Olivicultura chilena

En diciembre de 2001 se finalizó el estudio "Actualización del diagnóstico del sector olivícola nacional y formulación de estrategias de desarrollo", cuyo principal objetivo era evaluar las expectativas de exportación de aceitunas y aceite de oliva del país. En la reunión de presentación de los resultados y de propuestas de acción realizada el 29 de enero en ProChile, donde asistieron representantes de los sectores público y privado, se acordó constituir en marzo la mesa olivícola para establecer la estrategia a seguir durante 2002 y la difusión de la información recabada. En este artículo se entrega una síntesis de las principales conclusiones y recomendaciones del estudio encargado por el Fondo de Promoción de Exportaciones Agropecuarias de Prochile al Dr. Marco Schwartz de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.La superficie de olivos se estima en 5.300 ha, de las cuales cerca de 60% se destina a la elaboración de aceitunas de mesa, esto es, alrededor de 3.200 ha con una producción caracterizada por añerismo que fluctúa entre 6.000 y 10,000 ton. Existen alrededor de 30 empresas medianas y pequeñas elaboradoras de aceitunas que operan en Arica, Copiapó y Región Metropolitana, que contrastan con un gran número de productores que se localizan preferentemente en los valles de Azapa y Huasco y la comuna de Til Til. El cultivo del olivo en el país es de larga data, pero en el mercado de la aceituna de mesa coexisten dos realidades: Chile exporta productos semielaborados (aceituna verde sal o aceitunas en salmuera, no aptas para el consumo humano, glosa 07112000), que son terminados de procesar en otros países; e importa aceitunas aptas para el consumo inmediato (aceitunas en conserva, glosa 20057000). En el mercado nacional existe demanda por aceitunas con mayor valor agregado, como las rellenas y las amargas naturales, que ingresan de Perú y de España. La oferta total de aceitunas elaboradas se distribuye en supermercados (40%); empresas de alimentos y restaurantes (20%), ferias libres (15%) y exportación (25%). El consumo per cápita en Chile se calcula en el año 2000 en 560 gramos, lo que se compara con 2.850 gramos que se consumen en España. El comercio mundial de aceituna de mesa se incrementa en forma significativa, impulsado por el aumento del consumo debido a la difusión y aceptación de la dieta mediterránea. La oferta chilena aparece como marginal en el contexto internacional, por lo que en su inserción en ese mercado asume el rol de tomadora de precios y oferente de oportunidad, lo cual implica un componente de riesgo o incertidumbre. Las operaciones de exportación están altamente concentradas en términos de empresas ejecutoras: el Consorcio Nacional Olivarero y la Empresa Treguear e Hijos concentran la mayor parte de las exportaciones de aceitunas en salmuera y en conserva. En las exportaciones chilenas participan mayoritariamente las aceitunas en salmuera, que fluctúan entre 400 y 1.900 toneladas, en tanto que las aceitunas en conserva han descendido de 500 a 12 toneladas. Las importaciones del producto en salmuera muestran variaciones y un descenso, de 850 a 150 ton en el reciente trienio, en tanto que las importaciones de aceitunas en conserva suben de 80 a 450 ton en el mismo período. Los principales destinatarios de las aceitunas nacionales son Brasil, Argentina, EE.UU. y algunos países árabes. Las importaciones provienen en su mayor parte de Perú, Argentina, España e Italia. El precio del producto peruano exhibe una notoria disminución, que ha provocado gran preocupación entre los productores nacionales, más aún si se considera que las importaciones de producto en conserva han desplazado a las aceitunas en salmuera de ese origen y la creciente competencia que representa Perú en Brasil, que era el principal mercado del producto nacional. El comportamiento del precio a consumidor en Santiago sugiere la existencia de un ciclo de largo plazo (10 años), en el cual el mercado hoy se encuentra en fase decreciente. En las aceitunas aptas para el consumo inmediato, los agroindustriales nacionales actúan como sustituidores de importaciones dependientes del nivel de precios internacionales. Las acciones de política agrícola orientadas al sector, han apuntado al diseño de normas de calidad (se encuentra en elaboración una norma en el INN, Instituto Nacional de Normalización), y a la promulgación de una ley que cree un Sistema Nacional de Denominación de Origen, que singulariza a las aceitunas de Azapa, o del Huasco, entre otras. También se han establecido instancias de comunicación, análisis y discusión dentro del Programa Nacional Olivícola que coordina FIA, Fundación para la Innovación Agraria. Existen, además, un conjunto de instrumentos disponibles para los agentes del sector, cuyo objetivo es el fomento productivo, la incorporación de innovaciones, principalmente a nivel agrícola, y el fomento a las exportaciones. No obstante lo anterior, el rubro aceitunas de mesa requiere de más cambios para mejorar las condiciones de rentabilidad a nivel del