Balance de la temporada vitivinícola

La producción total de vinos del año 2006 en Chile nuevamente marcó una cifra histórica, llegando a 844,9 millones de litros. Esto significó sobrepasar en 7,1% a la ya bastante elevada producción de 788,6 millones de litros que se había registrado en el año anterior. Según los antecedentes mostrados en el gráfico 1, la variación de la última cosecha se produjo exclusivamente por un incremento de 13,6% que experimentó la producción de vinos con denominación de origen, que normalmente se asocian con productos de mayor calidad y que esta vez, con un récord de más de 716 millones de litros de producción, llegaron a representar prácticamente el 85% del total de la cosecha 2006. Conforme a los antecedentes proporcionados por el SAG, el 76,6% del volumen mencionado, equivalente a 548,9 millones de litros, correspondió a vinos tintos. Además, entre las variedades destacó la Cabernet Sauvignon, que concentró el 44,7% de la producción total de vinos con denominación de origen. Fue seguida por la Merlot, con una representación de 15,7%, ubicándose a continuación Sauvignon Blanc, con 9,5%; Carménère y Chardonnay, con 8,3% cada una, y Syrah, con 3,6%. Esto significa que las seis principales variedades del viñedo chileno produjeron más del 90% del vino con denominación de origen de la cosecha 2006. El ritmo de plantaciones nuevas ha decrecido ostensiblemente, no superando el 2% como promedio en los últimos cuatro años, y probablemente más de 90% del total del viñedo chileno para vinificación se encuentra en etapa de plena producción en la actualidad, de modo que por este factor sólo cabría esperar incrementos moderados de la producción de vinos. Teniendo en cuenta estos antecedentes, si se mantienen condiciones de clima relativamente normales y si no se realiza un manejo técnico de los viñedos tendiente a limitar considerablemente los rendimientos, se considera muy posible que la cosecha de vinos con denominación de origen de los próximos dos años se mantenga en niveles similares a los de la última temporada. Incluso podría disminuir, si prevalecen factores meteorológicos adversos. Se espera que esta posible estabilización de la producción contribuya eficazmente a reducir los excedentes que prevalecen hoy en el mercado, particularmente si se materializan incrementos significativos de la demanda, tanto externa como interna, de modo que lleguen a ser factores que permitan restablecer el equilibrio del mercado. Respecto a la producción de vinos sin denominación de origen en el año 2006, se advierte que bajó en 17,8% comparada con la del año anterior, totalizando 86,1 millones de litros y contribuyendo sólo con el 10,2% de la producción total de vinos. Su proyección basada en la tendencia de los últimos once años indica que en 2007 y 2008 debería disminuir a una cifra entre 60 y 70 millones de litros. Estas cifras parecen bastante razonables, previéndose incluso que podría haber disminuciones mayores, teniendo en cuenta que anteriormente ha habido producciones aun más bajas (58,3 millones de litros en 2001 y 57,7 millones de litros en 2004) y que la tendencia de estas producciones es a ir reduciéndose paulatinamente, en la medida que la producción chilena de vinos se concentra en producciones de mayor calidad certificada. Finalmente, cabe señalar que la producción de vinos de uva de mesa también bajó en esta cosecha: en este caso la disminución fue de 20,6%, situándose en 42,4 millones de litros. Considerando que para este tipo de vinos también se observa una tendencia general a disminuir, se proyecta que en los dos años siguientes la producción se ubicaría alrededor de 25 millones de litros. Esta cifra también se encuentra dentro de un rango razonable, teniendo en cuenta que la producción de este vino casi siempre es altamente dependiente de las condiciones comerciales prevalecientes en el mercado y que habitualmente fluctúa entre 20 y 80 millones de litros, aproximadamente. Sobre la base de lo planteado, en definitiva se espera que la producción total de vinos de 2007, constituida por la suma de las tres categorías mencionadas, no llegará a sobrepasar el récord de 840 millones de litros producidos en el año en curso. Es probable incluso que eventualmente haya una reducción importante. Este comportamiento sería consecuencia tanto del efecto de las tendencias observadas como de la situación de relativo