Las alzas en los precios de los alimentos

Versión descargable del documento (PDF) Las alzas que experimentan los precios de los alimentos impactan a escala mundial y pueden ser analizadas desde varias perspectivas. Por un lado, por el efecto sobre el presupuesto familiar de los más pobres y porque estas alzas generan expectativas de que se desata o se agudiza un proceso inflacionario. Desde otro punto de vista, porque el alza de precios opera como incentivo para aumentar la producción en los bienes agrícolas y, asociado a lo anterior, se produce un incremento en el valor de la tierra. Emerge también el debate sobre la seguridad alimentaria, las políticas agrarias y las nor-mas del comercio internacional multilateral. Por último, y probablemente lo más visible e impactante para la opinión pública, por el tratamiento que los medios de comunicación social dan a las noticias de este tema, toda vez que se presenta como una amenaza a la supervivencia de la humanidad. Para situar en su justa dimensión el fenómeno de alza en el precio de los alimentos, es necesario despojar el análisis de nociones interesadas en lograr un cierto tipo de reacción social o de los gobiernos, que además se caracterizan por carecer de rigor. Independientemente del cómo se presenta en las noticias, es innegable que existe hambre en el mundo y los objetivos internacionales de reducción de la pobreza están lejos de alcanzarse. En ciertas regiones del mundo las situaciones de hambre por escasez de alimentos o de ingresos para comprarlos, se manifiestan dramáticamente. Esto incluye países en pobreza extrema, como Haití, Sierra Leona, Burkina Faso, Guinea - Bissau, Níger, Malí, Mozambique, República Centro Africana, Chad, Etiopía. La pobreza y el hambre son estructurales y forman parte del orden económico mundial que funciona mayoritariamente con el mercado como mecanismo para la asignación de recursos y la distribución de la riqueza. Si la coyuntura actual sirve para sensibilizar la opinión pública ante el flagelo del hambre, podrá transformarse en una oportunidad para redoblar los esfuerzos y alcanzar las metas propuestas por Naciones Unidas y el anhelo de gran parte de la comunidad internacional. Existiendo en los distintos foros internacionales conciencia sobre la gravedad y urgencia para enfrentar el problema alimentario, no existe consenso en la forma cómo abordarlo y resolverlo. En esto no hay miradas imparciales ni exentas de connotaciones ideológicas. Ciertos organismos internacionales aprecian el momento como la oportunidad para hacer valer sus planteamientos doctrinarios, ya sea de seguridad alimentaria (FAO), de apoyo a los pequeños productores (Banco Mundial), o de liberación de los mercados de las intervenciones estatales. Hoy, por razones de precios, no operan los mecanismos que impulsan los subsidios de los países desarrollados y las restricciones a las importaciones. Es sorprendente constatar que el alza en los precios mundiales de los alimentos logró más que siete años de negociaciones en el marco de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Hasta ahora el tratamiento comunicacional ha puesto énfasis en dimensiones como la alarma por escasez de alimentos y en predicciones de hambrunas y revueltas sociales. Ambas perspectivas provocan incertidumbre en los agentes económicos, que reaccionan modificando sus expectativas y, con ello, la demanda agregada. A modo de ejemplo y referido al arroz, recientemente se puede mencionar el comportamiento de una cadena de supermercados en EE.UU., que vende este cereal sólo a sus socios y con un tope máximo de nueve kilos por consumidor; o la medida de no vender la reserva pública de arroz, adoptada por el gobierno brasileño. Todas estas manifestaciones de comportamiento de agentes económicos públicos y privados se interpretan en los medios de comunicación como crisis alimentaria. Los principales países más industrializados han disminuido drásticamente los subsidios a los productos alimenticios. Estados Unidos bajó sus subsidios desde 13 mil millones de dólares en 2005 a 8 mil millones de dólares en este año, de acuerdo con IFPRI (International Food Policy Research Institute). La Unión Europea, por su parte, disminuyó su apoyo a los agricultores en 15.700 millones de dólares entre 2004 y 2006, de acuerdo con la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). El Banco