productor y abastecer una demanda nacional e internacional exigente. La opción de producir aceitunas con mayor grado de procesamiento, ofrece mejores perspectivas. Una agroindustria capaz de satisfacer la demanda ha precisado la diversificación productiva: aceitunas en salmuera, las de tipo Sevillana, la negra natural y negra oxidada, las rellenas, sin descartarse la producción de pastas y de aceitunas en rodajas. En el caso de la aceituna Sevillana, es fundamental desarrollar los procedimientos industriales que permitan su producción y oferta en los mercados nacional e internacional (por ejemplo, en Brasil, Venezuela, EE.UU. y algunos países árabes). El desarrollo tecnológico de producción de pasta de aceituna de variados tipos hace posible un negocio reducido pero interesante, especialmente para aquel segmento de la población que busca alimentos coadyuvantes de su salud. Las rodajas de aceituna pueden constituir un atractivo negocio orientado hacia la industria de la pizza. El aprovechamiento de economías de escala detectadas en este negocio podría permitir a los empresarios del rubro llegar a costos competitivos. El esfuerzo empresarial debería concentrarse en la producción de tipos diferenciados de aceitunas procesadas de alta calidad. La integración del negocio de producción y procesamiento con la fase de comercialización hasta nivel de consumidores, determinaría una posibilidad real de captura de un mayor poder dentro de la cadena de valor, así como de acceso a niveles superiores de precios. Para un inversionista que se incorpora a la producción de aceituna verde sal y/o de consumo inmediato, este negocio es inviable, debido a los actuales niveles (2000 y 2001) de precios en el mercado nacional. El uso de inversiones ya realizadas, tanto en el huerto como en infraestructura industrial, puede permitir que los negocios en marcha se sostengan, sobre la base de una rentabilidad marginal, de tal manera que, si tales explotaciones se amplían en terrenos ya adquiridos o de limitado valor económico, el negocio puede ser rentable, considerando un mayor volumen de producción. El consumo mundial de productos derivados de la oliva o aceituna, en particular el aceite de oliva, muestra un crecimiento sostenido, fundamentado en la valoración que el consumidor hace de sus atributos favorables sobre la salud. En el mundo existen alrededor de 8,2 millones de hectáreas de olivos, concentrándose el 90% de esta superficie en la cuenca del Mediterráneo. De la producción olivícola, a su vez, el 90% se destina a la obtención de aceite de oliva. En general, a nivel mundial, la olivicultura se realiza en condiciones de baja tecnificación. La región mediterránea es la principal productora y consumidora de aceite de oliva: España, Italia y Grecia son los mayores proveedores del mercado mundial, produciendo en conjunto cerca de 1,6 millones de ton, de un total mundial de 2,1 millones de ton de aceite de oliva. Entre los aceites vegetales, el de oliva representa sólo 3% del volumen mundial producido, pero en términos comerciales su importancia es mayor, con valores que van de 10% a 12% del valor global de los aceites. La demanda mundial ha mostrado en los últimos años una tendencia creciente. El consumo se concentra en la Unión Europea, pero también está aumentando con fuerza en EE.UU., Brasil, Japón, países del Sudeste Asiático y norte de Europa. Lo anterior ha motivado el desarrollo del cultivo del olivo como una alternativa agrícola e industrial de interés, tal como ha ocurrido en Perú, más orientado a las aceitunas, y en la Argentina. En Chile, la superficie de olivos de variedades aceiteras ha crecido notoriamente y se estima que en la actualidad supera las dos mil hectáreas. La producción de aceite fluctúa en torno a 600 ton, proyectándose para fines del próximo quinquenio en 6.000 ton. Desde el punto de vista agroindustrial, el país posee plantas productoras muy antiguas que aplican tecnología obsoleta. Pero dentro de la expansión del cultivo de los últimos años se constatan inversiones industriales modernas: Terra Mater, Valle Grande, Sociedad Agroindustrial Valle del Huasco, Agroindustrial Valle Arriba, Agrícola Oasis, Soproal, entre otras. Es importante señalar que cualquier proyecto olivícola que se inicie en el país debe considerar la incorporación de una almazara (prensa) moderna, que permita la extracción eficiente del producto. La norma chilena relativa a los requisitos para el aceite de oliva (NCh 107. Of 2001) clasifica los aceites de oliva en los siguientes tipos: extra virgen, virgen, refinado y común, los cuales a su vez se clasifican de acuerdo a su calidad en cuatro grados, siendo el de mejor categoría el grado 1. El consumo nacional alcanza aproximadamente a 2.000 ton, estimándose que crece a una tasa de 5% anual. En la actualidad Chile es importador neto de aceite de oliva, en consecuencia, los productores nacionales actúan como sustituidores de importaciones y dependen del nivel de precios internacionales. Hacia fines del próximo quinquenio se calcula que se generarán excedentes de la