Temporada de trigo

Se estima que el comercio mundial en 2004/2005 llegará a 106,27 millones de toneladas, descendiendo en tres millones de toneladas en relación con el año anterior. La consecuencia más importante de esta significativa variación de la producción y aumento previsto en el stock final es la reducción de los niveles de precios internacionales. En general, el precio mensual del trigo en 2005 se ha ubicado entre los que se observaron en los dos años anteriores. El precio argentino se mostró muy fluctuante en el último tiempo, de manera que en enero de 2005 llegó a ser sólo dos tercios del precio de igual mes de 2004. Esta situación ha venido cambiando (en mayo es sólo 15% menor) y probablemente en el segundo semestre se ubicará por encima del precio de los meses correspondientes de 2004. En cambio, el precio del trigo Soft Red Winter, si bien fue mucho más estable, mostró una brusca baja en abril de 2005, que se mantuvo hasta inicios de mayo. No obstante, esta situación ha cambiado con posterioridad y se ha producido un repunte parcial originado en la incertidumbre sobre el posible impacto en la producción de la escasez de agua caída en algunas de las principales zonas productoras de los Estados Unidos. Los precios del trigo Soft Red Winter en el mercado de futuros están bastante firmes. El trigo Hard Red Winter, en cambio, muestra una baja coincidente con el período de cosecha. En su inicio, el año triguero 2004/05 mostró una gran similitud con el año anterior (2003/04), en que se obtuvo un volumen de cosecha récord, muy cercano al autoabastecimiento del país. En efecto, hasta el término del invierno, sus características eran prácticamente idénticas en los dos años. Fue en la primavera donde se establecieron todas las diferencias. La primavera del año 2004 fue absolutamente atípica, de principio a fin: predominaron los días nublados, con escasa luminosidad, deficiencias de temperatura, lluvias intermitentes con predominio de temperaturas bajas. En resumen, la primavera no fue propicia para obtener un resultado productivo como el del año anterior, se produjeron ataques de hongos (regiones VII, VIII y IX) y los rendimientos bajaron, aunque en algunas regiones más que en otras. Las estimaciones preliminares de rendimiento por región nos indican una disminución del orden de 7,5 % en el rendimiento ponderado a escala nacional. El volumen de cosecha que se obtendría según esta primera estimación se sitúa en una cantidad algo menor a 17,8 millones de quintales a escala nacional. En la Novena Región, la más importante productora de trigo en el país, se pudo apreciar que los rendimientos en el sector costa subieron en aproximadamente un 8%. En el llano central y en la precordillera los rendimientos habrían bajado en 10%. Se estima que el rendimiento general en la región se redujo en 5%. En la Octava Región, se estima una baja de 10 % en la provincia de Ñuble y una mayor en la provincia de Bío Bío. El sector de secano en precordillera mostró una disminución del orden de 20% y el sector de riego bajó en un 10%, afectado por el exceso de lluvias en la primavera. Se observaron ataques fungosos. Se estima que la VIII Región en su conjunto alcanzó un rendimiento de 38,6 quintales, bajando en un 12,8 % en comparación con el año pasado. En la VII Región los rendimientos habrían bajado en promedio en un 15 %. Por su parte, en la Décima Región se habría producido un leve descenso del orden de 5 % en los rendimientos. En el resto del país se apreciaron rendimientos similares a los del año anterior. La comercialización del trigo se inició con un precio menor que el esperado por los productores. El precio en la Argentina era bajo, lo que hizo que estuviera vigente el piso de la banda, obligando al establecimiento de derechos específicos, llegándose así a un costo de importación de US$ 180 por tonelada, puesto molino en Santiago, equivalente a unos $ 10.300 por quintal, dada la tasa de cambio vigente. Esto permitía un pago interno de aproximadamente $ 9.600, considerando gastos medios financieros y de guarda para una cosecha relativamente grande. El precio interno en Santiago fue algo inferior y osciló entre $ 8.600 y $ 9.200, para trigos débil y fuerte, respectivamente, lo que no alcanzó a permitir una acción reguladora de COTRISA. En el sur, sin embargo, la situación fue diferente. A medida que el precio se alejaba de Santiago se iba generando una brecha mayor que el solo costo del flete, de manera que en la IX Región llegó a alrededor de $ 7.000 por quintal. Ante esto COTRISA intervino abriendo poderes compradores por cuenta de molinos de regiones más al norte, con precios levemente mayores que los vigentes en los mercados locales. Dado que la amenaza de importación de harina argentina elaborada con trigo artificialmente barato era un peligro latente que influía en el precio interno de la harina y, por lo tanto, del trigo nacional, la Comisión Nacional de Distorsiones acogió una denuncia en relación a impuestos de exportación diferenciados entre los productos de la cadena del trigo en la República Argentina y estableció una salvaguardia provisoria de 17% a la importación de harina argentina. Ésta fue ratificada en forma definitiva el 4 de marzo de 2005 y estará vigente hasta diciembre del mismo año, con la posibilidad de ser prorrogada por un año más. No obstante, esta medida no influyó mayormente en el precio interno. En un principio los productores intentaron guardar parte de sus cosechas, pero poco a poco las fueron comercializando, y se puede