estancamiento de las plantaciones durante los últimos años, unidos eventualmente a restricciones de rendimientos determinadas por razones técnicas. Hay expectativas en el sentido de que, a partir de dicha posible disminución de cosecha, que en la mayor parte del sector vitivinícola del país se desea que alcance una magnitud apreciable, se contribuya efectivamente a aliviar la situación de exceso de existencias actualmente en el mercado. Las proyecciones anteriores obviamente no consideran la posibilidad de un arranque masivo de plantaciones de vides para vinificación, tal como ha sido planteado como medida de corto plazo para solucionar el mencionado problema de excedentes, aun cuando probablemente habrá algunos productores que, por la situación de baja rentabilidad que están enfrentando, puedan llegar a adoptarla. La estimación de este efecto sobre las producciones futuras es bastante difícil de dimensionar en este momento. La situación de abundancia de suministros de vinos en el mercado interno queda claramente reflejada a través de los antecedentes mostrados en el gráfico 2. Se observa allí que, debido a las producciones inusualmente elevadas de los dos últimos años, a la relativa estabilidad que están teniendo los volúmenes exportados desde 2004 y al estancamiento que se observa en el consumo nacional, desde 2005 se está produciendo una acumulación de inventarios muy apreciable y que resulta inquietante para el buen comportamiento del mercado. En el año 2005 las existencias finales anotaron el récord de 649,9 millones de litros, superando en 23,5% a la cifra del año anterior, vale decir, en unos 123,8 millones de litros. En esa oportunidad la variación mencionada de las existencias estuvo influida por un incremento de la producción total de vinos de casi 160 millones de litros; una disminución de 11,2 % en los volúmenes exportados, que bajaron desde 474,0 millones de litros en 2004 a 420,9 millones de litros en 2005, así como por un consumo interno que sólo aumentó 10 millones de litros, llegando a 264,5 millones de litros. En el año en curso se está acentuando la tendencia hacia la acumulación de inventarios. Esta vez las variaciones experimentadas por los principales factores que influyen en este comportamiento han sido los siguientes: La cosecha de vinos fue 7% o 55,5 millones de litros mayor que el récord del año anterior. Las exportaciones hasta noviembre último registraban una variación de volumen cercana a 11%, comparadas con las del año anterior. Proyectando este incremento sobre la cifra del año pasado, el total de vino exportado durante 2006 llegará a cerca de 467 millones de litros, cifra que aún se mantiene por debajo de los 474 millones de litros exportados en 2004. El consumo interno, por su parte, a pesar del aumento de 3,8% durante el año pasado, se encuentra bastante estancado entre 230 y 265 millones de litros, no llegando todavía a recuperarse respecto a los 285 millones de litros a que llegó en 1999, es decir, hace sólo 7 años. Además, informaciones preliminares de las viñas indican que en 2006 experimentará una importante disminución, principalmente por reemplazo en el consumo por cerveza y pisco, estimándose que podría bajar de los 250 millones de litros. En definitiva, considerando las variaciones señaladas para los principales factores incidentes en las modificaciones de inventarios y suponiendo que las importaciones vuelven a niveles del orden de 500 mil litros y que el traspaso de vino pisquero se mantiene en torno a 15 millones de litros, se proyecta que las existencias finales de 2006 pueden llegar a un nuevo récord de 780 millones de litros. Este volumen es superior al de todas las cosechas anteriores, excepto la última, lo que en la práctica significa que la producción de todo un año está almacenada en bodegas. No obstante que una parte de ese volumen corresponde a stock de enlace y que otra proporción está ocupada por vinos en proceso de envejecimiento en madera para mejorar su calidad (vinos reserva y otros que requieren permanecer algún tiempo en este proceso), sin duda que el récord que se espera en esta materia entorpecerá considerablemente la fluidez de la comercialización de la próxima cosecha, afectando también a los precios de compra de uva. La situación descrita de acumulación constante de existencias continuará agravándose en los próximos años, a menos que ocurran incrementos