Balance de la temporada vitivinícola

Dicha variación es equivalente a 1.528 hectáreas de nuevas plantaciones. De esta forma se ha llegado a cubrir un total de 110.097 hectáreas de viñedos cuya producción de uvas se destina específicamente a la elaboración de vinos.Respecto al incremento total señalado, cabe resaltar que éste se ha originado principalmente por un aumento de 470 hectáreas que exhibieron las plantaciones de viñas de la cepa Cabernet Sauvignon. Ésta, que ya totaliza 39.371 hectáreas de plantaciones, ha alcanzado una participación de 36% y sigue siendo la cepa de mayor cobertura en el viñedo chileno. También destacan los incrementos de 240 hectáreas que tuvieron las plantaciones de Carmenére, que, con 6.045 hectáreas totales y un incremento de 4,1% respecto al año anterior, representa el 5,5% del total; y las 121 hectáreas en que crecieron las plantaciones de Syrah, que ya está cubriendo 2.468 hectáreas, mostrando una variación de 5,1% respecto al año anterior.Todo lo anterior se refiere a las variaciones de áreas ocupadas por cepajes tintos, que en conjunto representan el 76% del área total del viñedo chileno para vinificación. También es altamente destacable el aumento de 4,6%, equivalente a 327 hectáreas, que en el último año experimentaron las plantaciones de viñedos de Sauvignon Blanc, que con 7.368 hectáreas, participa de un 6,7% del área total del viñedo chileno. Esta cepa ha emprendido en los últimos años un proceso de recuperación del liderazgo que tuvo hace algunos años entre los cepajes blancos, donde la Chardonnay todavía sigue siendo la dominante, con 7.565 hectáreas.El detalle de todas estas variaciones y de cómo han ido evolucionando las plantaciones de las principales variedades de vides para vinificación durante los últimos diez años puede apreciarse con mayor claridad a través de los antecedentes proporcionados en el Cuadro 1.En relación a estos últimos antecedentes, vale la pena resaltar que la variedad Merlot, que tuvo un rápido desarrollo entre los años 1994 y 2000, en estos últimos cuatro años ha permanecido prácticamente estancada en torno a 12.900 hectáreas, presumiblemente debido al auge que en este mismo lapso ha experimentado la variedad Carmenére, que presenta características muy similares a las de aquélla y que, dada la condición de que actualmente casi no se encuentra presente en otras partes del mundo, aparte de Chile, podría constituirse en una especie de sello de identidad de los vinos chilenos en los mercados internacionales.Por otra parte, también se percibe el estancamiento, retroceso incluso, de las variedades consideradas más corrientes, como es el caso de la País, entre los cepajes tintos, y de la Semillón, entre los blancos.Entre las variedades emergentes con mayor proyección es interesante hacer presente la evolución que vienen presentando en los últimos años las plantaciones de Cabernet Franc, además de lo ya destacado respecto a Syrah. La producción chilena de vinos del año 2004, en la que se incluyen vinos elaborados con uvas de vides para vinificación y con uvas para consumo fresco, experimentó una contracción de 5,7% respecto a la de la campaña anterior, alcanzando a 630 millones de litros. En el primer caso la disminución fue de 5,6%, llegando a los 605 millones de litros, en tanto que la elaboración de vinos de variedades para consumo fresco bajó 9,2%, totalizando 24,9 millones de litros.El comportamiento que han tenido ambas producciones a través de los últimos 14 años puede apreciarse en el Gráfico 1, donde también se observa que, a pesar de la baja, la de 2004 es una de las mayores cosechas de los últimos quince años.De acuerdo con un informe que elabora la Asociación de Ingenieros Agrónomos Enólogos, entre los factores que influyeron en tal disminución de cosecha está primordialmente un adelantamiento de alrededor de 10 a 15 días (un poco menos en los tintos y algo más en los blancos) que se produjo en la manifestación de los niveles de madurez esperados para iniciar la vendimia. Esta situación se verificó en casi todas las zonas y para la mayoría de las variedades. A este factor se unió una apreciable disminución del peso de las bayas que se observó durante la última temporada, probablemente por efecto de las condiciones meteorológicas reinantes durante la primavera y el verano pasados, principalmente los calores de esta última estación, y debido a un manejo hídrico restringido, que es buscado en algunas variedades para mejorar su calidad organoléptica y concentración.Sobre el comportamiento