Mundial, en su informe de abril de 2008, sostiene que 24 países han reducido los aranceles e impuestos al valor agregado para productos agrícolas básicos. Entre ellos se menciona a India, Indonesia, Turquía, Perú y Brasil. El considerable aumento en el precio internacional de los alimentos durante los últimos años tiene consecuencias diferenciadas en el mundo. Para dimensionar el fenómeno, cabe señalar que los precios reales de los alimentos se encuentran aún por debajo del máximo alcanzado a mediados de los 70, pero están situados en su nivel más alto desde esa época. En 2007 el índice de precios de los alimentos, que calcula la FAO, subió 24%. En el año anterior había crecido 9% y en los primeros meses de 2008 los precios se empinaron nuevamente, acumulando un incremento cercano al 40% en los dos primeros meses del año. Así, los precios de los alimentos habrían experimentado un alza de 87% entre 2005 y febrero de 2008. En ese período los cereales encabezan los aumentos de precios, registrando un crecimiento de 165%. Les siguen los aceites y grasas, con un alza de 150%, y los lácteos, con 92% de aumento en sus cotizaciones. Las causas del fenómeno son variadas. Se combinan y entretejen diversas fuerzas, muchas de ellas aún en desarrollo, para generar esta complicada coyuntura. En general, los analistas coinciden en cuatro líneas de argumentación para explicar el incremento de los precios de los commodities agrícolas: El aumento de la población mundial y el rápido crecimiento de algunos países en desarrollo habríanelevado y diversificado la demanda por alimentos. Se suele mencionar el incremento en el poder adquisitivo de los consumidores en China e India y la desviación de demanda hacia productos como carne y leche. La explosión de los precios de la energía, donde el barril de petróleo ha llegado a cotizarse por encima de 130 dólares por barril. En este contexto, los países se han orientado a diversificar su matriz energética, incentivando el desarrollo de biocombustibles. Se estima que alrededor del 30% del maíz cultivado en Estados Unidos durante 2008 se destinará a la producción de etanol. Adicionalmente, los mayores precios de la energía elevan los costos del agro, a través de alzas en los valores de fertilizantes, pesticidas, maqui naria y transporte. Factores meteorológicos, como la sequía en Australia o las inundaciones, que afectan la oferta de bienes. Especulación. En mercados caracterizados por ofertas relativamente inelásticas en el corto plazo, dado que la producción agrícola tarda en responder a los incentivos de mejores precios, se crean condiciones para acciones especulativas. Si se les agregan algunos grados de asimetría de la información, aumentan las distorsiones. Cuando la crisis inmobiliaria estadounidense remeció los cimientos del sistema financiero internacional, los inversionistas tuvieron que buscar activos menos riesgosos: ante un mayor riesgo sistémico, los capitales recurren a nuevas alternativas de inversión, para diversificar su cartera y reducir el riesgo. Esta crisis financiera global generó un éxodo de inversionistas, particularmente los institucionales, que administran grandes volúmenes de capitales, hacia los mercados de materias primas, llevando la respuesta de algunos de estos mercados a un nivel muy superior al justificable por sus solas fuerzas internas. El comercio de cereales representa una pequeña fracción de la producción y del consumo. Se estima que, del total producido, sólo se intercambia 18% del trigo, 12% del maíz y 7% del arroz. La variación de existencias opera como variable de ajuste en relación con la producción y la demanda, lo que explica los movimientos de los precios. Considerando la evolución de largo plazo de los principales cereales, es posible advertir que en los últimos cincuenta años la producción ha crecido de manera sostenida y a la par con el consumo. No se observa una caída de producción o incrementos abruptos en la demanda que expliquen una situación de crisis mundial de abastecimiento. Sin embargo, en la última década predomina un consumo que supera la producción, por lo cual se han utilizado existencias. En las últimas tres temporadas esta relación se ha pronunciado para trigo. Se observan incrementos en los precios de commodities agrícolas, como trigo, maíz, arroz y lácteos, así como también se puede apreciar que crecen los valores de