producción nacional, los que deberán ser exportados para mantener el negocio. Los precios a consumidor tienen relación con la calidad del producto, su envase y origen. En los tipos de aceite extra virgen y virgen es frecuente un precio entre $6.000 y $5.000 por litro. Compiten las marcas importadas (Carbonell, Mazola, Hellenic e Ybarra), con marcas nacionales: Chef y Huasco. Los principales países abastecedores son España, Argentina e Italia, tanto de los aceites extra virgen y virgen como de aceite refinado. En 2000 se importaron 864 ton de aceite virgen y 596 ton de aceite refinado. Las exportaciones de aceite de oliva virgen de Chile se aproximaron a dos toneladas en el año 2000, siendo las empresas exportadoras San José y Terra Mater. Mercados potenciales para Chile, si se alcanza un nivel tal en términos de volumen y de diferenciación de producto que le permita acceder a ellos, pueden ser los países que están importando volúmenes crecientes de estos aceites: Brasil, Corea del Sur, Japón, Canadá, EE.UU., México y Francia. Desde el punto de vista de los costos, en este negocio se descarta, por inviable, la exclusiva producción primaria agrícola de aceitunas para aceite. Las alternativas viables son la producción industrial relacionada con sus proveedores de materia prima, a través de contratos con precios y abastecimiento estables, y la producción integrada verticalmente hacia atrás. La integración hacia adelante del negocio, que incluya la fase de comercialización hasta el consumidor final, aumenta el poder de negociación frente a los clientes y permite acceder a precios superiores de sostenimiento de la empresa. La economía de escala detectada permitiría a los empresarios aceiteros llegar a costos unitarios competitivos. El esfuerzo empresarial debería concentrarse en la producción de tipos diferenciados de aceites de oliva exportables de alta calidad, los cuales puedan acceder a precios ex-fábrica del orden de US$ 4/litro, como mínimo. En el país existe una incipiente preocupación por el tratamiento de residuos, tema muy sensible frente a la eventualidad de futuros acuerdos comerciales internacionales. Este atributo de carácter ambiental será exigible bajo este contexto. Por otra parte, se observa desinformación por parte de los agentes sectoriales en relación a los instrumentos fiscales disponibles destinados al fomento productivo, innovación tecnológica, capacitación de recursos humanos e inteligencia de mercados. La orientación de fondos concursables para financiar proyectos de innovación ha enfatizado el componente agronómico del sistema; en consecuencia, no se han cubierto las necesidades de innovación en la industria y, en particular, en aquellos procesos industriales limpios y que generen productos de óptima calidad. 3. Propuestas de acción para fortalecer la capacidad exportadora Los elementos de diagnóstico, de nichos de mercado y de rentabilidad, sugieren las siguientes líneas de acción para fomentar y desarrollar el proceso exportador: a) Disminución de costos: procurar que los costos de toda la cadena sean los menores posibles, aprovechando las economías de escala; b) diferenciación de producto: permite orientar las exportaciones a nichos de mercados específicos y posibilita a las empresas la adopción de una política de precios y c) alta segmentación: permite identificar en forma más precisa nichos de mercado, orientando los instrumentos de fomento. En base a las conclusiones señaladas se plantea el siguiente marco de recomendaciones: Constitución de una mesa nacional permanente (cluster) olivícola público-privada, orientada al desarrollo de la competitividad del sector olivícola nacional, en estrecha coordinación con organizaciones de aquellas regiones más relacionados con el olivo. Entre las tareas de la mesa destacan: contar con un catastro actualizado de producción nacional y capacidad instalada industrial, con aporte de información de privados; lograr la organización de agricultores (Asociación de olivicultores); impulsar la concentración de la información; coordinar las entidades estatales en comités, evitando duplicaciones; informar respecto de las expectativas del mercado; aunar voluntades políticas; integrar continua y permanentemente a los pequeños agricultores al agronegocio; entregar señales correctas por parte del Estado, respecto a expectativas del mercado. Profundización del desarrollo de inteligencia de mercado: disponer de un boletín o página web olivícola que informe sobre el comportamiento de los mercados (producción, comercio, políticas, legislación), y sobre la actividad en el país. La perspectiva de que Chile se consolide como un exportador reconocido a nivel internacional, implica que debe (auto)exigirse la máxima calidad en los procesos productivos agrícolas e industriales.En función de las características del mercado meta, se deberán utilizar todas las opciones posibles de diferenciación de producto: la denominación de origen, para las que tienen marcas específicas; la etiqueta varietal y marcas propias de la envasadora, diferenciadas según