meteorológico cabe hacer presente que la temporada 2003-2004 se caracterizó por haber presentado un invierno normal en la mayor parte del país, con niveles de precipitaciones similares al promedio histórico y concentradas en este período, registrándose temperaturas frías de acuerdo a lo que se espera para esta estación. La primavera, por su parte, estuvo más calurosa en gran parte del país, con muchos días despejados, pero también con mayor cantidad de días nublados, registrándose chubascos leves durante la floración en algunos casos. Sin embargo, hubo también zonas con primaveras frías, con presencia de heladas, como fue en los valles de Casablanca y San Antonio y algunos sectores de la zona de Curicó. El verano, a su vez, se caracterizó porque enero y febrero estuvieron bastante cálidos, siendo el factor más llamativo las temperaturas inusualmente altas registradas en el mes de marzo. Aunque durante la temporada de cosecha se registraron algunas lluvias en distintas zonas del país (dos en marzo y una en abril), éstas no tuvieron gran trascendencia para la mayor parte de las uvas cosechadas.Las variedades más afectadas por la baja de producción fueron Merlot, Chardonnay y Cabernet Sauvignon. En el caso de la primera se apreció alta deshidratación de racimos, relacionada con su susceptibilidad a las altas temperaturas y a condiciones de restricción hídrica. Esta situación ya había sido observada en temporadas pasadas, pero en este año fue particularmente grave, por lo que sigue siendo materia de investigación para dar solución al problema.En aspectos de calidad, el informe de los enólogos precisa que en general los vinos de la cosecha 2004 presentaron calidades buenas a muy buenas en la mayor parte del país. Precisan, asimismo, que las uvas blancas, al igual que en los últimos dos años, han seguido la tendencia a cosecharse más tempranamente, produciendo vinos frutales, frescos y de interesantes aromas. En algunas zonas del país, sin embargo, las altas temperaturas del verano hicieron disminuir la intensidad aromática de los vinos, en relación a los del año pasado.Para los vinos tintos, se observó una alta proporción de vinos de calidad extraordinaria, como es el caso de muchos Syrah, destacando que los vinos de esta temporada son, en su mayoría, de muy buenos colores, de buen cuerpo, redondos, altamente frutales y de buen balance de acidez natural, aunque se registraron algunas excepciones en esta materia (madurez no equilibrada), principalmente debido a los efectos de las temperaturas elevadas del verano.Respecto a la incidencia de las precipitaciones de marzo y abril de 2004 en algunas localidades, se estima que no tuvieron mayor trascendencia. Esto se explica parcialmente por el adelanto de la cosecha, que en blancos tuvo como objeto lograr vinos más frescos y frutales, saliendo una gran proporción de ellos sin lluvia. En el caso de los tintos, también hubo adelanto en la cosecha en buena parte del país, en especial para los vinos con destino a varietales y graneles, recibiéndose uvas de buena concentración, maduras y sanas. Las uvas cosechadas más tarde en la temporada, se recibieron en su gran mayoría perfectamente sanas, debido en gran medida al equilibrio alcanzado en los viñedos del país. La baja carga frutal de la vid que se utiliza hoy, los deshojes oportunos, la adecuada ventilación de los racimos, las bayas más pequeñas de esta temporada y las pieles más resistentes producto de una buena exposición solar, han contribuido en su conjunto a tener una buena calidad en las uvas cosechadas, con mayor madurez para los vinos de reserva, mostrándose hoy los vinos con muy buenos colores y concentraciones. Las fermentaciones alcohólicas, en general, fueron normales para la mayoría de los vinos blancos, en tanto que para los tintos fueron algo lentas debido al alto nivel de madurez y concentración de las uvas.Por otra parte, se debe considerar que, como resultado de la menor producción de vinos del año 2004, sin duda las existencias se verán reducidas al final del ejercicio, en particular si nuevamente se incrementan las ventas internas y los volúmenes exportados de vinos experimentan un incremento considerable, tal como se ha venido apreciando a lo largo de todo este año.Cabe hacer presente que al final del a&nt ilde;o 2003 las existencias de vinos consignadas por el SAG indicaban que había un volumen total de 600 millones de litros, cifra que es la más alta registrada en la historia y que supera en un 5% a la de finales del año anterior. Se estimó, asimismo, que el