significativos de los volúmenes exportados y del consumo interno, a lo que debería unirse también una drástica disminución de las próximas cosechas. Así, por ejemplo, en el año 2007, la producción total de vinos idealmente no debería sobrepasar los 750 millones de litros, lo que implicaría una caída de más de 11% respecto a la producción de 2006. Esto podría materializarse a través de una alta exigencia en términos de una fuerte reducción de rendimiento, con el propósito de elevar la calidad de los vinos producidos en 2007. Eventualmente también podría generarse a partir de decisiones de no cosechar por parte de algunos productores, en el caso de que los precios de sus uvas bajen de tal modo que no permitan financiar el costo de cosecha. A lo anterior podría agregarse un incremento de exportaciones de 50 millones de litros, las que llegarían hasta unos 530 millones de litros, correspondiendo esto a una variación de 10,7% sobre lo estimado para el año en curso y de 11,8% sobre el máximo de 474 millones de litros registrado en 2004. Si además se suma un aumento del consumo interno hasta 275 millones de litros, cifra que no ha sido registrada hasta ahora en la presente década, los inventarios de fines de 2007 sólo experimentarían una reducción de 40 millones de litros, ubicándose en 760 millones de litros, suponiendo que tanto las importaciones como el traspaso de vino pisquero se mantienen en los niveles mencionados anteriormente. Estos antecedentes ponen en evidencia que se requiere un apreciable sacrificio, particularmente en cuanto a reducción de producción en la próxima vendimia, para lograr que a partir de 2007 comience a regularizarse la situación de abundancia de oferta existente hoy en el mercado. Por otro lado, esto mismo hace plantearse la necesidad de analizar la conveniencia de entrar en una etapa de arranque de plantaciones, con el objetivo específico de asegurar y acelerar el proceso de ajuste para lograr un equilibrio más estable entre oferta y demanda. Las decisiones sobre este aspecto obviamente deben ser de carácter individual y naturalmente dependerán de las perspectivas económicas que ofrezcan las plantaciones de cada productor, conforme a sus características de variedad plantada, suelo, clima y todos los demás factores que permitan obtener un vino de alta calidad, que sea valorado por el mercado y que otorgue rentabilidad a su explotación. A pesar de que al respecto se ha postulado que estarían "sobrando entre 20.000 y 30.000 hectáreas" de viñedos, que sería necesario arrancar para conseguir el mencionado ajuste y así equilibrar la producción con las exportaciones y el consumo interno, estabilizando los niveles de inventarios, se considera bastante riesgoso aventurar cuántas o cuáles deberían ser las plantaciones que podrían seguir ese camino, especialmente considerando la dinámica de los principales factores que intervienen en este equilibrio (Estos planteamientos fueron efectuados por algunos expositores durante el IX Encuentro del Vino y la Viticultura, organizado por la Corporación Chilena del Vino y efectuado en Talca el 13 de octubre de 2006.). Por ejemplo, si las exportaciones llegasen a corto plazo hasta más de 600 millones de litros, lo que parece bastante viable dentro de pocos años, y el consumo interno aumentara a unos 320 millones de litros, lo que significaría llegar solamente a un nivel de 19,5 litros per cápita al año, se aprecia que inmediatamente la demanda se situaría sobre la producción, incluso la más elevada registrada en el último año, y los inventarios comenzarían a reducirse. En esta situación se prevé que los precios de la materia prima seguramente aumentarían de acuerdo a las nuevas condiciones del mercado y probablemente se incentivaría de nuevo la inversión en nuevas plantaciones. En síntesis, si bien en la actualidad se aprecia que la producción de 845 millones de litros obtenida en la última vendimia, que provino de las 114 mil hectáreas de plantaciones existentes, sin duda sobrepasó largamente lo demandado durante este año, tanto por las exportaciones como por el consumo doméstico, es perfectamente factible que, con un notable esfuerzo exportador y un significativo estímulo del consumo interno, dicha situación pueda revertirse a corto plazo. Naturalmente, una variación positiva del valor del dólar, que mejore la competitividad de las exportaciones chilenas, sería un