Sistematización de la información sobre la situación de las mujeres rurales y políticas públicas relacionadas

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Issue Date:
2006-11-07
estudiosArtículos

El objetivo de este artículo es sistematizar la información sobre la situación actual de las mujeres rurales chilenas, así como conocer las políticas que está implementando el Gobierno para mejorar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en el sector silvoagropecuario. A mediados de los años 70, Chile pasa de una economía de sustitución de importaciones hacia una de libre comercio, donde la agricultura se enfrenta al gradual abandono de las medidas proteccionistas y se facilita la expansión de las tradicionales industrias de exportación, como son la minería y la pesca. A ellas se agregan nuevos rubros con nuevos productos, como celulosa y derivados de la madera, frutas, salmón, lácteos, carne y vino, además de derivados del sector servicios. Esta diversificación se ve favorecida, por una parte, por las características geográficas y agroclimáticas, y por otra, por la voluntad política de potenciar nuevos rubros productivos. Tradicionalmente, la actividad económica se ha concentrado en la región central del país. Es así como la Región Metropolitana, donde se encuentra la capital, alberga al 40,1% de la población y la V Región, al 10,2%. Sin embargo, la apertura de nuevas actividades económicas en otras regiones ha disminuido la tendencia a la centralización. El PIB generado por la agricultura en 1997 llegó a un 4,0% como porcentaje del PIB nacional. Las cifras actuales hablan de un aporte de 4,5%. Durante la última década el sector ha sido capaz de crecer a una tasa de 3,5%, lo que representa un ritmo comparativamente alto a escala mundial. Hacia comienzos de la próxima década se proyecta una duplicación de las exportaciones silvoagropecuarias, en lo que se espera que los acuerdos comerciales firmados por Chile jueguen un papel importante. Los productores agrícolas se concentran entre las regiones V y X (84% de las mujeres y 85% de los hombres). El sector silvoagropecuario en la actualidad representa alrededor de un 13% de la fuerza de trabajo ocupada en la economía. Los productores individuales son los principales agentes productivos en la agricultura chilena, y están a cargo del 88% de las explotaciones, aun cuando sólo disponen del 28% de la superficie agrícola total y del 50% de la superficie agrícola utilizada. Entre ellos, las mujeres representan un número significativo y que ha ido en aumento, lo que ha llevado a un análisis estadístico de género sobre los productores basado en las distintas variables investigadas. Sin embargo, en este tema aún queda mucho espacio para mejorar la información con respecto a la que fue recopilada por el VI Censo Nacional Agropecuario de 1997, con el fin de que la información dé cuenta de la real participación de las mujeres en el sector silvoagropecuario. Dentro de esa perspectiva, se presentan indicadores de la situación de mujeres y hombres productores, cuya comparación permite visibilizar las desigualdades de género existentes en el acceso a los recursos productivos y sociales y en la producción. Los temas generales investigados se refieren a la disponibilidad de recursos, en particular tierra, tipo de explotación, infraestructura y maquinaria y equipos, educación, especialización productiva y disponibilidad de ganado y aves. Según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2002, la población de Chile alcanzaba a 15.116.435 habitantes, de los cuales 7.668.740 eran mujeres (50,73%) y 7.447.695 (49,27) hombres. El 14,3 % de la población es rural y el 85,7% es urbana. En los últimos años, gracias al enfoque de género, ha sido posible contar cada vez más con información desagregada por sexo. Esto ha permitido comenzar a conocer la participación que tienen las mujeres en el sector silvoagropecuario. En los cuadros que siguen se ha debido utilizar dos fuentes, cuyos antecedentes no coinciden plenamente. Sin embargo, dado que las diferencias no son muy grandes, se estima que las conclusiones generales que se pueden obtener son perfectamente válidas. El cuadro N°1 muestra una serie de parámetros desagregados por sexo, para el sector silvoagropecuario chileno. Se puede observar cómo en todos ellos predomina la participación masculina. Si se analiza el número de explotaciones, se ve que menos del 20% de ellas se encuentra en manos de mujeres. Si se va a la superficie agrícola utilizada, esta cifra se traduce a menos del 9,0%. La distribución de los productores individuales por sexo presenta algunos rasgos interesantes. Sin embargo, hay que destacar que la distribución de la superficie total, así como la de la superficie agrícola utilizada, señala una fuerte concentración en el segmento de sucesiones, sociedades y comunidades: las propiedades incluidas en la categoría "No corresponde" presentan básicamente condiciones jurídicas tales como soc iedades anónimas, sociedades sin contrato legal o sucesiones, todas ellas no clasificables bajo la condición de productor hombre o mujer. Además, cerca de 20 millones de ha son tierras sin uso agrícola, parques y/o reservas naturales. No obstante lo anterior, más de 88% de las propiedades (según el Censo, 290.986) están en manos individuales. Por otra parte, como se desprende del cuadro N° 2, casi el 69% de los productores individuales son hombres. Como se aprecia en el cuadro N°3, las productoras individuales tienen acceso al 15,6% de la superficie total y al 16,3% de la superficie agrícola utilizada por el total de productores hombres y mujeres. En el caso de los hombres, esta cifra se eleva a 84,4% y 83,7%, respectivamente. El tamaño medio de la superficie utilizada por las productoras es de 22,6 ha, en comparación con 32,5 ha de los productores hombres. Resulta interesante notar ciertas tendencias en la distribución relativa de los productores según su tipología. Es así como se observa un aumento porcentual progresivo de explotaciones bajo manejo femenino en la medida que disminuye el tamaño de la propiedad, porcentaje que resulta más nítido en la pequeña agricultura