los insumos para el sector, particularmente energía y fertilizantes. Existe algún grado de sustitución entre algunos granos, de modo que cuando sube el precio de uno de ellos se tiende a consumir menos de ese cereal y más de aquél cuyo precio se ha mantenido. Por ello, es necesario tener en cuenta este mecanismo al analizar los balances de oferta y demanda. En los últimos cincuenta años la producción y el consumo de trigo han presentado siempre valores similares, con pequeños desajustes temporales. Sin embargo, como se observa en la figura 6, la relación entre existencias y consumo anual ha venido bajando en forma casi constante. En el año 2006/2007 la relación llegó a un nivel mínimo, similar al de 1991. No obstante, con posterioridad se estima que podría haber bajado aún más. Para la temporada 2007/2008 se estima que las existencias finales alcanzarían a 115 millones de toneladas. La cifra representa una baja con respecto a la década anterior y se ubica cerca del promedio de 1960 a 1975. Sin embargo, la proyección para la temporada 2008/2009 indica una recuperación de las magnitudes de existencias, asociada a mayores crecimientos de la producción. Esto podría explicar la reciente baja de precios experimentada por el trigo. Los mayores exportadores netos de trigo, como Estados Unidos, Canadá, Australia o la Unión Europea, presentan perspectivas de aumentos de producción y de variación positiva de sus existencias. Sobre la base de estas perspectivas, cabe esperar una situación de mayor estabilidad en los mercados y, aunque es prematuro un ejercicio proyectivo sobre la evolución futura de los precios, los antecedentes disponibles permiten pronosticar un mantenimiento de los precios en un nivel superior al de los períodos anteriores. Por parte de los importadores netos, es de hacer notar que China no participa de esta demanda mundial, manteniéndose la región norte de áfrica como la mayor importadora. La relación existencias/consumo para el maíz subiría a 15,5% en 2007/2008, pero volvería a bajar, a sólo 13,0, en 2008/2009. Esto está indicando un fuerte aumento del consumo, vinculado a la mayor demanda del grano como materia prima para la producción de etanol. a proyección 2008/2009 de existencias de Estados Unidos muestra una tendencia a disminuir, por una baja en su producción interna. China, en cambio, se mantiene con una demanda que se satisface con la producción interna y, por tanto, no influye en el comercio mundial de este producto. Al revisar la trayectoria de casi medio siglo en la producción y consumo de arroz se observa una alta correlación entre las dos variables, manteniéndose las existencias sin grandes variaciones (figura 7). Sólo en la presente década se produjo una fuerte desalineación, con una disminución de la producción que duró varios años y que obligó a recurrir a las existencias, lo que implicó una fuerte y brusca caída en la relación existencia/consumo. Los niveles alcanzados por esta variable permitían vislumbrar la necesidad de un ajuste en el precio, que se fue produciendo paulatinamente a partir de 2002 y que se aceleró a fines de 2007 y especialmente en 2008 (figura 8). En los últimos tres años hubo una correspondencia entre producción y consumo, lo que estabilizó la relación existencias/consumo. De esta manera, en el caso del arroz, las alzas de precios internacionales no están vinculadas con una disminución de existencias. Por lo tanto, la explicación del reciente incremento de los precios internacionales del arroz debería buscarse en otros factores, probablemente de orden financiero. Las estimaciones de oferta y demanda mundial de cereales, disponibles hasta ahora, no reflejan un aumento importante en la demanda de granos atribuible a la irrupción en los mercados de China, India y otros países emergentes, aunque se observa en general un aumento constante en su consumo. Al repetir el ejercicio para trigo se aprecia que la mayor parte de la disminución de existencias se produce en los países exportadores: Estados Unidos, Canadá, Australia y la Unión Europea. Las importaciones de China e India no son relevantes en términos del comercio mundial ni en relación con su abastecimiento. China presenta pequeños incrementos en su demanda, pero también sube su producción, con lo que incluso aumentaría sus existencias. Para el maíz se prevé que en 2008/2009 la demanda mundial será