factor que contribuiría de manera significativa para conseguir el primero de estos propósitos. En definitiva, sin dejar de reconocer que existe una situación bastante crítica en el sector, por efecto de la abundancia de la última cosecha y el poco avance que están experimentando las exportaciones y el consumo interno, no parece del todo recomendable entrar en una etapa de arranque masivo de plantaciones para lograr la estabilización del mercado, lo que, en todo caso, tendrá que decidirse individualmente. Esto, al margen de que algunos productores puedan decidir efectuar algún recambio de variedades conforme a sus situaciones edafoclimáticas particulares y sobre la base de las perspectivas comerciales de algunas de ellas. En esta materia, a pesar de que otros competidores, como Australia, consiguieron avances notables durante el presente año, logrando ganar importantes participaciones de mercado, sobre todo en Estados Unidos, se debe destacar que el comportamiento de las exportaciones de vinos chilenos durante el año 2006 siguió siendo favorable. Es así como el valor de las exportaciones de vinos y mostos chilenos durante el año 2006 alcanzó a US$ 966 millones, cifra que es un 9,4% mayor que la del año 2005. El volumen exportado también presentó un importante incremento de 13,0%, llegando hasta 476 millones de litros. No obstante, el precio promedio registró una disminución de 3,1%, situándose en US$ 2,03 por litro en el año. El grueso del volumen de las exportaciones de vinos, correspondiente a poco menos de 55% del total, fue constituido por vino embotellado con denominación de origen. En este caso, la variación de volumen fue de 6,7%, llegando éste prácticamente a 259 millones de litros; pero además se observó un incremento de 4,0% en el precio promedio en el año, que se aproximó a US$ 3 por litro. Este hecho da cuenta de que los vinos chilenos de esta categoría están siendo más cotizados internacionalmente, lo que sin duda se debe en gran parte a un mejoramiento de la calidad de la oferta. No obstante lo anterior, el precio medio de las exportaciones se redujo, debido en gran parte a una notable aceleración que presentaron en los últimos meses del año las exportaciones de vino a granel y de los demás vinos envasados. Con ello aumentó la proporción de estos vinos de menor precio en la exportación total, bajando el precio promedio. Este efecto se vio agravado por el hecho de que el aumento de 24% en su volumen exportado se consiguió a expensas de una apreciable baja de sus respectivos precios promedios. Cabe hacer notar que hasta agosto la exportación de vinos a granel presentaba una variación negativa; sin embargo, en el último cuatrimestre se exportó casi la mitad del total anual de estos vinos, a precios muy inferiores a los del año anterior. Estos hechos son reveladores de un importante esfuerzo que están haciendo las viñas exportadoras por deshacerse de alguna parte de las existencias acumuladas, puesto que para conseguir dicho incremento fue necesario disminuir ostensiblemente el precio de venta de estos vinos, como puede observarse en el cuadro 1. En noviembre y diciembre últimos los precios medios de las exportaciones de vino a granel fueron de sólo US$ 0,57-0,58 por litro, lo que hizo bajar el promedio acumulado del año a US$ 0,71 por litro, casi 20% menos que en el año anterior. En términos de valor, las exportaciones de vinos y mostos en 2006 superaron en 9,4% a las de 2006. Esta variación se originó fundamentalmente en el incremento de 10,9% que tuvo el valor de las exportaciones de vino embotellado con denominación de origen. En esta materia también destacaron los avances mostrados por las categorías "Los demás vinos envasados", que en este caso se refieren fundamentalmente a vinos en envases tipo Tetra Pack y plásticos (Pet), y vinos espumosos, aunque su incidencia sobre el total es bastante menos significativa, debido a su menor volumen. En síntesis, en el año 2006 se observaron aumentos importantes de valor, como resultado de los incrementos logrados por los vinos embotellados, que aumentaron tanto su volumen exportado como su precio promedio, y variaciones significativas de volumen de vinos a granel y de los demás vinos envasados, que durante los últimos meses de 2006 mostraron un movimiento más acelerado, debido a las ofertas a menor precio que se han estado haciendo en un ambiente internacional que se