de subsistencia, donde el 27,8% corresponde a mujeres (cuadro N°4): Las productoras son menos frecuentes en las grandes explotaciones, alcanzando sólo el 12,6% del total en las explotaciones grandes y el 14,1% en las medianas. A medida que disminuye el tamaño y el potencial económico de las explotaciones, éstas son más accesibles a las productoras y estos porcentajes se elevan al 18,8% en las explotaciones empresariales pequeñas y al 27,8% en las explotaciones pequeñas de subsistencia. Del total de 291.000 explotaciones existentes de hombres y mujeres, sólo 63.675, es decir, el 21,8% del total, corresponde a mujeres. Cabe considerar que el tamaño de las explotaciones incide en la posibilidad de producir para el mercado en forma competitiva, por lo que la concentración de productoras en pequeñas explotaciones constituye una importante limitación. Como se puede observar en el cuadro N°5, las mujeres concentran 2.239.399 ha, mientras que en el caso de los hombres se llega a 12.098.228 ha. Este cálculo se hace sobre una superficie total de 14.337.627 ha. Es decir, pese a que las mujeres representan el 21,9% de los productores individuales, tienen una participación mucho menor en las superficies totales (15,6%) y en las utilizadas que aparecen en el cuadro N° 6 (16,2%). Al analizar cómo la superficie total de tierras se distribuye de acuerdo al tipo de explotación, se ve que en el caso de las mujeres, en general, el acceso a cualquiera de las cuatro categorías es bajo, siendo en todas ellas cercano o inferior al 20% del total de cada categoría. Cabe resaltar que el porcentaje más alto de acceso se alcanza en las pequeñas explotaciones de subsistencia, con un 20,7% del total de estas explotaciones. En el caso de la superficie agrícola utilizada, la tendencia descrita en el punto anterior respecto a la superficie total se mantiene. Se puede ver cómo los porcentajes son más o menos parejos para las explotaciones grandes, medianas y pequeñas, fluctuando alrededor de 15% y aumentando a 23,2% para las pequeñas explotaciones de subsistencia (cuadro N°6). En relación a la edad, como se puede observar en el cuadro N°7, los productores individuales se concentran en edades superiores a los 55 años. De cada 100 productores hombres, 47 están en este tramo de edad, relación que para las mujeres aumenta a 56. Se puede decir que casi la mitad de los trabajadores rurales, tanto hombres como mujeres, tienen más de 55 años, y cerca del 30% restante tiene entre 40 y 55 años. El nivel de educación formal de los productores es relativamente bajo comparado con el de la fuerza de trabajo total. El 64,1% no tiene educación o no ha completado la educación básica, porcentaje que aumenta a 66,1% en el caso de las mujeres productoras (cuadro N°8). El menor acceso de las mujeres rurales a la educación formal, así como a la capacitación y la extensión agrícola, sumado a la falta de preparación en aspectos tales como calidad, inocuidad de alimentos e higiene, dificulta su participación en los mercados y menoscaba su competitividad. En la práctica, para poder competir, se necesita acceso a la información que permita cumplir con las exigencias de los mercados. Según los censos, en el área de educación, ocurren también cambios sustantivos en la juventud rural entre 1992 y 2002. Los datos censales muestran que en 1992 menos jóvenes accedían a la educación: los hombres se quedaban trabajando en el campo y las mujeres, en los quehaceres del hogar (trabajo no remunerado). Las cifras del censo 2002 indican que las mujeres jóvenes rurales (de 15-24 años) han aumentado en 56,9% su participación como estudiantes (de 27.770 a 43.581). De igual forma, los hombres jóvenes rurales han aumentado su participación en la educación, aunque en un menor porcentaje (54,4%). De acuerdo a T. Gálvez et al, la infraestructura agropecuaria se asocia con el tipo de producción. Es así como los productores individuales, con el 88,2% de las explotaciones y el 50% de la superficie utilizada, tienen alta participación en infraestructuras como establos, galpones, bodegas de almacenaje e invernaderos. Las explotaciones con otras condiciones jurídicas tienen mayores proporciones en otros tipos de infraestructura, tales como bodegas de vino, frigoríficos, packings, silos y tranques. El 21,9% del total de productores individuales son mujeres que explotan el 16,2% de la superficie utilizada. En las explotaciones de productoras se registra una menor dotación de infraestructura, especialmente de silos (6,3%), tranques (6,8%), invernaderos (9,8%), bodegas de vinos a granel (11,4%). En general, disponen de una proporción de los diversos tipos de infraestructura menor que su proporción de superficie utilizada (cuadro N°9). La producción silvoagropecuaria ocupa un lugar importante en la economía chilena. En el año del Censo Nacional Agropecuario los cultivos anuales alcanzaban a 955.161 ha, y los seguían los huertos frutícolas, con 237.363 ha. La superficie cultivada con hortalizas alcanzaba a 127.305 ha y las viñas llegaban a 82.173 ha. Existían también más de 12 millones de hectáreas de praderas naturales y cerca de 1,5 millones de hectáreas de praderas mejoradas y sembradas. Las plantaciones forestales superaban los 2 millones de hectáreas. Con el cambio del modelo económico, a partir de 1973, la agricultura del Chile central transita de un sistema de hacienda como forma predominante de relación laboral, al de las empresas frutícolas, donde predomina el sistema de trabajo temporal. Esta transformación provoca cambios respecto de la composición del mercado de trabajo, en cuanto a proporción de hombres y mujeres que lo integran. El trabajo temporal genera una feminización del trabajo agrícola, la cual va de la mano con una precarización del empleo. Desde el punto de vista productivo, en la distribución porcentual de los distintos rubros según diferenciación de sexo del productor, se pueden observar algunos patrones generales. Bajo el concepto de "No corresponde", se encuentra una significativa concentración de las plantaciones forestales (principalmente explotaciones de gran tamaño), dado que gran parte de este rubro es manejado por sociedades.