consumo total aparente de vino en el país alcanzó a poco más de 255 millones de litros, el que se incrementó en más de 11% respecto al del año anterior, siendo dicha cifra equivalente a 16,2 litros por habitante al año (22,3 litros per cápita al año para los mayores de 15 años). Se presume que las cifras de consumo nacional podrían seguir incrementándose durante el año 2004, teniendo en cuenta que, por efecto de agresivas promociones y de ofertas a precios atractivos para los consumidores, se estarían detectando mayores índices de ventas internas que en el año pasado en varias de las más importantes empresas vitivinícolas del país. Por otra parte debe recordarse que hasta no hace muchos años se registraban niveles de consumo por habitante bastante mayores que los señalados.En términos bastante aproximados se ha estimado que, por efecto de la menor cosecha de vinos de 2004 y de los incrementos esperados de consumo interno y de exportaciones, las existencias finales de vinos del año 2004 podrían disminuir a un nivel cercano, incluso inferior, a 550 millones de litros, esto es, cerca de 8% menos que en el año anterior. De materializarse este pronóstico, sin duda significará una condición de holgura en cuanto a capacidad de almacenaje disponible, el que será bastante favorable para los productores de uva antes de iniciarse la vendimia del año 2005. Esto debería repercutir en que los precios de la uva a productor al menos se mantengan, y probablemente en varios casos aumenten, en comparación con los registrados en la campaña anterior, aunque siempre debe tenerse en cuenta que el aspecto de calidad es altamente determinante en esta materia. Sobre la base de las consideraciones anteriores, vale la pena hacer presente que durante la vendimia 2004 se observó también un mejoramiento de los precios de la uva para vinificación, principalmente en las variedades con potencial exportador y en las mejores calidades.Al respecto, la información referencial publicada en medios especializados da cuenta, por ejemplo, que la uva Cabernet Sauvignon para vinos genéricos tuvo un incremento de precio desde $ 70 por kilo en la cosecha de 2003 a $ 100 por kilo en la de 2004. Para vinos varietales los precios de las uvas de esta misma cepa tuvieron un comportamiento variable dependiendo de la zona, observándose un alza de $ 220 a $ 250 por kilo en el valle del Maipo, de $ 190 a $ 200 por kilo en el valle de Colchagua y una disminución de $ 190 a $ 180 por kilo en los valles de Curicó y Maule. Para vinos reserva, entretanto, el incremento fue de US$ 0,55 a US$ 0,65 por kilo, en particular en el valle del Maipo.Los incrementos y niveles de precios de los Merlot y Carmenére fueron similares a los anteriores para la categoría de los genéricos, en tanto que los varietales se movieron de $ 200 a $ 240 por kilo en el Maipo, de $ 200 a $ 220 en Colchagua y de $ 160 a $ 180 en Curicó y Maule. Los reserva mejoraron desde US$ 0,50 por kilo a US$ 0,55 en Colchagua y a US$ 0,60 en el Maipo.En cuanto a las cepas blancas, se advierte que también hubo cambios importantes, tal vez más significativos, en particular en el caso de las uvas Chardonnay para varietales, que tuvieron alzas de alrededor de $ 100 por kilo de uva, alcanzando niveles de precios entre $ 280 y $ 300 por kilo, dependiendo de la zona. En el caso de las uvas para reserva, se registraron valores del orden de US$ 0,75 por kilo en el valle de Casablanca, elevándose cerca de 15% respecto al año anterior. En el caso de las uvas Sauvignon Blanc, para genéricos, aumentaron 20% hasta alcanzar los $ 150 por kilo en prácticamente todas las zonas, en tanto que las destinadas a varietales llegaron a $ 200 por kilo, con incrementos de entre 5% y 17%, según la zona (mayores en la zona de Curico y Maule que en la VI Región). Las uvas para vinos reserva de esta variedad alcanzaron hasta US$ 1 por kilo en el valle de Casablanca, pero se ubicaron en torno a los US$ 0,50 a US$ 0,55 en el resto del país.Adicionalmente, cabe destacar que los vinos a granel también han mostrado una evolución favorable de sus precios, siguiendo, de alguna forma, la trayectoria de los valores de las uvas registrados durante la vendimia pasada. Es así como, de acuerdo a la información disponible en ODEPA, el precio del vino a granel Cabernet Sauvignon se ubicó en $ 12.000 por arroba ($ 300 por litro) desde mediados del año en curso. En la misma época del año pasado se cotizaba entre $ 8.000 y $ 10.000 por arroba. De esta forma llegó a su mayor valor de los últimos cuatro años, luego