visualiza como extraordinariamente competitivo. La condición de holgura de suministros en el mercado vitivinícola señalada anteriormente comenzó a manifestarse a partir de la vendimia pasada, cuando se apreció una ostensible disminución de los precios comparados con los vigentes en el período anterior. Los antecedentes sobre el particular recopilados por la Secretaría Regional Ministerial de Agricultura de la VII Región dan cuenta de que entre el período de vendimia de 2005 y el de 2006 hubo una disminución de casi 50% en el precio promedio de la uva Cabernet comercializada en esa región. En 2005, el valor por kilo de esta uva varió entre $ 163 y $ 329, con un promedio de $ 208, mientras que en 2006 la fluctuación estuvo comprendida entre $ 74 y $ 139, con un promedio de $ 103. Este nivel de precios es similar al del año 2003 y sólo superior al del año 2002, cuando el promedio se ubicó en $ 84, en términos reales. De acuerdo a lo ya señalado, las expectativas para la próxima vendimia no serían mejores que las de la de 2006, estimándose que, salvo en casos bastante excepcionales y especiales, el valor de compra de la uva Cabernet no superará los $ 120 por kilo y posiblemente habrá partidas que se pagarán a menos de $ 60 por kilo. El promedio probablemente no será superior a $ 90 por kilo. Respecto a la uva País, la caída de precios promedios entre 2005 y 2006 fue desde $142 a $69 por kilo, lo que también equivale a alrededor de 50%. En este caso los extremos del año 2005 fueron de $ 103 y $ 171 por kilo, en tanto que los del año 2006 fueron de $ 40 y $ 103. En términos generales, los valores más bajos se registraron hacia fines del período de cosecha. El promedio real más bajo observado en el presente decenio correspondió al año 2001, con $ 29 por kilo, pero también en los dos años siguientes se registraron precios bastante bajos, con $ 48 y $ 57 por kilo, en 2002 y 2003, respectivamente. Se estima que en la próxima cosecha los valores pagados estarán por debajo de los de la cosecha pasada, de manera que esta variedad será una de las más afectadas por la condición de holgura existente en el mercado del vino. Es probable incluso que, debido a las pobres condiciones comerciales que prevalecerán en aquel per íodo, haya productores que decidan no cosechar sus uvas, debido a que el precio ofrecido posiblemente no alcance para cubrir los costos de cosecha. Este comportamiento podría ser un factor que en el futuro, al limitar el volumen de la producción, contribuiría a lograr un equilibrio más estable en este mercado. En el caso de la uva Chardonnay, si bien en 2006 mostró una disminución de su precio promedio de 9% respecto al año anterior, al bajar desde $ 354 a $ 321 por kilo, había mantenido un alto valor gracias a la demanda persistente que prevalecía en su mercado. En este año, sin embargo, las expectativas van hacia una clara disminución, debido a que en esta oportunidad también se observa que los suministros son abundantes en relación a la demanda. Por tal razón se prevé que el precio de esta variedad disminuirá en forma muy importante. El precio del vino a granel, por su parte, lógicamente también está evidenciando la condición de holgura de suministros que prevalece actualmente. El vino Cabernet, por ejemplo, ha bajado desde un promedio de $ 17.500 por arroba, registrado en 2005, a un promedio de $ 6.350 por arroba que se ha observado en promedio durante 2006. Esto significa una disminución superior a 60%. En diciembre de 2006 la arroba se cotizaba entre $ 4.500 y $ 6.000, en circunstancias que en el año pasado en igual época se cotizaba entre $ 9.000 y $ 13.000 por arroba. El vino País, a su vez, se cotiza actualmente entre $ 3.500 y $ 4.000 por arroba y en el año pasado en igual época estaba entre $ 7.000 y $ 8.000 por arroba. Su promedio ha bajado alrededor de 60%, desde $ 11.200 que presentó durante el año pasado hasta aproximadamente $ 4.500 por arroba en 2006. No obstante, cabe recordar que en el año 2001 llegó a cotizarse en menos de $ 2.000 por arroba, como promedio real. El vino Chardonnay, cuyo promedio de 2005 fue de más de $ 31.000 por arroba, ha bajado hasta situarse entre $ 10.000 y $ 12.000 por arroba en diciembre último, previéndose que podría continuar disminuyendo, afectado también por la condición de excedentes que predomina sobre el mercado. Al respecto cabe mencionar que, según fuentes ligadas al