mayor que la oferta. La demanda seguiría subiendo, en tanto la producción mundial podría reducirse, con lo que se generaría una reducción del stock mundial y de la relación existencia/consumo. La disminución de inventarios se produciría principalmente en Estados Unidos, como consecuencia del aumento de la demanda para etanol. El ciclo expansivo del que gozó la economía mundial en los últimos años comienza a mostrar signos de agotamiento. La presión sobre los mercados de materias primas se traduce en incrementos de sus precios. El secular deterioro de los términos de intercambio se modifica, para dar cuenta de las nuevas condiciones de escasez relativa de las materias primas. El aumento en los precios de la energía se irradia a otros sectores de la economía. Dado el deterioro que ha experimentado el dólar a escala internacional, los precios medidos en esta moneda deben ser corregidos al efectuar comparaciones de largo plazo. En el corto plazo la devaluación mundial del dólar es un fenómeno simultáneo y concurrente a la denominada crisis de los alimentos. Respecto al componente estructural del alza en el precio de las mercancías agrícolas, cabe considerar que la oferta de alimentos, si bien crece en términos tendenciales por efecto tecnológico, se presenta relativamente inelástica en el corto plazo. Por ello la mayor parte de los analistas estimaba que la inflación agrícola se limitaría a una ventana temporal. A diferencia de los recursos naturales no renovables, la producción agrícola puede responder con incrementos ante una mayor demanda. Por este motivo, todas las proyecciones de mediano y largo plazo de las entidades académicas y organismos internacionales estimaban que en 2008 se normalizarían los precios agrícolas. Sin embargo, las perturbaciones financieras desatadas por la crisis de las hipotecas en Estados Unidos introdujeron un factor de desajuste en el mercado agrícola internacional. Por el proceso de la globalización, los mercados financieros están altamente vinculados y, ante la incertidumbre sobre el valor de algunos papeles, los inversionistas buscan diversificar sus activos. Los mercados de materias primas agrícolas son una alternativa de inversión en este contexto de alta volatilidad y riesgo, a lo cual debe sumarse la colocación de los excedentes financieros del negocio petrolero, que en el pasado terminaron revertidos como deuda externa hacia los países más pobres, y hoy alimentan movimientos especulativos. La perspectiva estratégica de escasez de recursos naturales, unida al pánico por los efectos del cambio climático, conducen a la incorporación de compras de alimentos como depósitos de valor ante la caída del dólar y la crisis financiera. Ya sea que la demanda por productos agrícolas aumente por el mayor consumo de la población en los países emergentes, por los nuevos destinos de la producción como biocombustibles, o por su rol como activo financiero y depósito de valor, el efecto ha sido un alza en los precios. Si el problema es de precios, la respuesta de corto plazo debe ser de ingresos. Los mayores precios de los alimentos tienen efectos radicalmente distintos en las naciones y entre los diferentes grupos de población de un mismo país. Internacionalmente, se t ata de una situación que, como es habitual en los mercados, afecta más a los países subdesarrollados y especialmente a los pobres de esos países. En Chile los precios de los alimentos subieron 18,2% en los doce meses terminados en marzo de 2008. En ese período los precios a consumidor, medidos por el IPC, anotaron una variación de 8,3%. Si se calcula el alza en los alimentos para el 20% más pobre de la población, el resultado es de un 22%. Se produce lo anterior porque la mayor parte del gasto en alimentos de los chilenos más pobres se concentra en el grupo que incluye pan y cereales, cuyos precios se expandieron 33% entre abril de 2007 e igual mes de 2008. El segundo grupo en importancia es el de carnes, cecinas y embutidos, que experimentó un incremento de 11%. Lo sigue el grupo frutas y verduras, con un crecimiento de 40% en sus precios, y luego productos lácteos y huevos, con alzas de 28%. El grupo aceites, mantequillas y grasas registró un aumento de 39% en sus precios. En la tabla 7, que muestra el gasto medio de los hogares del Gran Santiago, se muestra la importancia relativa de los distintos componentes del gasto. Se