de una fuerte caída observada entre fines del año 2000 y el año 2003. Antes del segundo semestre de 2000 había llegado a cotizarse a más de $ 20.000 por arroba, bajando luego hasta situarse entre $ 5.500 y $ 7.300 por arroba durante gran parte de los tres años siguientes. En los vinos Burdeos (mezclas tintas), por su parte, se están alcanzando niveles de precios de $ 11.000 por arroba, habiendo registrado cotizaciones de $ 4.300 por arroba hasta hace poco más de un año y de entre $ 6.250 y $ 8.500 por arroba durante el segundo semestre de 2003 y gran parte del primer semestre del año en curso. Un comportamiento similar se observa en los casos de los vinos País y Semillón, cuyos precios más recientes se sitúan en niveles de $ 8.000 y $ 13.000 por arroba, respectivamente. Hasta el primer semestre del año pasado sus valores eran inferiores a $ 7.000 por arroba, habiendo incluso llegado a situarse por debajo de los $ 2.000 por arroba durante el año 2001.A través de estos últimos antecedentes aportados se advierte, en consecuencia, una clara manifestación de la firmeza que exhibe actualmente el mercado chileno del vino, principalmente debido a la estabilidad del equilibrio logrado entre la oferta nacional y la demanda conjunta del consumo interno y las exportaciones. Esta condición está permitiendo mantener precios firmes y en alza, tanto para las uvas destinadas a la producción de vino como para los propios vinos que se transan a granel en el mercado abierto (no de contratos).Considerando la holgura que hoy por hoy existe en la capacidad instalada de proceso y de almacenamiento de vino, en particular si se materializa la disminución de existencias prevista para fines del año 2004, se pronostica que durante la cosecha de 2005 continuarán los precios mejores que se han estado observando para las uvas destinadas a la vinificación. No obstante, se advierte que es probable que algunos productores no consigan tales niveles de cotización, sobre todo si no logran entregar uvas de la calidad requerida por los compradores.Del mismo modo, se plantea la advertencia respecto del entusiasmo en invertir en nuevas plantaciones que pueden generar estas condiciones favorables del mercado. Se postula que, si bien a corto o mediano plazo es admisible un cierto incremento del área plantada con viñedos de cepas para vinificación, previendo que los volúmenes exportados y el consumo interno seguirán experimentando variaciones positivas, se advierte que un aumento explosivo de estas plantaciones puede volver a generar s ituaciones de sobreoferta cuando estos nuevos viñedos comiencen su etapa productiva. Se precisa asimismo que las nuevas plantaciones deberían ubicarse en sectores privilegiados para conseguir los mejores índices de calidad, q e prestigien internacionalmente a nuestros vinos. En definitiva, se recomienda bastante cautela al momento de adoptar decisiones para efectuar nuevas inversiones en este rubro, contando con muy buena información técnica y económica, así como también con un alto grado de profesionalismo, de modo de evitar que se repitan situaciones de sobreoferta que, en definitiva, afectan a todo el mercado y pueden comprometer el desarrollo futuro del sector en su conjunto. Respecto a este tema se observa que el año 2004 ha sido particularmente favorable, previéndose que las cifras finales del año mostrarán transacciones de vinos a mercados externos por un monto superior a US$ 830 millones y que el volumen total de exportación posiblemente superará los 470 millones de litros.Las cifras registradas hasta octubre último dan cuenta que el monto de las exportaciones totales de vinos superaba en un 22,8% a las de igual período del año anterior, llegando a US$ 680 millones, prácticamente lo mismo que se había logrado en todo el año anterior. Si se proyecta tal porcentaje de variación sobre la cifra total de 2003, se concluye que las exportaciones totales de vinos de 2004 podrían ser de unos US$ 837 millones; por lo tanto, en forma relativamente conservadora podría afirmarse que en lo que resta del año podría materializarse la meta planteada anteriormente. En todo caso, no cabe casi ninguna duda de que se sobrepasarán los US$ 800 millones en exportaciones de vinos.En cuanto a volúmenes, se registra un 17,7% de incremento entre enero y octubre de este año respecto a igual período de 2003. En este período se han exportado 389 millones de litros, faltando bastante poco para llegar a los 409 millones de litros exportados en todo el año anterior. La proyección realizada con la misma