sector, se estima que los vinos blancos experimentarán un gran deterioro de precios durante la próxima cosecha, considerando que hasta la vendimia recién pasada gozaron de bastante estabilidad, con precios que se habían mantenido elevados, ya que prácticamente no experimentaban un exceso de oferta. En esta oportunidad se espera que dicho efecto sí ocurra, por lo que se afectaría también la comercialización de la próxima cosecha de esta y las demás cepas blancas. Al margen de la condición de debilidad que ha mostrado la cotización del dólar desde hace algún tiempo, lo que, junto al incremento de algunos costos, principalmente como consecuencia del alza del precio del petróleo, está influyendo en la competitividad de nuestras exportaciones, el mercado del vino y de la uva para vinificación se encuentra afectado además por la abundancia de suministros y por la acumulación de inventarios a niveles excepcionalmente elevados, provenientes especialmente de dos cosechas consecutivas de gran magnitud, que han marcado registros históricos de producción de vino en nuestro país. Las existencias acumuladas han llegado a equivaler prácticamente al volumen de una cosecha, aun considerando los récords alcanzados en estos últimos años, situación que está afectando considerablemente el comportamiento de los precios de la uva y el vino en el mercado local. Aunque recientemente el volumen de las exportaciones se ha incrementado respecto al año anterior, especialmente a expensas de una fuerte disminución del precio de exportación de los vinos a granel y de los demás vinos embotellados, parece indispensable que este comportamiento se acentúe en los años venideros, como una manera de reducir las existencias acumuladas. En este aspecto, las exportaciones de vino embotellado, que constituyen la mayor parte de estas operaciones, también tendrán que hacer un aporte en igual sentido, aunque en este caso se aprecia que, además del aumento de volumen, se ha conseguido un mejoramiento del precio promedio de exportación, lo que da cuenta de la mejor cotización internacional que están logrando estos vinos chilenos. En todo caso, para lograr restablecer un equilibrio más estable entre oferta y demanda en el mercado doméstico del vino será necesario que también se produzca una importante reducción de las próximas cosechas y que, junto con un apreciable esfuerzo exportador, para continuar con el crecimiento de estas transacciones, se comience a abordar mucho más agresivamente el mercado interno, que prácticamente permanece estancado hace ya varios años. Las viñas que comercializan en el mercado local deberán acometerlo con mayor decisión y audacia, para evitar que otras bebidas alcohólicas, como la cerveza y el pisco, lleguen a dominar por completo el consumo de alcohol en Chile, dejando al vino rezagado a los últimos lugares de preferencia de los consumidores. Si se conjugan simultáneamente todas las variaciones señaladas anteriormente, es probable que el mercado interno del vino llegue a estabilizarse dentro de un par de años y que mejoren así las perspectivas de rentabilidad del rubro. El planteamiento de un arranque masivo de viñas para conseguir acelerar el proceso hacia el equilibrio del mercado parece algo aventurado, considerando que probablemente dentro de poco sería necesario invertir nuevamente en el rubro para satisfacer los requerimientos de la demanda, tanto interna como externa, en la medida que éstas vayan creciendo. No obstante, la situación actual del mercado podría considerarse propicia para que algunos inversionistas realicen un recambio de variedades en los casos en que, especialmente por condiciones de suelo y clima, se considere que podrían obtenerse producciones de mayor calidad y más cotizadas internacionalmente. De todos modos, es conveniente recalcar que, en el corto plazo, resulta indispensable una importante reducción de la producción, por debajo de los niveles alcanzados en los últimos dos años. En este sentido, es posible que algunos productores que recibirán un precio inferior a los costos de cosecha no efectúen su vendimia en el próximo año. Esta situación, que significaría un importante sacrificio para esos productores en forma individual, contribuiría, sin embargo, al restablecimiento en el futuro de una condición de mayor equilibrio en el mercado. Silvio Banfi Piazza

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