decir que una parte muy importante de la cosecha de este año se vendió en precios muy bajos. Ya bastante avanzada la comercialización, no queda mucho trigo en poder de los productores que pudiere aprovechar el repunte que se ha observado en el precio. Éste se ha debido en parte al avance del año, que significa normalmente un incremento del precio, dado que se reducen los costos futuros de guarda para los molinos. Sin embargo, en este caso ha influido también el aumento que se ha observado en el precio del trigo argentino, que ha sobrepasado el piso de la banda, de manera que desde abril ya no existen derechos específicos a la importación. La tasa de cambio ha permanecido aproximadamente estable, con algunos altibajos ocasionales. Al momento actual (fines de mayo), el trigo argentino presenta el siguiente costo de importación, por tonelada métrica: Con un valor del dólar de $ 575, el costo anterior significa aproximadamente $ 107.770 por tonelada o, lo que es lo mismo, $ 10.780 por quintal métrico. El precio interno se ha acercado bastante a un costo de importación como el citado, pues en la actualidad el precio del trigo fuerte (con un contenido de gluten húmedo superior a 28%) ha llegado a $ 10.500 por quintal, en tanto el trigo con gluten entre 25 y 28% se transa en $ 10.300; con 22 a 25%, alrededor de $ 9.600, y el débil, con menos de 22% de gluten húmedo, en $ 9.000 por quintal. El resultado económico para los productores de trigo en la temporada 2004/2005 distó de ser positivo. Por esta razón se visualiza una importante baja en la superficie de siembra para la temporada 2005/06, que podría llegar a 20% en las principales zonas productoras. En la Octava Región, donde la siembra de trigo en el año 2003/04 fue de unas 110.000 hectáreas, podría haber una reducción aproximada de 22.000 hectáreas. Esta área debería repartirse entre otros cultivos que se visualizan como sustitutos del trigo harinero, que en la zona son limitados. Trigo candeal, que podría ser interesante para los agricultores, considerando las condiciones que ofrece la industria (precio del trigo fuerte puesto Santiago más 7%, con un mínimo de $ 11.200 por quintal), que podría crecer hasta llegar a unas 8.000 hectáreas en la región, aumentando en 2.000 hectáreas la superficie de siembra del año anterior; Avena, qu e aumentaría en unas 4.000 hectáreas la superficie sembrada en el año 2004/05, especialmente en terrenos que fueron sembrados con trigo; Cebada cervecera, cultivo que podría subir unas 4.000 hectáreas en la Octava Región, también con una activa campaña de la industria; Raps, que se estima que podría subir unas 1.000 hectáreas en la región y, Achicoria, nuevo cultivo industrial que parte en esta temporada, para el cual se proyectan 3.500 hectáreas en Bío Bío y Malleco y ocuparía aproximadamente 2.000 hectáreas en la VIII Región. El resto de la superficie de trigo reemplazada en esta región sería destinada a praderas, principalmente para ganado de carne. En la IX Región la superficie sembrada con trigo debería bajar unas 33.000 hectáreas. Las alternativas posibles son aproximadamente las mismas que en la VIII Región, a las que se agrega el lupino. La cebada cervecera tiene toda una tradición en la región y podría subir unas 5.000 hectáreas, en tanto la avena aumentaría unas 10.000 hectáreas. El raps también es un cultivo tradicional en la región y se espera que en esta temporada podría alcanzar unas 15.000 hectáreas, de las cuales unas 10.000 estarían en la IX región. El lupino podría aumentar unas 3.000 hectáreas adicionales a las 25.000 del año pasado. La achicoria en Malleco podría alcanzar unas 1.500 hectáreas, según lo proyectado por la empresa. De esta manera, la superficie total de cultivos que sustituirían al trigo alcanza a unas 29.500 hectáreas en la IX región, y el resto podría destinarse también a praderas. En la X región, la superficie de trigo harinero podría reducirse en 6.000 hectáreas, que serían reemplazadas en un pequeño porcentaje por el raps, que ocuparía 2.500 hectáreas, y el resto debería derivar hacia las praderas (3.500 hectáreas). En el resto del país habría pequeñas disminuciones de la siembra de trigo harinero, que en su parte de riego deberían ser ocupadas por tomate industrial, semilleros diversos, alfalfa, hortalizas, viñas y frutales. Una reducción de la superficie sembrada con trigo harinero en el país podría acercar el precio interno al costo de importación, al menos en mayor grado que en este año. Por otro lado, el precio internacional se observa firme y en el momento actual parece poco probable que sea inferior al de este momento. Las últimas proyecciones del USDA ratifican lo anterior, al mostrar una producción mundial inferior en 1,5% a la del año 2004/2005 y una demanda que crece en alrededor de 2%. Esto se traduciría en una pequeña baja en las existencias finales para el año, todo lo que hace que la relación entre ese stock final y el consumo anual sea más estrecha, aunque siempre superior a la del año 2003/2004. De lo anterior podría deducirse que, salvo que se produzca una fuerte baja en el precio interno del dólar (contra lo que sería factible asegurarse), el precio en pesos del trigo producido en la temporada 2005/06 podría ser algo superior al que rigió en la temporada recién pasada. No obstante, es probable que el mal resultado económico de esta temporada influya más y se produzca efectivamente la reducción descrita anteriormente, según las intenciones de siembra investigadas en el otoño de 2005. Antonio Ochagavía Iñiguez