplicados a las plantaciones de pino radiata en Nueva Zelanda es la siguiente: 50% podados sin raleos productivos, 17% podados con raleos productivos, 29% sin podar y sin raleos productivos, y 4% sin podar y con raleos productivos. En este país no es rentable ralear, debido a que existe un mercado reducido para la madera pulpable, el cual se puede abastecer a partir de los rollizos pulpables obtenidos en la cosecha. Esta situación los ha llevado a implementar esquemas de manejo que consideran una baja densidad inicial de plantación (800 árboles por ha), y la realización de 1 o 2 raleos a desecho que dejan alrededor de 250 árboles podados a los 10 años (incluso a edades más tempranas). La cosecha se realiza cuando los rodales tienen entre 27 y 30 años de edad, generando la siguiente distribución típica de productos:ProductoPodadoAserrablePulpableDesechoTotalFuente: NZ MAF. Como contraste, en Chile la realización de raleos productivos es fundamental para el abastecimiento de las plantas de celulosa, lo que lleva a seleccionar esquemas de manejo con mayor densidad inicial de plantación (1.200 árboles por ha), permitiendo hacer hasta dos raleos productivos que dejan una densidad final de 350 a 450 árboles por ha, entre los 16 a 18 años. La edad de cosecha va de 21 a 25 años, con árboles que en promedio tienen 1,2 m3.Un análisis económico comparativo de los esquemas de manejo indica que los propietarios forestales neozelandeses obtienen una mayor rentabilidad por la producción de m ateria prima, ya que, al no tener que supeditar las intervenciones a compromisos de abastecimiento de madera pulpable, pueden orientar más libremente sus decisiones de manejo para maximizar el retorno directo del bosque, obteniendo productos rollizos de mayor valor, con un mejor precio, en un mercado comprador más competitivo.En el Gráfico 2 se presenta la superficie de plantaciones de pino radiata según clase de edad, la que refleja la mayor edad de cosecha promedio de las plantaciones forestales en Nueva Zelanda: En Chile, según las estadísticas disponibles, las actividades de silvicultura y cosecha demandan cerca de 40 mil empleos directos, mientras que la industria forestal primaria requiere de aproximadamente 28 mil empleos directos. En Nueva Zelanda, las mismas actividades, para un nivel de producción similar, demandan sólo 10 mil y 15 mil empleos, respectivamente. Esta comparación demuestra una preocupante baja productividad del sistema laboral chileno, y explica por que los obreros forestales neozelandeses tienen una jornada de 40 horas semanales, con un sueldo bruto que supera los $ 600 mil y muy buenas condiciones laborales, sin que ello afecte la competitividad del sector. Por lo visto, no es casualidad que el ingreso per cápita en Chile sea cercano a US$ 4.500 mientras que en Nueva Zelanda se acerca a US$ 18.500. En Chile, la investigación forestal la realizan múltiples instituciones académicas, principalmente universidades, a través de proyectos de corto plazo contratados directamente por las empresas forestales o mediante los fondos concursables del Estado (también de duración acotada). Por este motivo, los limitados recursos asignados a la investigación se dispersan sin producir innovaciones tecnológicas importantes.En Nueva Zelanda, la investigación forestal se concentra casi exclusivamente en el Forest Research Institute, que tiene una planta de aproximadamente 200 investigadores. Como consecuencia de una decisión estratégica, los recursos para la investigación se están reasignando desde el manejo silvícola hacia las propiedades de la madera y el desarrollo de nuevos procesos para obtener productos de mejor calidad.La estrategia chilena de adquirir tecnología debidamente probada y ?envasada? es ciertamente más barata, pero probablemente no muy económica. En un mundo globalizado y altamente competitivo, la estrategia innovadora neozelandesa tiene al menos dos ventajas fundamentales: permite posicionar nuevos productos con varios años de anticipación en los mismos mercados y permite capturar el conocimiento generado durante el proceso creativo (lo que facilita una rápida adaptación de la tecnología que han desarrollado a nuevas condiciones). No en vano, uno de los criterios que afectan mayormente a Chile en las evaluaciones internacionales de competitividad es nuestro bajo nivel de inversión en Investigación y Desarrollo. Es interesante notar que ambos países, a pesar de tener un sector forestal de similar tamaño y basado principalmente en plantaciones de pino radiata, tienen un desarrollo industrial muy diferente: el sector forestal chileno se orientó prioritariamente a la producción de celulosa, con la consiguiente integración vertical de la propiedad forestal para asegurar el abastecimiento de las plantas, mientras que en Nueva Zelanda se privilegió la producción de madera aserrada de alto valor, separando la propiedad industrial de la forestal. También es interesante notar que, si bien se aplican esquemas de manejo forestal muy distintos en cada país, los esquemas seleccionados están bien adaptados a la estructura de demanda de productos y a las condiciones económicas y laborales propias de cada país.Las principales ventajas de un acuerdo comercial y de cooperación económica entre Chile y Nueva Zelanda estarían en: (1) la posibilidad de promover en forma conjunta las bondades del pino radiata en el mercado internacional de productos forestales, donde la participación de esta especie es todavía limitada (cerca del 2,5% de la producción industrial mundial), y (2) el intercambio de información y experiencias, donde la transferencia de tecnología desde Nueva Zelanda a Chile es una posibilidad cierta en el área de productos elaborados. De hecho, la política oficial de Nueva Zelanda considera que la venta de nueva tecnología productiva surgida de su capacidad innovadora es la principal razón para fomentar activamente el acuerdo con Chile, y posteriormente extenderse a Sudamérica. En relación con las posibles desventajas del acuerdo en cuestión, no se prevé que éste pudiera tener un efecto negativo en el sector forestal nacional.André Laroze Bareyre