puede observar la incidencia de los alimentos en los gastos de los más pobres, que en la práctica duplica como porcentaje al promedio general de la población. Chile tiene un superávit en su balanza comercial agropecuaria. Eso indicaría que es exportador neto de alimentos. Sin embargo, en la composición de las exportaciones predominan los frutales y productos elaborados como vinos. En cambio, en las importaciones destacan las compras de alimentos básicos o materias primas para alimentos de consumo masivo, tales como trigo, maíz, arroz, carne, leche y aceites. Cabe hacer notar que, aun cuando importe, también exporta leche y carne. La evolución reciente de la disponibilidad aparente para el consumo nacional de estos productos se presenta en las tablas 8 a 12. En la tabla referente a maíz no se incluye la población para un cálculo de la disponibilidad per cápita, pues el maíz se usa preferentemente como insumo para la producción de carnes blancas. Los países del MERCOSUR son los principales proveedores de la mayor parte de los bienes en los que Chile es deficitario. Entre estos países, Argentina ocupa un lugar destacado como abastecedor de cereales y carnes. En el período 2005-2007, el 82% de las importaciones de arroz, el 78% del maíz, el 50% del trigo y el 41% de las adquisiciones de carne bovina fueron de origen argentino. Igualmente, más de la mitad de las importaciones de lácteos tuvieron este origen. Paraguay abasteció el 26% de la carne bovina importada en el período y Uruguay aportó arroz (10%), carne bovina (11%) y lácteos. En las importaciones de granos destaca también como proveedor Estados Unidos, con un 40% del trigo y 17% del maíz. La superficie destinada al cultivo de productos de lo s cuales el país no se autoabastece ha venido declinando, en especial la dedicada a cereales: en 1979 se cultivaban 852.000 hectáreas de cereales, en tanto hoy sólo se siembran cerca de 575.000 mil hectáreas. Los incrementos en rendimientos han compensado, en parte, la caída en la superficie sembrada de cereales. La producción de trigo hoy es mayor que la que se obtenía años atrás, a pesar de que antes se dedicadel grano más que a grandes incrementos en los rendimientos por hectárea. La adopción de mejores prácticas agrícolas ha rendido sus frutos en términos de elevar el producto por persona ocupada. Los ajustes en los procesos productivos cambian la proporción de los factores de producción y la composición de los insumos utilizados. Ello implica establecer nuevos balances para optimizar el uso de los recursos y obtener una mayor rentabilidad. En este proceso se debe considerar los cambios en los precios relativos de productos e insumos. La escalada en los costos de producción, derivada de los aumentos de precios de la energía y los fertilizantes, obliga a los agricultores a efectuar complejos cálculos al momento de decidir su siembra, o actuar con un alto grado de incertidumbre con respecto a los resultados esperados. No sólo los factores productivos como capital y trabajo tienen usos alternativos: también la tierra se puede emplear para diferentes usos. Los cambios en el destino de los suelos manifiestan decisiones de producción que responden a la rentabilidad de los distintos productos generados. Al observar la evolución de la superficie de cultivos anuales, plantaciones forestales y frutales, desde 1990 hasta la fecha, se puede apreciar claramente la caída en cultivos anuales y el crecimiento de la superficie de frutales y forestales. Actualmente los cultivos anuales cubren 713 mil hectáreas, lo que se compara con 1,2 millones de hectáreas en 1979. Los datos preliminares del Censo Nacional Agropecuario y Forestal 2007 corroboran esta tendencia a la sustitución de cultivos por plantaciones. Al comparar los resultados preliminares del VII Censo Nacional Agropecuario y Forestal (2006/07) con las cifras del anterior censo (1996/97), es posible verificar la reducción en la superficie de cultivos anuales y forrajeras permanentes. Estos cultivos habrían perdido 173.898 hectáreas en la última década. La pérdida de superficie se observa principalmente en cereales, leguminosas y tubérculos, plantas forrajeras y cultivos industriales. Como contrapartida, la mayor parte del crecimiento se produce en plantaciones forestales, frutales, viñas y parronales, semilleros y flores. A continuación se muestra un cuadro con