calidades o según mercados a los que van dirigidas. Aprovechar asociaciones a redes de distribución, marcas blancas, y luego avanzar hacia marcas específicas, segmentando mercados y aprovechando "ventanas" comerciales.Para identificar y diferenciar un producto, aparte de sus características inherentes de materia prima y de proceso de extracción utilizado, se debe acompañar su identificación mediante etiquetas atractivas, marcas y un envase que facilite la identificación por parte del consumidor, proteja, conserve y tenga características funcionales. Asociación con empresas extranjeras o joint-ventures: es favorable estimular el ingreso a Chile de compañías importantes internacionales envasadoras, distribuidoras y comercializadoras de marcas prestigiadas, posicionadas en los mercados (proyectos de inversión con empresas aceiteras españolas, programa Todo Chile de Corfo, impulsado en la IV Región). Esto permitirá utilizar sus canales de distribución, al menos con marcas blancas y, por otro lado, crear demanda interna de materia prima, contribuyendo a mejorar los precios y tecnología. Desarrollo de contratos de mediano plazo entre productores y procesadores: este instrumento permite la integración vertical entre las empresas y los agricultores, confiriendo mayor estabilidad al proceso de compraventa y menor riesgo a las operaciones comerciales. Aplicación de conceptos e instrumentos para incrementar la calidad de los productos olivícolas: promoción de las buenas prácticas agrícolas; puesta en marcha de sistemas HACCP, ISO 9000, ISO 14.000; producción integrada y orgánica. Desarrollo de la demanda interna: una campaña nacional para el consumo de productos olivícolas, con financiamiento de asociaciones gremiales y de los Ministerios de Salud y Educación, es parte de la estrategia global del desarrollo exportador, por cuanto permite a las empresas diseñar políticas de distribución de productos, segmentación de mercados, manejo de excedentes o déficit, maximizando la rentabilidad del negocio. Capacitación: captura de experiencias locales a nivel nacional; formación de recursos humanos calificados en la especialidad olivícola, tanto a nivel técnico como profesional; mejoramiento de la capacidad empresarial y de gestión; acceso a cursos de comercio exterior; uso de instrumentos de fomento productivos y de innovación del Estado (franquicia SENCE). Financiamiento: se recomienda evaluar la aplicación de nuevos instrumentos que permitan dar mayor flexibilidad a la gestión financiera de las empresas. Entre éstos se pueden mencionar security, factoring, leasing, etc. Instrumentos de apoyo productivo y de gestión: mayor difusión de la existencia y aplicabilidad de los instrumentos de que dispone el Estado (CORFO, FIA, ProChile, etc). Tecnología: orientar los instrumentos de financiamiento de proyectos del área tecnológica al desarrollo de temas relevantes al sector, como la trazabilidad, optimización de procesos productivos industriales, producción de transgénicos olivícolas. Canales de comercialización (agricultor - agroindustria - corredores - refinadores - envasadores - mayoristas - minoristas): insistir en acortarlos para capturar una mayor participación del precio final. Para ello debe fomentarse la integración progresiva que existe entre la empresa transformadora y la fase de comercialización. Desarrollo de la capacidad negociadora frente a agentes nacionales e internacionales, vía asociatividad de los integrantes de la industria olivícola con el apoyo de ProChile; establecer una agenda de negocios, sobre la base de reevaluación de proyectos, e instaurar mesas de negocios y contactos con demandantes foráneos. Participación en concursos internacionales: forma parte de las estrategias para la internacionalización del aceite de oliva extra virgen chileno, haciendo un símil con el vino chileno. Al respecto, aprovechar las redes de distribución del vino para iniciar las ventas a los mercados de Reino Unido, Alemania, EE.UU. y Canadá. Integración de Chile al COI (Consejo Oleícola Internacional): es necesaria para la proyección internacional de Chile como oferente, ya que permite generar contactos y redes de cooperación tecnológica y comercial que contribuyan a esta estrategia global. Certificación: se considera necesario incentivar la certificación de las condiciones comerciales y sanitarias de los productos olivícolas: verificación de veracidad de etiquetas y control de estándares de calidad para mercancías nacionales e importadas. En el país existen instituciones especializadas y autorizadas que podrían testificar las normativas necesarias para el aceite de oliva y la aceituna de mesa, de acuerdo con los estándares internacionales o las normas nacionales (INN). Esto respaldaría el esfuerzo del sector privado para el mejoramiento de la calidad de los productos olivícolas nacionales, evitaría la internación de mercaderías de calidad heterogénea, las cuales distorsionan la imagen del producto en el mercado interno y prestigiaría a la oferta nacional.

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