metodología que para el caso de los valores indica que en el año 2004 podría llegarse a una exportación total de 474 millones de litros de vino.Por otro lado, el hecho de que los valores se hayan incrementado porcentualmente más que los volúmenes, significa que se ha producido una importante variación positiva de los precios promedios de exportación. En efecto, el precio medio entre enero y octubre de 2003 fue de US$ 1,68 por litro, mientras que en el mismo período de este año subió a US$ 1,75 por litro. El incremento, en consecuencia, es de 4,3%, lo que indudablemente constituye un hecho de gran significación, luego de la baja que habían experimentado estos valores en años recientes y sobre todo considerando el mercado internacional altamente competitivo que se aprecia cada vez más.En relación a este mejoramiento de los precios promedios, cabe resaltar que se produjo a pesar de que se ha notado cierto incremento de la proporción de vinos a granel que se ha estado exportando, que normalmente tienen un valor unitario bastante menor que el de los vinos embotellados. Este año los vinos a granel están representando un 15,2% del monto total de estas exportaciones y un 42,4% del volumen, mientras en 2003 estas participaciones eran de 12,8% y 39,9%, respectivamente. No obstante, este año están alcanzando un precio promedio de US$ 0,63 por litro en comparación con US$ 0,54 del año pasado. Los vinos embotellados, por su parte, han subido de US$ 21,90 por caja de 12 botellas (9 litros por caja) a US$ 23,15 por caja, mientras su participación ha disminuido de 87% a 84,5% en valor y de 59,9% a 57,4% en volumen.En cuanto a mercados, más allá de que Europa sigue concentrando una participación cada vez mayor de los envíos de vinos chilenos (56,7% del valor y 60,1% del volumen), se aprecia que el Reino Unido se ha consolidado como el principal país de destino para estas exportaciones, totalizando hasta octubre último operaciones por US$ 132 millones y 70,3 millones de litros. Estados Unidos se mantiene en segunda posición, con US$ 117 millones y 46 millones de litros, ubicándose a continuación Alemania, Dinamarca, Canadá, Irlanda, Japón, Holanda y Suecia.En definitiva, estos antecedentes dan cuenta de un comportamiento bastante favorable en cuanto a exportaciones de vinos durante el último año, condición que permite proyectar cierto optimismo respecto a lo que se pudiera conseguir en 2005. No obstante, se debe tener en cuenta que los competidores en el mercado internacional se muestran cada vez más agresivos, de forma tal que las ventas en los mercados de destino suelen ser crecientemente difíciles. En esta competencia, indudablemente resultan ganadores quienes ofrecen mejores calidades, precios más atractivos y seriedad en el cumplimiento de las condiciones estipuladas.En este sentido, cabe destacar que un apoyo significativo al incremento de estas exportaciones han sido las campañas genéricas de promoción de vinos chilenos que, con el apoyo del Fondo de Promoción de Exportaciones Agropecuarias del Ministerio de Agricultura, se han emprendido a través de Wines of Chile en los principales mercados de destino de los vinos chilenos exportados. Se resalta también que, al margen de las actividades de promoción de vinos chilenos que se ejecutan en mercados europeos, norteamericanos y asiáticos, ya se cuenta con oficinas abiertas en el Reino Unido y en Estados Unidos, que sirven de inapreciable apoyo a estas acciones y permiten observar más de cerca el comportamiento de los mercados, tanto desde el punto de vista de aceptación de nuestros vinos como de comportamiento de la competencia.Todo lo señalado permite esperar con cierto optimismo el comportamiento futuro de corto plazo de estas exportaciones, aunque siempre habrá que tener presente la rivalidad que cada día están ejerciendo con mayor fuerza nuestros competidores. Como síntesis de todo lo que se ha expuesto puede señalarse que: En esta área, además del dominio de Cabernet Sauvignon, destaca el avance experimentado por variedades como Carmenére, Syrah y Cabernet Franc, entre los tintos, y la recuperación de Sauvignon Blanc, entre los blancos. La producción total de vino de 2004 tuvo una caída de 5,7% respecto a la del año anterior, la que se debió en gran parte a que las condiciones meteorológicas de la primavera y el verano pasado influyeron en una apreciable disminución del peso de las bayas. No obstante, se considera que ésta fue una buena cosecha en términos de calidad.

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