información de casos, que permite hacerse una idea de la relación de rentabilidad con los precios y costos actuales. Destaca la importancia que adquieren los costos de fertilizantes dentro del costo directo, lo cual es muy relevante para evaluar con precaución las expectativas que se pueden levantar con la información de los aumentos de los precios. Se ha ido alcanzando un alto grado de consenso en torno a las características y los impactos del alza en los precios de los alimentos. Los análisis y estudios internacionales1 revisados sostienen que: Se trata de un fenómeno mundial. Afecta más fuertemente a los países y a las personas más pobres. Existe un contexto generalizado de aumento en los precios de las materias primas; en especial se observa esta situación en los precios de la energía, el petróleo y los fertilizantes. Los precios de los alimentos suben en menor proporción que esas materias primas. Los precios generales están afectados por la devaluación del dólar en los últimos años. Las declaraciones alarmistas, que han dado al fenómeno la connotación de una crisis alimentaria, afectan las expectativas de los agentes, potenciando la demanda y creando situaciones propicias para la especulación. La producción agrícola responderá al incentivo de los altos precios. En cambio, las posiciones son irreconciliables en el ámbito de la importancia de los biocombustibles, tanto en la génesis del problema como en su probable evolución. Del análisis y antecedentes expuestos se desprende que no existe en la actualidad una crisis alimentaria mundial, al menos con características y consecuencias dramáticas generalizadas como han informado algunos medios de comunicación no especializados en la materia. La coyuntura actual está más marcada por las expectativas de ciertos agentes que por condiciones de escasez, provocadas por caídas en la oferta o abruptos aumentos en la demanda de alimentos. Sí, en contraposición, se verifica un agudo proceso de incremento en los precios de cereales, oleaginosas, lácteos y otros productos de consumo masivo, que afecta más intensamente a la población de menores ingresos en el planeta. Estas alzas inciden sobre los indicadores de inflación, lo que a su vez genera incrementos secundarios en los precios, que inducen a los bancos centrales a adoptar medidas para controlar la inflación. Estas medidas, como subir las tasas de interés, tienden a reducir la demanda y contraen la actividad económica, con el consiguiente menor dinamismo en la inversión y el empleo. Así como las personas ajustan su dieta para adaptarse a los cambios en los precios relativos, las explotaciones agrícolas hacen lo suyo, respondiendo a las señales de los precios. Se espera que el aumento en los precios sea un factor que estimule la producción futura de alimentos. Lo acontecido con los precios internacionales de los alimentos ha logrado más que prolongadas negociaciones multilaterales, creando un ambiente favorable para la conclusión de la Ronda de Doha de liberalización del comercio agrícola. La demanda mundial de productos agrícolas se encuentra afectada por el incremento del consumo en las economías emergentes, por la generación de biocombustibles y por las secuelas de la crisis de las hipotecas, que creó condiciones para una salida masiva de inversiones especulativas hacia el mercado de commodities agrícolas. El crecimiento económico mundial ha producido cambios en la composición de la canasta de consumo de alimentos. Sin embargo, en esta fase y para productos como maíz, trigo o arroz, no se percibe como un factor determinante el aumento de la demanda de países como China e India. En cambio, para el cultivo del maíz sí parece haber tenido influencia la política referida a biocombustibles impulsada por Estados Unidos. En relación con la oferta mundial, se observan situaciones meteorológicas adversas en algunas zonas productoras; se constata una baja en las existencias de los principales exportadores de alimentos, y se verifican aumentos en los costos de los factores que intervienen en la producción agropecuaria, como fertilizantes y productos fitosanitarios agrícolas, petróleo, energía y transporte. Chile ha adoptado una estrategia de de sarrollo basada en la apertura de la economía al comercio internacional. Esta estrategia presenta entre sus ventajas que lo

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