El mercado de las papas

Según información del Instituto Nacional de Estadísticas, en la temporada 2004/05 se cultivaron 55.620 hectáreas con papas en el país, un 7% menos que en la anterior. Las regiones IX, VII y Metropolitana tuvieron las mayores disminuciones de superficie, como se observa en la tabla 1. La disminución de la superficie sembrada se debió a que el año 2004 fue de alta oferta y bajos precios, los que se mantuvieron sin grandes variaciones durante todo ese año, como se ve en el gráfico 1. A partir de febrero de 2005 los precios comenzaron a subir, evidenciando la menor oferta de la temporada. La cosecha se desarrolló lentamente, pues, además de la menor superficie sembrada, hubo un atraso en el desarrollo de los cultivos, originado por las intensas precipitaciones durante la primavera del año 2004, que habrían dificultado y atrasado las siembras, y por la falta de lluvias durante el verano. Se observó también una alta incidencia de enfermedades, principalmente fungosas, entre ellas el tizón de la papa. En el mes de septiembre los precios llegaron a su máximo valor promedio. En ese mes, en Lo Valledor, la papa cardinal de primera se llegó a vender a un precio de $16.000 por saco de 40 kilos. A partir de octubre, junto con el avance de la cosecha de papa temprana, la cual también mostró un atraso causado por las condiciones climáticas, comenzaron a bajar los precios. En la segunda semana de diciembre de 2005 la papa desiree de primera se cotizó en $5.130 por saco de 50 kilos en Lo Valledor. Los altos precios estuvieron correlacionados con un menor volumen llegado a los mercados mayoristas de Santiago, como se observa en el gráfico 2. Entre enero y noviembre llegaron un 22% menos de papas a estos mercados que en el mismo período del año anterior. La producción chilena de papas está fundamentalmente destinada al mercado interno y las exportaciones son muy pequeñas. Como se observa en el gráfico 3, las compras al exterior crecieron fuertemente durante la década de los 90, mientras que las exportaciones se han mantenido en valores bastante menores. Durante el año 2004 se vendieron al exterior productos derivados de papas por un valor total de un poco más de 2 millones de dólares, cifra 28% mayor que la del año 2003. En el año 2005, entre enero y octubre, se observa un crecimiento de 21% en las exportaciones. Destaca el crecimiento de las exportaciones de papas preparadas sin congelar o tipo snack, relacionado con ventas puntuales a Letonia, que no constituye un mercado habitual para este producto. La importación de productos derivados de papas se incrementó fuertemente a partir del año 1995, lo que tiene relación directa con el aumento de restoranes de comida rápida y el crecimiento del consumo de papas prefritas congeladas. Estas compras han disminuido en los últimos años debido al aumento de la producción interna, fundamentalmente de la empresa Simplot en un principio, actualmente Unisur. Como se muestra en la tabla 3, las compras al exterior de este producto durante el año 2004 fueron de algo más de 7 millones de dólares, lo que representó el 76% del valor total de las importaciones de derivados de papas. Entre enero y octubre de 2005 las compras al exterior crecieron en un 39%, debido principalmente a las mayores compras de papa fresca para consumo, motivadas por la baja oferta interna. Como se ve en la tabla 3, se importaron 11.697 toneladas, por un valor de 1,2 millones de dólares. El 99% de estas compras provienen de Argentina.Los altos precios de la temporada 2004/05 han provocado un aumento en las intenciones de siembra de los agricultores, lo que se ha podido verificar con información de productores y con las cifras de la encuesta de intención de siembras de cultivos anuales realizada por el INE en septiembre de 2005, que proyectan para la temporada 2005/06 una superficie de 58.800 hectáreas de papas, un 6% más que en la temporada anterior. La probable mayor producción provocará una disminución del precio, la cual debería evidenciarse a partir de marzo, una vez que comience la cosecha de las regiones del sur del país. Estos vaivenes del mercado interno nuevamente ponen entre las prioridades del sector el abrir mercados externos y lograr una mayor integración con la agroindustria. En el mercado internacional, el intercambio de productos procesados presenta el mayor dinamismo y proyecciones de crecimiento. El comercio de papas frescas suele ser muy inestable, de oportunidades, además de tener un alto costo de flete. El crecimiento anual del comercio de papas prefritas congeladas entre los años 1980 y 2003 fue 13%, mientras que el de las papas frescas fue de 3%. También presentan claras oportunidades las exportaciones de papa semilla, principalmente atendiendo a las óptimas características fitosanitarias y agroecológicas del país para la obtención de material de alta calidad. Es importante destacar el éxito que ha tenido INIA con la inscripción en diversos países de las variedades desarrolladas por la institución, lo que evidencia que existe en el país la tecnología, los profesionales, las condiciones de clima, suelos y el material genético para desarrollar esta industria. Además, en el sur del país existen desde hace mucho tiempo empresas productoras de semillas, tanto para el mercado interno como para el externo, existiendo la experiencia necesaria para expandir esta actividad. Por último, debe señalarse una vez más el necesario desarrollo tecnológico que el cultivo debe tener en el país. Temas como la incorporación del riego como práctica permanente y el uso de semilla de buena calidad son indispensables para elevar la calidad y los rendimientos del producto nacional. El uso como semilla de papas adquiridas en mercados de producto para consumo constituye un riesgo enorme para las condiciones fitosanitarias del cultivo. Mayor aún es el riesgo proveniente de la siembra de tubérculos importados para el consumo, pues gravísimas enfermedades podrían ingresar al país. Tal es el caso del tizón tardío de la papa grupo A2, presente en la Argentina, que constituye en la actualidad el principal riesgo fitosanitario no existente en el país para este cultivo. Los tubérculos importados para consumo desde el vecino país deben ingresar con tratamiento antibrotante; sin embargo, es responsabilidad de los agricultores no realizar prácticas que atenten contra una de las principales ventajas con las que cuenta el cultivo en Chile, y el riesgo de diseminar enfermedades está siempre presente al usar tubérculos no aptos para semilla, sea su origen chileno o extranjero.

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