Acuerdos comerciales suscritos por Chile

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Issue Date:
2005-07-08
estudiosArtículos

La liberalización del comercio es un objetivo que la comunidad internacional ha venido persiguiendo, con mayor o menor éxito, desde hace muchos años, bajo la convicción de que favorece el intercambio, promueve el desarrollo y en definitiva, aumenta el bienestar de la población. Es así que desde la creación del GATT en la segunda mitad de los años 40, una proporción cada vez más mayoritaria de los países del mundo han venido reuniéndose periódicamente para acordar rebajas de los aranceles aduaneros de los productos y, últimamente, han incorporado también a las negociaciones temas asociados a los servicios, la inversión y la propiedad intelectual vinculados al comercio. En la actualidad son pocos los países que sostienen la conveniencia del aislamiento económico y aun aquellos más conocidos por sus restricciones de acceso, lo hacen más por la dificultad de modificar grandes esquemas proteccionistas de larga data, que por convicción de principios. El tránsito entre una situación de encierro económico y otra de libre competencia es un proceso lento y complejo. A partir de la Ronda Uruguay del GATT, hoy OMC, la comunidad internacional renovó sus esfuerzos por liberalizar el comercio y como sabemos, por primera vez el intercambio de productos agrícolas fue ampliamente discutido e incorporado efectivamente a la normativa internacional. En Latinoamérica, paralelamente al evento mencionado, la mayor parte de los países realizó esfuerzos de apertura comercial, más allá de los compromisos exigidos por los términos del acuerdo de Marrakech, y hoy la circulación de bienes es mucho más libre que antes de la Ronda. Nuestro país fue de los primeros en optar por una estrategia de apertura comercial y de libre competencia y por una activa vinculación económica con la región, en primer lugar, y con el mundo en general, en segundo término, bajo el principio denominado Regionalismo Abierto, que hoy comparten muchos países. En nuestro país no se discute hoy día sobre las bondades de la apertura comercial, sino respecto a la forma y velocidad más convenientes para llevar adelante el proceso. En la práctica, la apertura comercial tiene tres vías alternativas de ejecución que pueden usarse de manera complementaria, puesto que las disposiciones que las reglamentan así lo permiten. La primera es la acción multilateral, que es la fórmula utilizada en el GATT, hoy OMC, que consiste en un proceso reiterativo de negociaciones al cual concurre una gran cantidad de países vinculados por la normativa de la Organización. Desde su creación en el año 1947 el GATT ha efectuado 8 rondas de negociación y ha conseguido hasta la fecha una rebaja muy sustancial de los aranceles. Actualmente se está en el proceso de negociación de la Ronda de Doha o Ronda del Desarrollo. La segunda es la fórmula unilateral, que consiste en la rebaja de los aranceles por parte de un país sin que se negocie a cambio una acción similar de parte de terceros. La tercera opción, por último, es el desmantelamiento arancelario bilateral. Este consiste en la liberalización concertada de los aranceles entre dos países, o dos partes en negociación, con el propósito de facilitar e incrementar el comercio mutuo. La política adoptada tempranamente por nuestro país consulta la utilización de las tres vías y es lo que se ha venido practicando simultánea o alternadamente en los últimos años. Inicialmente se adoptó un proceso acelerado de desgravación unilateral que, finalmente, nos condujo al arancel de 11% que rigió hasta Diciembre de 1998. A partir de Enero de 1999 el país inició un nuevo esfuerzo por la vía unilateral para llevar el arancel de 10% a 6% en cinco años. Conjuntamente con lo anterior, se ha mantenido el interés por participar en los procesos multilaterales de liberalización comercial y es así que Chile desarrolló una activa labor en las dos últimas rondas de negociaciones del GATT, la Ronda Tokio y la Ronda Uruguay, y consolidó en la primera su arancel a un nivel parejo de 35% ad valórem y en la segunda, a un nivel de 25%. En este último caso hubo una consolidación a un nivel más elevado, de 31,5%, para un grupo de productos agrícolas tradicionales considerados de particular sensibilidad. El país ha venido desarrollando también una laboriosa actividad en materia de asociación económica y comercial en el ámbito bilateral. Esto, con la convicción de que es una acción complementaria a las anteriores, de directa y relativamente rápida facilitación e incremento del comercio. Los mecanismos bilaterales han determinado que una parte importante de los bienes de exportación de Chile estén liberados ya de aranceles en los mercados de las contrapartes. Esto, en atención a que casi todos los acuerdos contemplaron listas de liberación inmediata a partir de la entrada en vigencia de los mismos, para los productos de menor sensibilidad o para aquellos con patrimonio histórico importante. Si se hace un análisis de la situación arancelaria de nuestro país en el mediano plazo, se aprecia que, en breve, estaremos exportando la mayor parte de nuestros productos agrícolas sin arancel a prácticamente la totalidad de las contrapartes comerciales. Como se indicó, la libertad de comercio es un objetivo deseado por la mayoría, pero, necesariamente, trae consigo cambios que demandan modificaciones en la estructura productiva y en los procesos de producción y de comercialización. La apertura comercial tiene dos caras: por una parte, facilita las exportaciones al diversificar los mercados y mejorar el acceso a los mismos. También, permite abaratar los costos de producción rebajando los precios de los insumos importados. Pero por otro lado, reduce los precios de ingreso de los productos que compiten con la producción nacional cuya opción básica es el mercado interno. Teniendo en cuenta esta realidad, el país adoptó en la negociación de los acuerdos, incluso en las negociaciones multilaterales como se indicó anteriormente, un patrón de conducta respecto a los productos más sensibles, particularmente los agrícolas. Este consistió en lograr que las desgravaciones correspondientes se inicien lo más tarde posible. Así, los productos más importantes como aquellos vinculados a las bandas de precios, mantendrán su situación arancelaria invariable por diez o más años a partir de 1996. El mecanismo de bandas, por su parte, ha quedado en todos los casos debidamente resguardado. Sin embargo, es ineludible que el sector y la economía se adapten a las nuevas condiciones que, por lo demás, en el largo plazo deben beneficiarlos. Es preciso descubrir y utilizar las ventajas naturales, tanto como ejercitar y renovar las ventajas competitivas de gerencia y administración. Es indispensable encontrar y emplear la tecnología más apropiada para competir. El proceso de tránsito hacia el mercado abierto afecta, sin embargo, de distinta manera a los diferentes agentes económicos, según el tipo de actividad que desarrollen, el tipo y calidad de los recursos con que cuenten, los niveles tecnológicos alcanzados, y muchos otros factores. Ha sido preocupación de la autoridad obtener las mayores ventajas para que aquellos con potencial comercial puedan ampliar su desarrollo y de la misma manera, se ha cuidado de proporcionar el tiempo suficiente para aquellos casos en que sea necesario hacer cambios para lograr niveles competitivos en la misma u otra actividad. Corresponde al sector privado valerse de estos esfuerzos en beneficio propio y del país en general. Las materias comentadas son, sin duda, de la mayor trascendencia para la toda la comunidad y en particular para el sector agrícola nacional. No constituyen, desgraciadamente, un tema fácil y el conocimiento que sobre ellas existen es escaso y con más frecuencia que la deseable, es confuso. La información que se presenta en esta sección está destinada a proveer a los agentes interesados y opinión pública en general, de los antecedentes necesarios para mejorar su conocimiento y comprensión del tema y más aún, para facilitar y mejorar la eficiencia del proceso de decisiones productivas.